"Presidente se comprometió a dejar firmada la paz este año": hijo de diputado asesinado

Octubre 24, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Olga Lucía Criollo | Reportera de El País

Jhon Jairo Hoyos, quien llega este lunes a Bogotá tras 15 días de caminata desde Cali, espera que ‘Timochenko’ acuda a la cumbre de víctimas.

Con los pies destrozados, pero lleno de ilusiones. Así llegará este lunes a Bogotá Jhon Jairo Hoyos, hijo de uno de los diputados del Valle asesinados por las Farc,  tras quince días  de caminata desde Cali, de donde salió “con el corazón en la mano” por su propósito de lograr que se concrete pronto la paz para Colombia.

   Con esa esperanza marchó, ayudó a coordinar la concentración nacional de víctimas que se realizará este jueves en la capital del país, e hizo un alto en su andar para reunirse con el presidente Juan Manuel Santos, quien, según Hoyos, “se comprometió a dejar firmada la paz este año”.

¿Su encuentro con los jefes de las Farc en Cuba cambió su actitud frente a la búsqueda de la paz?

Yo había acumulado durante catorce años mucha ira, dolor y  deseo de venganza. En los noticieros  esperaba ver la noticia de que habían dado de baja a ‘El Grillo’, el hombre que dio la orden de asesinar a mi padre. Y ese encuentro con  los comandantes guerrilleros sirvió para expresarles toda esa rabia y hacerles saber el enorme daño que nos habían causado a nosotros y a tantas familias en el país. Allí los familiares llegamos al consenso de que debíamos dar ejemplo, un testimonio al país de perdón para que contribuyera  a algo más importante, que es la paz en este país y a que no vuelva a haber más víctimas ni familias que sufran como nosotros. Ese día tomé la decisión de asumir el perdón como una   manera de entender mi existencia y por eso fui a la firma de la paz en Cartagena y participé del movimiento que apoyaba el Sí a la paz.

Pero vino el fracaso del plebiscito...

Ese domingo, cuando fue rechazado el acuerdo, me dio mucho dolor. El lunes estaba derrotado, deprimido; pero el martes, cuando veo a jóvenes de Bogotá salir a la Plaza de Bolívar y mostrar ese gran corazón, dije: ‘Tengo que hacer algo; ese ejemplo  hay que seguirlo’, y llamé a Sigifredo (López), a Fabiola (Perdomo), Ángela Giraldo y a todos los familiares de los diputados y les pedí permiso  para convocar una marcha en Cali. Me comuniqué con sectores sociales, con Daniel Téllez, que lidera un grupo de jóvenes que ya había organizado marchas en la ciudad y convocamos a la marcha del Sí+No. Salimos con mucha alegría, pero entendimos que esto no  iba a ser un esfuerzo de un solo día, sino que tenía que ser continuado.

¿De ahí surge la idea de caminar hasta la capital del país?

Nos  dimos a la tarea de convocar un gran encuentro nacional de víctimas que permitiera convocar a Bogotá, a víctimas de todo el país y sirviera de marco para que el Gobierno Nacional presentara sus avances sobre  un acuerdo definitivo y entonces  tomé la decisión, con un grupo de 20 caminantes, de  marchar hasta Bogotá e ir promoviendo en cada ciudad un mensaje de reconciliación entre los colombianos, porque es un llamado a que primero nos reconciliemos como sociedad, que dejemos el discurso que divide y asumamos el del perdón y el de la resolución del conflicto mediante el diálogo. Ese es el aporte que puedo hacer como víctima, pero no es solo un esfuerzo mío, son más de 35 caminantes de distintas ciudades.  Creo que he honrado en momento definitivo de nuestra Nación la memoria de mi padre y espero que él desde el cielo se sienta complacido con este esfuerzo que hemos hecho.

¿A nivel físico, qué ha sido lo más difícil de estas jornadas?

Hay que aprender a convivir con el dolor. Con los días empiezas a sentir dolor permanente en los pies.  Pero a pesar de ese dolor tienes que levantarte, vendarte (yo con gasa y esparadrapo), ponerte los tenis y salir a marchar los próximos 30 kilómetros. Eso forma parte del día: Se hinchan los tobillos, yo tengo tendinitis y entonces el dolor es constante, pero les pasa a todos. Uno camina y sabe que todos van con dolor, entonces se llena de ese orgullo de ver cómo asumen su dolor y siguen dando pasos. Hubo días que tomamos compromisos de distancia muy largos, doce horas, y llegábamos ocho o nueve de la noche, cuando es  más tenebroso porque las carreteras en algunos lugares son muy estrechas y el peligro es mayor.

¿Quiénes son los que lo acompañan en esta cruzada por la paz?

Esto se inició con personas que uno conoce y dicen ‘yo quiero caminar por la paz’. Algunas son víctimas, otras líderes juveniles que se conocieron en la marcha y hay personas que se han unido en los municipios. Nos salió  una niña caminante en Buga que es extraordinaria y ha sido quien nos forra los pies, porque por la falta de experiencia ni siquiera trajimos quién  nos hiciera ese cuidado, solo salimos con el corazón en la mano y con las ganas.  En Andalucía estuvimos  con el coordinador  de la Mesa de Víctimas, cuyo hijo está desaparecido; en Tuluá con  un joven que  no conoce a sus padres, pero  sabe que son de Bogotá y quiere pedir allá que le ayuden a encontrarlos. Tenemos a un soldado retirado que quiere que el Gobierno tenga  en cuenta a los reservistas  porque siente que ellos han sido dejados por fuera.

¿Y cómo fue que  profesor Moncayo se unió a su iniciativa?

El día que estábamos en Armenia, por la noche dije: ‘Dios, concédenos un milagro’. Estábamos agotados y a veces se baja el ánimo, se derrumba. Y a las cinco de la tarde vi una llamada perdida, la devolví  y era él diciendo que estaba en Ibagué y que nos esperaba allí para acompañarnos. Cuando llegamos les conté cómo, para mí, ese milagro se había hecho realidad en la presencia de él, que sirvió inmediatamente como una inyección de ánimo para todo el equipo. Al otro día todo el mundo marchaba con una alegría impresionante. Él  es un hombre extraordinariamente sencillo, nos echa agua en la caminata, nos hace reír, nos  cuenta historias  de sus múltiples caminatas, de todo lo que él enfrentó cuando salió con su hija, absolutamente solo, a la que se convirtió en una caminata de muchos años.

¿Qué les responde a quienes dicen que las marchas  no sirven para nada?

 Una marcha no cambia nada, mil marchas cambian todo. Por eso tiene que ser un esfuerzo constante, permanente, que la gente vea que se hace con sana intención y que su única finalidad es concretar la paz. Tiene que ser un movimiento que llame a la reconciliación  porque en Colombia la cultura de  resolver los conflictos por la fuerza se ha ido imponiendo.

¿Y qué les dice a las víctimas que no están de acuerdo con lo que se pactó con las Farc?

Si algo hemos entendido es que unos y otros quieren la paz, entonces hay que buscar puntos de unión para iniciar. Lo otro es que todos están de acuerdo en que no quieren más víctimas en este país y eso es esencial, porque cuando se pierde un ser querido, el costo de la guerra se hace invaluable. Lo otro, es que todos quieren que haya un acuerdo definitivo, queda pendiente es cómo nos ponemos de acuerdo en las diferentes visiones, es allí donde hemos llamado a la cordura, a la grandeza, a la generosidad, porque no podrá haber consenso si las partes no ceden. Lo primero que hay que eliminar son los inamovibles, entender que en las negociaciones se trata de ceder un poco para poder llegar a un punto intermedio.

¿Pero cómo llegar a eso?

Les hemos hecho el llamado a las Farc, a ‘Timochenko’, para que asista  al encuentro de víctimas y pidan perdón, que le demuestren al pueblo colombiano, con el corazón en la mano, que hay un verdadero deseo de paz, para que ese pueblo sea generoso y para que las víctimas que sienten su dolor y no han podido pasar por ese proceso de perdón que nosotros pasamos puedan sentirlo y avanzar en esa reconciliación. Es que no es fácil que a asesinen a tu papá, y mirar al asesino, darle la mano y  un abrazo, eso es un proceso doloroso,  yo lo entiendo,  lo he pasado y creo que las víctimas necesitan esos espacios. Llamamos a todos los que no han avanzando en esa comprensión para que cedan un poco para que el futuro de este país, que  hoy está en incertidumbre, pueda encontrar el terreno de la certeza, a través de la paz.

¿Pero es consciente de que garantizar el desplazamiento de ‘Timochenko’ a Colombia en estas circunstancias es  complicado?

Yo comprendo las dificultades, pero les hemos dirigido una carta a Humberto de La Calle  y a  los negociadores para que con el Comisionado de Paz generen las condiciones posibles para la presencia de él en el evento y creo que, al no asistir, las Farc se pierden  una gran oportunidad de  avanzar en escenarios de reconciliación que el pueblo colombiano en su sentir está reclamando. Creo que parte del rechazo a las Farc tiene que ver con que al pueblo colombiano le hace falta ver más actos de humildad y de capacidad de pedir perdón por parte de la alta comandancia de las Farc.

La  semana pasada usted hizo un alto en su marcha para reunirse con el Presidente junto a otras víctimas, ¿qué le dijo?

Varios compromisos: que las víctimas serán el centro de este proceso de paz, eso significa garantía de verdad para quienes tienen dudas sobre la situación en la que murieron sus seres queridos o fueron reclutados  o desaparecidos, si están vivos o muertos,  encuentren verdad. Lo segundo que hablamos con él fue la necesidad  de que el país garantice la reparación real de las víctimas con oportunidades en educación, emprendimiento, vivienda y regreso a sus tierras. Y lo tercero fue que el Presidente nos dijera que él va a firmar la paz este año. Las víctimas consideramos que no se puede  retroceder, que lo avanzado es demasiado grande, que lo que falta es poco y que tenemos que sacar  este proceso de la incertidumbre en el plazo cortísimo, y  en ese sentido el Presidente se comprometió  a dejar firmada la paz este año.

En Bogotá Este lunes caminará desde las 8:00 a.m. para terminar a las 5:00 p.m.  en la Plaza de Bolívar. “Allí vamos a tener un acto bonito con los campamentos por la paz”. Mañana  se hará una marcha al cerro de  Monserrate  para “ofrecerle al Dios el agradecimiento por habernos bendecido con salud, seguridad y tranquilidad durante la marcha”. Hoy o mañana habría  un encuentro con el expresidente Álvaro Uribe  para pedirle a que contribuya a los consensos que permitan que el proceso de paz avance.
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