"Nunca buscamos intencionalmente la muerte de diputados": 'Pablo Catatumbo'

Julio 24, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Olga Lucía Criollo | Reportera de El País

Alias Pablo Catatumbo, delegado de las Farc para el proceso de paz en La Habana.

“Si me tocara asumir un cargo de elección popular, estaría listo para las que sea”, dice ‘Pablo Catatumbo’, miembro de la delegación de paz de las Farc.

 

Pocos saben que se llama Jorge Torres Victoria, que es caleño, de la colina de San Antonio, y que ya suma 63 calendarios. Y lo que muchos no quisieran saber es que por décadas fue el ‘rostro’ de las Farc en esta región del país y que fue el cerebro del secuestro de los diputados del Valle.

Desde La Habana, donde ya lleva 40 meses sentado en la mesa de negociaciones y con marcado acento isleño, prolongados silencios y una esmerada cordialidad, ‘Pablo Catatumbo’, representante del Secretariado en el Suroccidente, aceptó contestar un cuestionario de El País para reconocer lo que extraña del monte y reiterar que el paramilitarismo “es la amenaza más grande que tiene este proceso” de paz.

“El de los diputados del Valle es uno de los casos más tristes y lamentables”, dice antes de asegurar que tiene toda la “disposición” para “aportar verdad sobre todas las acciones nuestras que hayan afectado compatriotas”.

A muchos colombianos aún les cuesta creer que quienes por décadas lideraron la guerra en el país hoy sean abanderados de la paz. ¿Qué lo convenció a usted de apostarle a la dejación de las armas?

Desde sus lejanos orígenes, para las Farc-EP la paz con justicia social ha sido siempre su principal objetivo. No somos guerreristas. Esta guerra no la iniciamos nosotros, nos la impusieron. Lo que ocurrió fue que con el cambio de Gobierno y la propuesta de paz que nos hizo Santos, la dirección colectiva de las Farc-EP consideró que abriéndose esa compuerta se podía avanzar hacia una solución definitiva del conflicto interno. El camino recorrido nos demuestra que acertamos.

Se han criticado las supuestas comodidades de las que gozan los negociadores de las Farc en Cuba. En su caso, ¿cómo ha sido ese pasar de vivir en “las montañas de Colombia” a la ‘civilización’?

Tal vez usted se sorprenderá si le digo que la vida en el monte es mucho más sosegada que la vida urbana. Entre otras cosas, porque en la guerrilla la jornada diaria se planifica estrictamente. Mientras tanto acá, en La Habana, estamos ocupados todo el tiempo en las tareas de la Mesa: intercambios, entrevistas, reuniones, jornadas de estudio, etc. Los horarios cambian a cada momento según los requerimientos de la coyuntura y las jornadas pueden durar hasta medianoche. Le soy sincero: en el monte, a pesar de los avatares de la guerra, tenía más tiempo y hasta podía leer literatura, biografías, historia. Aquí no. Entonces le puedo decir que sí, que extraño la vida en campamento, la cocina guerrillera, la quietud de la montaña, el orden militar y a mis compañeros y compañeras.

Para un hombre que enfrentó situaciones extremas en medio del conflicto, ¿cuál es el mayor temor ante su posible retorno a la vida legal?

A nosotros y a las comunidades nos preocupa que el paramilitarismo este vivito y creciendo. Esa es la amenaza y el reto más grande que tiene este proceso. Se necesita un real compromiso del Establecimiento para que esta barrera no nos aleje del objetivo supremo de la paz. Las medidas acordadas al respecto en la Mesa son supremamente importantes y están direccionadas a dotar al Estado de herramientas eficaces para deslegitimar y desmantelar definitivamente este flagelo de la vida política colombiana. Pero esas medidas no resultarán suficientes si entre todos no logramos erradicar cuestiones como la cultura mafiosa y paramilitar. A este propósito le tendremos que apostar todos, de lo contrario, siendo objetivos, no parará nunca el espiral de la violencia.

¿Entonces no cree que los paramilitares sean los únicos enemigos que los guerrilleros tendrán tras su retorno a la vida civil?

El paramilitarismo es un fenómeno complejo y multidimensional, que tiene varios componentes: la parapolítica, la paraeconomía, las Bacrim, las organizaciones de seguridad privada, los partidarios de la Doctrina del ‘Enemigo Interno’, los que se oponen a la restitución de tierras, los que se lucran de la guerra, los enemigos doctrinarios de la solución política, las mafias del narcotráfico y las mafias de la corrupción. Todos ellos son enemigos letales para la paz que anhelamos los colombianos. Lo grave es que todas esas expresiones no solo constituyen una amenaza para quienes pretendemos hacer el tránsito de la lucha armada a la vida civil y al pleno ejercicio de nuestros derechos ciudadanos, sino que constituyen tambien una gravísima amenaza para la sociedad en general y para la democracia colombiana en particular.

No obstante, fíjese que a pesar de ser este un escenario tan complejo, esta semana el grupo autodenominado Autodefensas Gaitanistas emitió un comunicado en el que afirman que respetarán las zonas veredales transitorias y todo lo pactado en el acuerdo del 23 de junio, lo cual es un hecho muy positivo. Es un gesto que hay que saludar.

Pero la paz también tiene otros enemigos: los que quieren vivir del pasado y de sus odios, los que se oponen a los cambios, los que se aferran a sus privilegios, los poderes económicos y políticos regionales y nacionales, algunos de los cuales se opondrán a la implementación de los acuerdos o sabotearán su puesta en marcha. Todos estos son obstáculos que entre todos tendremos que remover para que finalmente podamos tener una Colombia en paz.

Pero volviendo al plano personal y dados los antecedentes con la UP, ¿Pablo Catatumbo teme ser asesinado una vez vuelva a la vida civil?

Yo creo que cualquier asesinato en contra de un integrante de las Farc-EP posterior a los acuerdos, o de un sindicalista, de un defensor de derechos humanos, un líder o lideresa social, indígena, afro, campesino, o dirigente político de oposición, lesionaría gravemente la credibilidad de las mayorías en este proceso. Ese es el reto del Estado. Estos más de cuatro años de esfuerzo por construir acuerdos robustos para Colombia deben implicar la completa desaparición del asesinato político de la vida nacional. Ese es el reto de la paz.

No el guerrillero sino el ser humano, ¿qué sintió el pasado 23 de junio, cuando para muchos se firmó el fin de la guerra con las Farc?

Como todos los colombianos, sentí que estábamos viviendo un momento histórico y único en la vida de nuestro país: ver a ambas delegaciones cantando el Himno Nacional, sentir que el discurso del Comandante Timochenko no solo tocaba la fibra a los guerrilleros sino a todos los presentes, sentir que lo que se estaba firmando empezaba a transformar a Colombia fue algo muy emocionante. Son cosas de enorme trascendencia. En lo personal, sentí la tranquilidad del deber cumplido y una enorme responsabilidad frente a todo lo que se viene.

¿Como jefe de las Farc se atreve a asegurar que la firma de la paz con el gobierno Santos no tiene reversa?

Siendo realistas, aún faltan cosas por acordar: una ley de amnistía e indulto, cómo va a ser el mecanismo de implementación de los acuerdos y de qué manera se dará la reincorporación de los guerrilleros a la vida social y política del país. Eso, para darle solo tres ejemplos. Lo que sí me atrevería a asegurar es que en esta ocasión se ha avanzado más que nunca antes. Por ejemplo, ya estamos discutiendo cuestiones sobre asuntos concretos de la paz en el terreno y ya tenemos equipos listos para la ejecución de lo acordado sobre ‘Fin del Conflicto’, aunque aún falten detalles. Todas estas son señales contundentes de que se viene la paz. Eso no tiene duda.

Muchos lo visualizan haciendo campaña una vez las Farc se conviertan en partido político, ¿a qué cargo de elección popular le gustaría acceder?

Personalmente me gustaría participar de los procesos pedagógicos y formativos de la guerrillerada en el posacuerdo y en el diseño de proyectos para el desarrollo de las comunidades de nuestra región. Pero si me tocara asumir un cargo de elección popular estaría listo para las que sea.

La captura de ‘Richard’ dejó en evidencia que el Frente 30 también está permeado por el narcotráfico, ¿qué cree que debe hacerse para evitar que algunos de sus integrantes opten por seguir en esa actividad y no dejen las armas, como se anunció desde el Frente Primero?

La guerrilla no es una burbuja aislada del mundo exterior. En todas las esferas de nuestra sociedad se presentan fenómenos de descomposición y de corrupción. Mire no más el reciente escándalo de Invercolsa y otros. Pero podría asegurarle que, habiendo hecho pedagogía en terreno con la guerrillerada del Frente 30, allí lo que encontré es plena disposición de hombres y mujeres por apostarle a la paz y al desarrollo de toda la región del Pacífico. El Estado Mayor Central de las Farc-EP está tomando todas las disposiciones políticas y pedagógicas para que la situación presentada en el Frente Primero pueda resolverse dentro del marco de nuestra normatividad interna.

Pero autoridades indígenas del Cauca han denunciado que guerrilleros disidentes se están aliando con las Bacrim, ¿qué harán para impedir esta situación?

Hasta ahora no tengo conocimiento de que eso esté ocurriendo, pero evaluaremos la información con los mandos en el terreno. De ocurrir situaciones aisladas en ese sentido, tomaremos las medidas pertinentes que indiquen nuestras normas internas. Las Farc-EP somos una organización revolucionaria y una alianza como la que usted menciona sería contra natura.

Según esa misma fuente, esa alianza estaría unida al resurgimiento de cultivos ilícitos en esa región...

En la Mesa de La Habana firmamos el más ambicioso y completo acuerdo para la sustitución de los cultivos de uso ilícito. Estamos comprometidos con ello. Incluso ya se inició el primer plan piloto en Briceño, Antioquia. Las Farc-EP estamos comprometidos en que estos acuerdos se hagan realidad. Nada más alejado de nuestra realidad que el querer que las áreas sembradas en el suroccidente del país aumenten, esto sería completamente contrario al sentir de las comunidades que quieren la sustitución de cultivos y construir progreso.

¿Está de acuerdo con que Cali será la capital del posconflicto, cree que esta región del país está preparada para ese proceso?

Pues Cali tiene mucho por hacer en el posacuerdo, tiene un gran compromiso. Es un centro industrial, agropecuario, académico, político y cultural determinante. Creo que es una ciudad que puede aportarle mucho a la paz y a la reconciliación, pero vamos a necesitar del concurso de todos los actores regionales en este proceso, incluso de quienes hoy se están oponiendo a la Mesa de La Habana. En el Valle del Cauca cabemos todos y todas. Estoy convencido que es posible construir desarrollo y justicia social desde la región. Para ello se requiere estatura histórica y ojalá todos los actores políticos y económicos regionales la tengan. Es un reto grande, ¡cuánta falta hacen ahora hombres de empresa visionarios, honestos, emprendedores, con sensibilidad social y mentalidad de avanzada, como don Manuel Carvajal y Édgar Lenis! A ambos los conocí personalmente.

Su nombre está muy ligado al secuestro de los diputados del Valle, cuyos familiares siguen pidiendo que se les diga la verdad sobre la muerte de sus seres queridos. ¿Qué responde a esa petición, dado que para la época usted era el jefe de las Farc en esta región del país?

La Mesa ya acordó mecanismos de reconocimiento temprano de responsabilidad en el marco del acuerdo del punto de víctimas. Es un proceso complejo, donde tendremos que considerar un contexto y unas realidades derivadas de la dinámica de la cruenta guerra que vivimos, así como las circunstancias concretas en las que se produjo ese triste resultado. En ese proceso vamos a aportar verdad sobre todas las acciones nuestras que hayan afectado compatriotas. Ya lo hicimos con Bojayá y lo estamos haciendo con otros casos.

El de los diputados del Valle es uno de los casos más tristes y lamentables. Por supuesto que eso está en nuestra agenda. Sabemos cuán doloroso resulta este tema para los familiares y pueden tener toda la seguridad de que vamos a avanzar al respecto. Yo tengo toda la disposición para hacerlo.

Otro de los grandes interrogantes que persisten sobre de ese caso es por qué sobrevivió Sigifredo López. ¿Qué tiene que decir al respecto?

Con toda sinceridad le puedo decir que las Farc-EP nunca buscamos intencionalmente las muertes de los diputados, nunca planeamos ni previmos ese desenlace y no procede extender un marco de sospecha sobre alguien al que el único reproche que puede hacérsele es haber sobrevivido a esa tragedia.

¿Cuáles cree que son los principales obstáculos que se deberán sortear para que las zonas veredales ubicadas en Suárez y Buenos Aires, en el Cauca, funcionen tal como las partes lo acordaron en la mesa?

La ubicación de las zonas veredales aún está en discusión en la Subcomisión Técnica de la Mesa. Estas zonas, en cualquier lugar del país, tienen que enfrentar el reto de la presencia paramilitar, que es la principal amenaza para la vida de los combatientes de las Farc-EP en proceso de reincorporación a la vida social y política y de los líderes sociales de las regiones. Pero también hay otras preocupaciones: que el Gobierno no cumpla y los acuerdos se queden en el papel, que se repita la tragedia histórica de las élites incumpliendo lo pactado. O que se perpetúe el abandono y la exclusión de estas regiones y con el tiempo se generen nuevas espirales de violencia. No obstante, estamos seguros que con las medidas que se están adoptando en los protocolos, la voluntad política de las partes y el acompañamiento cerrado de todos quienes anhelamos un futuro en paz para nuestro país, será posible superar estos los obstáculos.

A propósito de la aprobación del plebiscito, ¿si la mayoría de los colombianos votan por el No, las Farc buscarán la paz por otra vía?

Nuestra convicción es que todos los compatriotas van a apoyar la refrendación de los acuerdos. Parar la guerra más larga del hemisferio occidental está en nuestras manos. Es la manera de evitar una cantidad incalculable de dolor. Y al mismo tiempo le abrimos la puerta al desarrollo nacional y a la democracia. Solo por la más baja mezquindad política es que alguien puede oponerse a los acuerdos. Y el momento histórico de nuestro país no está para mezquindades.

El presidente Santos ha dicho que es posible que algunos de los asteriscos pendientes en los acuerdos parciales no queden resueltos antes de la firma de la paz. ¿Cuáles de esos temas son los más importantes?

En estos momentos estamos en la discusión de un asunto nada menor: la amnistía de los combatientes. Es imposible que una unidad guerrillera se disponga a ubicarse en una zona veredal de las acordadas sin que previamente sus hombres y mujeres combatientes tengan certezas concretas sobre su situación jurídica. Es un mensaje que hemos transmitido por todas las vías, pero parece que el Gobierno quiere hacerse el sordo ante esta lógica reivindicación nuestra.

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