"No era realista ni sensato ponerle fecha a la paz": padre Darío Echeverri

Marzo 13, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Jessica Villamil Muñoz | Reportera de El País

El sacerdote Darío Echeverri, secretario de la Comisión de Conciliación Nacional.

El padre Darío Echeverri, secretario de la Comisión de Conciliación Nacional, dice que la extorsión de las Farc se ha incrementado en el país y que el ELN tiene dificultades internas para ir a una mesa de paz.

La Iglesia Católica no está casada con el proceso de paz, que indudablemente es del Gobierno”. Lo dice el padre Darío Echeverri, secretario General de la Comisión de Conciliación Nacional, que lleva más de 20 años buscando una salida política al  conflicto armado colombiano.

Advierte que la  pedagogía que han implementado el Gobierno y las Farc no ha sido la más pertinente, ni la más efectiva y por eso la Iglesia está aportando elementos sencillos  para llegar con el mensaje de paz  a todos los sectores del país.

El sacerdote, que estuvo en las conversaciones previas para que las Farc se sentaran en la mesa de diálogo de La Habana, asegura que los colombianos ya están agotados con el proceso, pero dice que “es  mejor un buen acuerdo que simplemente dar cumplimiento a  una fecha prevista”. 

Sobre el ELN, con quien tiene línea directa, sostiene que todavía están enredados en algunos aspectos, pero que falta poco para que se sienten a hablar de paz.

El jueves, mientras esperaba  que cesara un torrencial aguacero para continuar con sus actividades en la parroquia Basílica Menor Voto Nacional, en Bogotá, el sacerdote habló de paz, de reconciliación y rechazó que las Farc mantengan la extorsión a través de lo que ellas llaman ‘impuesto de guerra’.

Usted estuvo en el acercamiento entre el Gobierno y las Farc, ha sido vigilante de lo que ha ocurrido en este proceso. ¿De todo lo que se ha firmado hasta ahora en La Habana, qué lo ha dejado insatisfecho?

Creo que hay asuntos que satisfacen a unos,  que dejan insatisfechos a otros, pero que en realidad, si se analiza bien, de ser implementados correctamente, los acuerdos servirían para el desarrollo del país y atenderían a  necesidades de la población más pobre y necesitada. Hay otros asuntos que están pendientes, que son delicados, que por eso están en el cuarto frío de la negociación y le corresponderá a la mesa buscar medidas que beneficien el bien común.

¿Le cambió la percepción?, porque hace meses dijo que el tema de víctimas no lo dejaba tranquilo...

En noviembre acompañé a monseñor (César Augusto) Castro, presidente de la Conferencia Episcopal, a una reunión con ‘Iván Márquez’, jefe negociador de las Farc. Allí él dijo que  hubo temas de expectativa en los foros de víctimas  y en los encuentros en Cuba que no fueron tenidos en cuenta y, sin embargo, ya en el acuerdo que es publicado hay un planteamiento en el cual se tiene en cuenta a las víctimas y ellas quedan en el centro de la justicia transicional. Yo creo que hay avances bastante positivos.

¿Y sobre el de Justicia?

Es Justicia Transicional y  tiene que ser mirada de una manera peculiar y desde la Iglesia  debe ser entendida como un horizonte de  misericordia.  Es una justicia que algunos piensan que le abre espacio a la impunidad,  pero nosotros pensamos  que es una manera distinta a la búsqueda de una salida  a un conflicto que se propone desde la mesa de La Habana.

Después de la expectativa, la firma del acuerdo general para la terminación del conflicto no sería el 23 de marzo, ¿cómo recibió la noticia?

Yo cuestiono la falta de realismo cuando se propuso una fecha perentoria, como lo hizo el Gobierno. No era sensato ni prudente ni era realista, le hacía falta pragmatismo político porque son muchos los asuntos que todavía están pendientes. Comparto sí, que todo no debe ser una fecha. Es  mejor un buen acuerdo que  dar cumplimiento a una palabra y una fecha prevista. 

Pero la gente está agotada, se anuncia una fecha y se incumple, son tres años de negociación y todavía quedan los puntos más importantes por  resolver...

Es cierto que en Colombia hay un poco de cansancio, también en la comunidad internacional, pero si la gente lo mira con realismo y lo compara con otros procesos, ha habido otros  más largos. No  nos debemos desesperar porque  ya han pasado tres años, sí nos debería preocupar que no  encontramos la solución del conflicto social y armado.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (Cicr) dijo esta semana que, pese a las negociaciones de paz, la violencia no disminuye en el país...

Es cierto que la violencia armada sí ha disminuido, pero también es cierto que otro tipo de violencia, como la que surge de la ‘vacuna’, ha crecido. Eso es cierto y allí hay una responsabilidad  de las Farc, del ELN, de otros grupos armados y de otros factores de poder  ilegal o ilícito que se da  en las regiones.

Las Farc no hablan de extorsiones, dicen que se trata de un ‘impuesto de guerra’...

Ese es un eufemismo que no debe ser de pacífica aceptación. Los obispos en las regiones denuncian que hay un incremento  de la delincuencia y una expresión  de esa delincuencia es  la extorsión y eso hay que llamarlo por su nombre. No se puede decir que es un  impuesto por la paz.

Líderes en las regiones dicen que la violencia simplemente cambió de brazalete. Que el ELN está ocupando espacios de las Farc...

Yo no sé si esa sindicación sea cierta, pero me da la  ocasión para extender el llamado que monseñor Castro  y muchos de los obispos le han hecho al ELN para que aproveche la coyuntura y se siente a la mesa con el Gobierno, para que hagamos una negociación  que le brinde a los colombianos paz y reconciliación.

Usted ha estado cerca de ese proceso, ¿por qué  se ha dilatado tanto y el ELN no se sienta a dialogar?

El ELN tiene unas dificultades internas. Qué bueno que superaran esos problemas y que como organización accedan a una negociación  lo más pronto posible. 

¿Qué tan cierto es que entre las dificultades está que sus comandantes no se ponen de acuerdo y que alias Pablito está en contra de la negociación?

La Iglesia ha conversado personalmente con ‘Pablito’ y yo creo que no se puede personalizar en términos  periodísticos. Lo que se debe hacer  es  un llamado a toda la organización  para que haga fácil un proceso de negociación.

¿Y  la escogencia del país para desarrollar  los diálogos, ya se superó?

Son muchas las  dificultades que hay por superar y la Iglesia está disponible para ejercer sus buenos oficios y ayudar a que las dificultades se superen.

¿Usted sabe de una carta que circuló en redes sociales de un  ‘Movimiento de presos Camilo Torres’, en la que  asegura que  ya fijaron una agenda de seis puntos que incluye participación de la sociedad, democracia para la paz,  víctimas,  garantías de ejercicio en la política y dejación de armas?

Yo creo que corresponde a los temas que se han venido trabajando y ojalá no sea una carta anónima, qué bueno sería saber que la agenda está definida. Los temas por superar son pocos, y creo que podemos esperar con ilusión que pronto se formalicen esos diálogos entre Gobierno y  ELN.

¿Teniendo en cuenta esa supuesta agenda y los puntos en común con la agenda de las Farc, se esperaría que la negociación con el ELN no se prolongue  tanto?

Son dos negociaciones distintas. Una cosa es la agenda con las Farc y otra cosa es  el ELN. 

¿Pero las leyes que ya se aprobaron para implementar acuerdos con las Farc no funcionarían en este caso?

Hay muchos elementos  válidos, pero  una negociación con el ELN tendrá exigencias  propias de lo que ha sido la lucha y la manera de enfrentar el conflicto social por parte de ellos.

¿Cree que el país está preparado para ver a los guerrilleros buscando una curul en un concejo, una asamblea o en el Congreso?

El tema que está de fondo allí es el de la reconciliación, que no surge espontáneamente de la simple negociación. El trabajo que nos corresponde a todos los colombianos  es tener un horizonte  de reconciliación que le dé espacio  a las Farc, al ELN, a los partidos políticos de oposición.

Es complejo porque el país está polarizado entre los que quieren el proceso de paz y los que no...

No creo que haya quienes están en contra de la paz. Lo que pasa es que unos la quieren de una manera y otros la quieren de otra. Pero sí es cierto que hay una polarización muy grande y que todos, empezando desde el Gobierno, tenemos que cimentar el aporte para ir superándola.

¿En qué  ha fallado el Gobierno en el tema de la reconciliación?

No sé si el Gobierno en la Ley de Víctimas, por ejemplo, habla de la reconciliación, pero de pronto nos quedamos es con el concepto pero no con lo que conlleva  real y efectivamente al encuentro fraterno  entre los colombianos.

¿Qué opina de las cartillas de pedagogía de paz que están entregando las Farc?

Yo quiero  hablar es sobre las cartillas que están saliendo de la Conferencia Episcopal, que en  un lenguaje muy sencillo hablan de justicia transicional, de reconciliación,  de justicia y equidad. Yo quisiera hablar de los instrumentos  que  queremos poner en manos de los colombianos para que  todos entiendan las cosas y las podamos valorar, vivir y gozar.

¿Pero están llegando con el mensaje de lo que se ha acordado en el proceso de paz o con el Evangelio?

De los valores que están en la base de la sociedad. La Iglesia está casada con la paz, con una Colombia reconciliada. La Iglesia no está casada con un proceso de negociación, si esto sirve para ambientar  en el país el espacio de reconciliación  bienvenido sea, pero el proceso es del Gobierno.

Aunque el presidente Juan Manuel Santos diga que el proceso no es del Gobierno ni de él, sino de todos los colombianos...

Está bien que el Presidente quiera ponerlo así, pero indudablemente este proceso de paz es del Gobierno.

Nombre: Darío A. Echeverri González.

Edad:  62 años.

Profesión:  abogado  y sacerdote claretiano.

Trayectoria:  ha desarrollado su vida sacerdotal en Chocó, Medellín, Cali, Bogotá, y actualmente es párroco del Voto Nacional y Secretario Nacional de la Comisión de Conciliación, de Bogotá. Se ha desempeñado como rector de los colegios Claret en Cali y Bosa. Ha sido profesor de Derecho Canónico y Juez del Tribunal Eclesiástico.

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