Opinión: 'No todo es coca'

Julio 10, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Eduardo Álvarez Vanegas | Coordinador del área de dinámicas del conflicto y negociaciones de paz de la Fundación Ideas para la Paz, FIP

Hay otras razones detrás de la disidencia de las Farc.

[[nid:554546;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/07/eduardo_alvarez_vanegas_0.jpg;left;{Eduardo Álvarez Vanegas, coordinador del área de dinámicas del conflicto y negociaciones de paz de la Fundación Ideas para la Paz, FIP. Foto: Elpais.com.co | Archivo}]]El comunicado del frente Primero confirmó algo en lo que la FIP ha venido insistiendo: en esta negociación, como en muchas que se han dado en Colombia y el mundo, puede haber disidencias. Sucedió con el EPL y las AUC. Sucedió en Irlanda del Norte, en la República Democrática del Congo, en Burundi.

En su comunicado, el frente Armando Ríos reivindica al menos tres aspectos: no creen que con este proceso se vayan a hacer cambios estructurales que el país necesita para superar la pobreza y las desigualdades, consideran las zonas veredales como un insulto –cárceles de cielo abierto– y llaman a toda la fuerza de las Farc, incluyendo milicias, a que sigan en la lucha en memoria de las figuras fundacionales de esa guerrilla.

Hasta ahora los análisis han sido unidimensionales: las disidencias  se dan solo por motivaciones económicas, pues pueden movilizar muchos recursos provenientes del narcotráfico. Bien, pero insuficiente. Darle protagonismo a esta variable deja de lado otros elementos fundamentales.

Las Farc no son una caja negra sin contenido político ni social. Son ante todo una organización política y militar que está integrada por individuos y líderes con diferentes historias de vida y de trasegar en la guerra, cuyas acciones han incidido en que las Farc no sean homogéneas en el territorio nacional. Esto me lleva a plantear tres elementos esenciales para una organización en guerra: cohesión, disciplina y lealtad.

Lo del Armando Ríos es sintomático de que estos elementos nunca funcionan a la perfección, más aún cuando uno de los efectos de la ofensiva militar contra las Farc en los últimos 15 años fue el de su desintegración organizacional. A la que si bien se adaptaron en un repliegue estratégico a zonas de frontera, también es cierto que hubo importantes relevos organizacionales que incidieron en el ascenso de líderes que tal vez no lograron cohesionar ni disciplinar a sus estructuras y hoy estamos lejos de saber quiénes son y  si serán leales a sus máximos comandantes y menos a la firma del acuerdo final.

Nuestro trabajo de campo y la evidencia académica han mostrado que el relacionamiento de las Farc con la población ha sido diversa. Cabría plantear si esto ha incidido en que las mismas comunidades estén presionando para que las Farc no dejen las armas, ya que verían con temor que otras fuentes de autoridad los reemplacen. A lo que se sumaría que no conocemos si la pedagogía para la paz ha sido realmente efectiva.

En últimas, estamos lejos de comprender a las Farc como organización y realidad social y política. Si bien son importantes los elementos de contexto (recursos naturales, economías criminales, crimen transnacional) y los incentivos para continuar en la guerra, no se puede ignorar quiénes realmente están detrás de ese comunicado: comandantes de frentes y mandos medios que posiblemente estén recibiendo presión de la tropa rasa que aún no ven en los acuerdos la tan anhelada oportunidad para la paz.

(*)Coordinador del área de dinámicas del conflicto y negociaciones de paz de la Fundación Ideas para la Paz, FIP.

CONTINÚA LEYENDO
Publicidad
VER COMENTARIOS
Publicidad