"Pensamos que lo más duro habían sido los cinco años de La Habana": 'Iván Márquez'

Junio 04, 2017 - 07:40 a.m. Por:
Olga Lucía Criollo / Reportera de El País
Iván Márquez

Alias Iván Márquez, líder del secretariado de las Farc.

Colprensa

Luciano Marín Arango nació en Caquetá hace 62 años. Estudió derecho en la Unión Soviética y fue representante a la Cámara en nombre de la Unión Patriótica. Tras el exterminio de los integrantes de ese partido, ingresó al Bloque Sur de las Farc y se convirtió en Iván Márquez, “jefe de la Delegación de Paz de las FARC-EP”.

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Y con este último nombre es con el que figura entre los protagonistas de la política nacional peor calificados, según recientes encuestas. Sin embargo, esas mismas mediciones indican que los colombianos le reconocen el haber conducido a la guerrilla más antigua de América Latina a la firma de la reconciliación.

Tras haberse cumplido el que sería el último aniversario de las Farc como grupo armado y haber superado la mayor crisis en la implementación de los acuerdos de paz sellados hace seis meses con el Gobierno, El País habló con quien muchos consideran la voz más fuerte de la guerrilla.

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La celebración del aniversario 53 estuvo enmarcada por la incertidumbre, ¿ya están más tranquilos?

Pues sí, hemos entrado en una etapa de más sosiego, pero al mismo tiempo de alerta, para que el texto de los decretos corresponda exactamente a lo que se convino y para mirar si los compromisos de la contraparte se aplican, porque hasta ahora todo el énfasis se coloca en los compromisos de la guerrilla: el momento de la dejación, pero no se refieren a lo que debe hacer el Gobierno.

¿Cuál fue el punto más difícil de conciliar esta vez con el Gobierno?

Obviamente la recalendarización. En El Salvador se dieron cinco recalendarizaciones, luego eso es normal en los procesos. Aquí se ha dado una sola recalendarización y, aun así, el de Colombia es el proceso de paz más rápido de los habidos en los últimos años en el mundo.

¿Entonces será que el 1 de agosto, cuando se venza el nuevo plazo para la dejación de armas, habrá otro revuelo y otra recalendarización?

Pues no sé. La verdad es que nosotros no somos partidarios de establecer fechas que al final pueden arrojar situaciones como esa. Creo que para que no hayan sobresaltos ni motivos de diferencias, lo mejor es que las partes cumplan lo que se comprometieron a hacer.

Le digo una cosa: si en cinco días, en diez días, hay cumplimiento de la contraparte, pues en cinco o en diez días estaríamos dando el paso del depósito de las armas en los contenedores de la ONU en los campamentos, salvo el caso de los compañeros que se van a dedicar a la seguridad de los campamentos y de los contenedores, que es muy importante, porque siempre hay riesgos, amenazas, grupos paramilitares que merodean estas áreas. Entre más rápido cumpla la contraparte, igualmente nosotros avanzaremos hacia el momento culminante de la dejación.

¿Y cuál de todas las tareas con las que se comprometió el Gobierno es la más prioritaria para ustedes?

Todo. Por ejemplo, definir la suerte de la amnistía, de la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, sobre todo cuando está siendo considerada por la Corte Constitucional, que ha emitido unas providencias que cualquiera diría que afectan el buen curso del proceso de paz, como fue la suspensión de la posibilidad de que 1200 amnistiados pudieran ejercer funciones de seguridad y protección.

Si estos guerrilleros han hecho dejación de armas y han sido reincorporados a la vida política y legal, es de suponer que no tienen ningún impedimento, pero la Corte ha actuado con otros razonamientos, que no se entienden.

Lo otro es el ataque que ha hecho directamente al corazón del ‘fast track’, que es la aprobación en bloque, una afectación muy grave a la buena marcha del proceso de paz. Si estos temas no tienen ningún percance en manos de Corte, las dos primeras, y del Congreso, la última, creo que estamos superando los temas esenciales de la paz de Colombia.

¿Quién se va encargar de la seguridad de los guerrilleros que están en las zonas veredales cuando estas se conviertan en territorios de reincorporación, si se retira la ONU?

No se va a retirar. Hay una primera Misión que en este momento cumple funciones de verificación de cese del fuego y dejación de armas, pero viene una segunda que se ocupará de la verificación de la seguridad personal y física no solo de los guerrilleros sino de las comunidades rurales, que están muy amenazadas por agentes que son enemigos de la paz, y también verificará la reincorporación política, económica y social. Vamos a acordar los términos con el Gobierno para dirigir una carta al Secretario General de la ONU y al Consejo de Seguridad, pidiéndoles que esta primera Misión, que puede terminar el 1 de septiembre, tome algunas tareas de la segunda para que se vaya haciendo el empalme.

¿Quedaron satisfechos con lo acordado el pasado fin de semana en cuanto a seguridad jurídica, tras el fallo de la Corte?

Lo mejor es que no hayan estos impasses de choque de trenes, de desacuerdo entre las ramas del poder. Tiene que haber una colaboración armónica de poderes, como dice la Constitución. Nosotros entendimos que cuando negociábamos en La Habana con el Gobierno, lo estábamos haciendo con el Estado, por eso es difícil entender que ahora se quiera renegociar el acuerdo y que todo mundo quiera meterle la mano, hasta la Fiscalía.

Tenemos que ser serios. Pero le señalo dos hechos que son significativos por el blindaje que le dan: El Acuerdo fue depositado ante el Consejo de la Federación Suiza en Verna, y el Gobierno hizo, ante el Secretario General de la ONU, una declaración unilateral de Estado donde se compromete a cumplir lo acordado entre las Farc y la Actual administración, y el Consejo la adjuntó a la Resolución del 25 de enero del 2016. Además, este Acuerdo fue institucionalizado con una norma que dice que los sucesivos gobiernos no podrán modificarlo.

O sea que no podrán volverlo trizas, como dijo el exministro Londoño…

Ojalá. No queremos que lo vuelvan trizas, porque si no, es el fracaso de la paz en Colombia. Por ahí resulta mucha gente, muy inteligente, que dice ‘agreguémosle esto’ y cambia el sentido de lo que hemos construido con tanto esfuerzo.

Más de cinco años trabajando en La Habana, y estamos ahora en manos de situaciones impredecibles. En todas las ramas del Poder Público hay gente muy del lado de la paz, a las cuales exhortamos a que continúen en esa actitud, porque ellos están cumpliendo un mandato de la Constitución que dice que la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento.

Por favor, que en las demás ramas del Poder Público se tenga en cuenta que la paz es asunto de manejo exclusivo del Presidente, según facultades de la propia Constitución; dejemos que sea él quien conduzca este proceso y evitemos que todo el mundo le meta la mano para que no nos lo vamos a ‘parrandiar’.

¿Entonces teme que con las nuevas facultades del ‘fast track’, los acuerdos se enreden en el Congreso?

El Congreso ha hecho una labor extraordinaria aprobando por ‘fast track’ muchas de las normas que son fundamentales, como la amnistía y la JEP, y ante la situación que ha generado la Corte, han tomado la decisión de votar en bloque de todas maneras, así que vemos que hay unas mayorías dispuestas a jugársela por la paz.

Ellos, los congresistas, van a jugar un papel muy importante próximamente, cuando se desplacen a las 26 zonas y puntos veredales a explicarle a la guerrillerada qué fue lo que pasó y cuál es el papel que juega el Congreso para la aprobación de las normas que recogen contenidos del Acuerdo de La Habana.

Entonces, veo con seguridad lo que está haciendo el Congreso, pero hay un factor en el horizonte cercano, que es el de las elecciones, y ojalá no contribuya a dañar esa cohesión que es tan importante para la paz de Colombia.

Porque desde el Uribismo se asegura que para la próxima legislatura ‘la aplanadora’ del Gobierno ya no contará con los conservadores ni con Cambio Radical...

Confiamos en las decisiones sabias de los congresistas para sacar mediante ‘fast track’ lo esencial, pero lo más importante es la presión de la gente, de las organizaciones sociales y políticas, porque aquí tenemos que movilizarnos, exigir, reclamar, porque es muy importante que se plasme en un papel una norma, pero esa norma se puede quedar como letra muerta, como ocurre con muchos derechos aquí en Colombia.

Según el comunicado conjunto, también se acordó amnistiar a todos los guerrilleros que no están en la cárcel, ¿por qué?

Simplemente es cumplir el Acuerdo. Todos los guerrilleros en las cárceles debieron haber salido ya, pero han salido como unos 300 de casi 3000. Hay una lentitud desesperante en la toma de las decisiones, hasta el punto que podemos decir con toda certeza que se está dando una inaplicación de la Ley de Amnistía.

Si se promulgó es para aplicarla de una vez, pero algunos jueces de ejecución de penas no han querido acatar ni siquiera los decretos complementarios del Presidente, el más reciente el Habeas Corpus, y ha sido todo un viacrucis poder colocar a la gente en libertad.

Sabemos de los esfuerzos del Gobierno y del Consejo Superior de la Judicatura para que esto se cumpla, pero hace falta más pedagogía en esos sectores para que se comprenda que en La Habana se aprobó una amnistía y qué eso significa que salen todos de las cárceles y que quienes luego sean requeridos por los magistrados, por los tribunales de la JEP, tendrán que concurrir a aportar verdad y, si su conducta da para sanciones restauradoras, pues tienen que someterse a ellas.

¿Qué ha sido lo más difícil en estos seis meses de implementación?

Todo. Nosotros pensamos que ya había pasado lo peor, que lo más duro habían sido los cinco años de La Habana y que la implementación iba a ser fácil, porque se trata es de ver cómo hacemos para cumplir aquello que se aprobó en tierras, en participación política, en sustitución, en víctimas, en el fin del conflicto, pero empiezan a aparecer leguleyos que se pegan a la norma para entrabar las soluciones.

No tienen sentido común y la paz es un asunto de sentido común, hay que luchar por ella y para lograrla debemos prepararnos para hacer sacrificios enormes, personales.

Hemos explicado que la paz es el pico Everest de todos los derechos, por eso estamos haciendo lo que nos dicta la conciencia, la ética, el sentimiento de humanidad, que es lograr la paz para ver cómo logramos la materialización de muchos derechos a los cuales un gran número de personas en Colombia no han tenido todavía posibilidad de acceso.

Durante la celebración del aniversario 53 se vio mucha gente en las zonas veredales, ¿sienten que las Farc están ganando más adeptos?

Nosotros siempre hemos contado con el respaldo de la población, sino no hubiésemos podido resistir 53 años de lucha, pero sí vemos que ha aumentado el fervor popular, hay expectativa. Estos años de alzamiento armado no fueron en vano y no serán inútiles, porque allí tenemos una fuerza poderosa, la fuerza del cambio, que es la que queremos entregar directamente en las manos del pueblo para que busquemos la manera de lograr los cambios que este país está clamando a gritos desde hace décadas. Como dijimos en el aniversario, está en marcha ya el tren que nos conducirá a la estación de la paz y nadie se puede quedar de ese tren, todos tenemos que montarnos en él para que podamos tener una patria distinta.

Pero en las redes sociales los siguen insultando mucho, ¿qué siente cuando ve ese rechazo?

No me fijo en eso, pero sospecho que todo es articulado; deben haber personas dedicadas a eso, que hacen dar la impresión de que es generalizado. Nosotros hemos estado en una lucha de muchos años, en la que se han producido muchas afectaciones, se ha producido dolor.

Ahora, de manera humilde, franca, sincera, nos hemos aproximado a los sectores comunitarios en los que sin querer hemos causado daño y hemos ido a ofrecer nuestra verdad y a asumir responsabilidades. ¿Qué nos han dicho?: ‘Creemos en la sinceridad de sus palabras, perdonamos’. En eso consiste la reconciliación, lo hemos hecho en varios lugares del país y tenemos un cronograma para seguir haciéndolo, porque, como bien lo dice Zaffaroni, la reconciliación requiere de verdad para sanar las heridas; si esto no ocurre, las heridas se infectan. Creo que tenemos que atrevernos a dar este paso.

Ojalá el Gobierno lo diera sin necesidad de la presión de un ente internacional. Le hemos propuesto, sin éxito, desde hace más de dos años, que convoquemos un día de contrición nacional en el que, a una misma hora, todos los colombianos, y esencialmente los involucrados en el conflicto, hablemos, ofrezcamos verdad, nos comprometamos con el nunca más. Un acto como ese generaría el ambiente propicio para que la paz venga a Colombia y se quede definitivamente.

Hay mucha expectativa sobre cómo será la participación política de las Farc y quiénes la harían...

Hasta nosotros tenemos expectativas muy grandes entorno a cómo hacer eso. Estamos en los preparativos del congreso constitutivo del partido político Farc, estudiando en las zonas y puntos transitorios las tesis políticas; vamos a empezar a estudiar las banderas programáticas, que aspiramos recojan los sentimientos, aspiraciones y anhelos de la gente.

Estamos hablando de estatutos y de gobierno de transición y dando los primeras pasos para convertirnos en partido político legal, lo cual debe ocurrir en agosto, si las cosas van bien y si este curso de dejación de armas no encuentra en su camino obstáculos.

Nosotros queremos que sea lo más pronto posible, porque la paz de Colombia en forma consolidada no puede demorarse tanto. Sí queremos que ojalá en marzo estemos proclamando al mundo que las Farc han dado el paso de guerrilla a partido político legal. A nosotros nos invitaron durante mucho tiempo a cambiar las balas por los votos, hemos aceptado el reto y ahora hay algunos que no quieren, eso no hay quién lo entienda.

Tenemos que alejar las armas de la lucha política electoral y queremos que el Estado también las aleje, que no se vuelvan a involucrar más sus armas en el exterminio de alternativas políticas opositoras, como ocurrió en el pasado con la Unión Patriótica y otras organizaciones que, esas sí, fueron hechas trizas y aniquiladas.

¿Pero qué significa para usted, quien ya ocupó un escaño en la Cámara de Representantes, que su nombre empiece a registrar en las encuestas que se hacen para Congreso o Presidencia?

¿Es cierto? Yo no he visto nada… Vamos a ver qué dice el congreso constitutivo. Por ahora no estamos pensando en eso. Aquí lo que nos interesa es que las cosas marchen tal como lo convinimos, que no nos vayan a ‘trampiar’. Esa es nuestra preocupación. Nosotros tenemos una responsabilidad muy grande frente a la tropa guerrillera que nos colocó en esta misión y queremos que la reincorporación económica, política y social llegue plenamente no solo a los guerrilleros y milicianos sino también a las comunidades campesinas, a los territorios olvidados.

Estamos muy contentos de haber logrado la aprobación de 16 circunscripciones electorales especiales, donde por primera vez van a ir los territorios, como hemos dicho, con sus botas embarradas y sus rostros plebeyos, a dejar en el Congreso sentada su voz de inconformidad y de reclamo al régimen, para que se atiendan las necesidades de esas regiones que siempre han estado olvidadas por el Gobierno central.

Una de las mayores críticas del expresidente Uribe al Acuerdo de Paz es que le da participación política a guerrilleros que puedan estar implicados en crímenes de lesa humanidad, ¿qué responde?


Este sector ha estado muy interesado en quitar la posibilidad de la elegibilidad política de los jefes guerrilleros. Quien sabe qué sentimientos los anima, si los procesos se concretan precisamente para poder participar en política los que antes estaban alzados en armas. Yo estoy de acuerdo con que se responda ante la Justicia, pero muchos de los que están diciendo estas cosas no están mirado sus trayectorias de vida, en qué están involucrados.

Como guerrillero, estoy pensando en reconciliación, que no es venganza, no es avivamiento de los odios, no es exacerbar nuevamente la exclusión. Aquí tenemos que darle vía a la inclusión, al respeto, a las ideas del otro. Aquí han ocurrido muchas cosas, algunos dicen que no puede haber impunidad y por eso está la JEP, pero lo que llama la atención es que los que nos reclaman estas cosas no es que tengan un pasado tan diáfano.

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