Opinión: El frágil hilo de la paz

Opinión: El frágil hilo de la paz

Enero 12, 2018 - 04:37 p.m. Por:
Monseñor Darío de Jesús Monsalve M., arzobispo de Cali
monseñor monsalve

Monseñor Darío de Jesús Monsalve M., arzobispo de Cali.

Archivo de El País 

El cese bilateral y temporal pactado con el ELN era un cese breve, frágil, con un pésimo calendario, como el de fin e inicio de año. Era un cese en el marco más complejo del primer Acuerdo de Paz, cuando, del hilo frágil, rescatado de la maraña colombiana por el gobierno Santos, se colgaron, en racimo oportunista, todos los aprovechadores electorales de la confrontación. Pero era también un cese para la participación de la sociedad, puesta en primer lugar de la agenda en Quito. Por eso había despertado gran expectativa de que el ELN pusiera un piso de diálogo y movilización, masiva y popular, para la construcción democrática de paz, con verdad, justicia y perdón. Es la estrategia de paz como autogobierno de las poblaciones, con la prioridad de la vida, con la ocupación inteligente del territorio, con la convivencia y el intercambio afectivo, económico, étnico, social y político, que hagan posible la ‘cultura del encuentro’ y de una paz con oportunidad de igualdad humana y de oportunidades. Este ideal de paz interna está abierto al ‘modelo’ de sociedad y el tipo de país que queramos los colombianos, asimilando el contexto real en el que convivimos entre las naciones, con modelos como el venezolano, el cubano o los de la globalizada economía mundial (TLC-OCDE).

Y valga recordarlo, porque la coyuntura que marca la retoma de la guerra o la retoma de la mesa de diálogo y del desarrollo de la agenda, con cese bilateral, nos llevará a conciliar el ideal de paz interna con el enfoque binacional de una guerrilla anclada también en Venezuela.

Esto agrega al proceso un componente de relación y paz de frontera, para la reubicación geográfica, en el territorio en el que tiene sus frentes de guerra, de todo el ELN; de opción explícita por el proceso de paz; de sustentación económica de esa organización en el cese y diálogo; en fin, de un horizonte más realista para el tratamiento de una agenda tan desbordante de tiempo y contenidos posibles, como los tres primeros puntos: participación, democracia, transformaciones para la paz.

Basten estos esbozos temáticos para resaltar que si bien el gobierno Santos rescató el hilo de la paz, este es demasiado frágil aún. Y su viabilidad como proceso no es de gobiernos sino del Estado mismo, en sus componentes de ciudadanía e institucionalidad, y en su definición como democracia y Estado de derecho. Lo que nos debería convocar a unir esfuerzos para hacer de ese frágil hilo la médula irrompible de nuestra civilidad, nuestra legalidad y legitimidad como Nación.

La crisis que vive el proceso de paz se transforme en este 2018 en toda una movilización democrática masiva por consolidar los pasos dados, superando el ‘complejo de Adán’ (‘por primera vez en nuestra historia’), o el síndrome del mito de Sísifo (‘volvamos a empezar, que lo anterior hay que hacerlo trizas’). Este sea el año del pueblo colombiano, que ganará, mucho más que el Nobel de Paz u otro trofeo, la mayor bendición de Dios sobre este territorio y esta población privilegiados por Él.

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