Las sombras que caen sobre el proceso de paz con las Farc

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Con preocupación se ve el futuro de las negociaciones en La Habana, donde aún falta definir puntos importantes para llegar a la firma del acuerdo final.

Las sombras que caen sobre el proceso de paz con las Farc

Marzo 27, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Katherine Vega | Colprensa
Las sombras que caen sobre el proceso de paz con las Farc

A lo largo de los tres años y medio de negociaciones entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las Farc se han registrado varios momentos de tensión o crisis. Los países garantes han sido clave para ayudar a retomar el rumbo de las conversaciones en La Habana, Cuba.

Con preocupación se ve el futuro de las negociaciones en La Habana, donde aún falta definir puntos importantes para llegar a la firma del acuerdo final.

La reciente declaración del jefe negociador del Gobierno, Humberto de La Calle, en la que aceptó que faltan puntos fundamentales por definir con  las Farc, evidenció que la terminación del conflicto  podría no ser tan inminente como lo ha pretendido mostrar a Colombia y al mundo el presidente Juan Manuel Santos.

Este campanazo de De La Calle, en plena Semana Santa, demostró que el Gobierno volvió a dudar del real compromiso que esa guerrilla  dice tener para dejar las armas y convertirse en un movimiento político.

El énfasis del comunicado de la delegación oficial  mostró que el Gobierno quiere tener el manejo de la directriz de temas complejos como la desmovilización y la dejación de las armas y no que prime, como en cierta manera está sucediendo, el planteamiento de las Farc.

Así lo indica el director del programa de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana, Iván Garzón, quien afirma: “Entre líneas se puede leer que el Gobierno está presionando a las Farc en dos aspectos específicamente: dejación de armas y juego limpio”.

Teniendo en cuenta esto, y también como respuesta a la creciente y permanente presión que hay en el país porque no se ven avances concretos en los acuerdos,  para el politólogo Pedro Medellín, el Gobierno puede tomar un cambio de posición o nuevos planteamientos en la negociación.

De hecho, el analista  resalta la marcha que está convocando el opositor Centro Democrático, y a la que dice se han unido otros sectores, la cual, dependiendo de su acogida, “podría obligar al Gobierno a ajustar unos términos de la negociación o a repensar otros que ya se han acordado y como nada está negociado hasta que todo esté negociado, el Gobierno se puede ver obligado a hacer ajustes”.

Una afirmación que rechaza el director del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz de la Universidad Nacional, Alejo Vargas, pues para él tal movilización no será grande.

“Yo no sé quiénes van a salir a eso; no creo que a nadie le importe y los que salgan, si son tantos como los que fueron a la Casa de Nariño,  no tiene ninguna importancia. Son una minoría de este país”, dice.

El tiempo, lo arrancó diciendo De la Calle en medio de su preocupación de Miércoles Santo, no será indefinido. Afirmó que si bien no se tiene claro cuándo se dará, habrá la anhelada firma del acuerdo final.

Una aclaración importante, pues para analistas como Iván Garzón, las preguntas a plantearse ahora son:  “¿El Gobierno es consciente de que la prolongación de la firma le resta apoyo ciudadano y margen de maniobra a un Presidente que cada día tendrá menos gobernabilidad? y ¿las Farc seguirán usufructuando la negociación hasta conseguir todo lo que pretenden?”.

Las partes, en la recta final deberán encontrar entonces el punto medio de la negociación y ceder, pero rápido, más con los nuevos elementos que acompañan el panorama, como lo indica Medellín.

“El escenario es distinto, estamos ante una perspectiva de racionamiento, estamos ante una presión fiscal por una reforma tributaria, estamos ante una situación de descontento y, sobre todo, de pérdida de legitimidad del presidente Santos; lo que antes era una suerte de indiferencia frente al proceso, hoy se han revertido en un ataque al Gobierno”, dice.

Incluso, el docente Garzón cree que, viendo todo eso, lo mejor es definir una nueva fecha. “Al Gobierno le conviene fijar una nueva fecha por dos razones: primero, para que las Farc no piensen que la negociación es ilimitada, y dos, para transmitirle a la opinión pública la idea de que la firma no está muy lejos”, sostiene.

Para Alejo Vargas, de todas formas, hay una fecha implícita debido a que el Gobierno tiene parte de la responsabilidad de no haber firmado este 23 de marzo.

“Implícitamente sí hay una fecha y es el 15 de junio, porque eso fue lo que se demoró la nueva mirada del acuerdo de justicia que pidió el Gobierno. En eso se demoraron desde el 23 de septiembre hasta el 15 de diciembre, entonces en la práctica la fecha está en el 15 de junio, porque el 15 de diciembre las Farc dijeron que desde ahí se empezaban a contar los seis meses”, explica.

La guerrilla, mientras tanto, ha dicho en su último comunicado –una carta al secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry-, que son pocos meses los que faltan para la firma del acuerdo final. “Es nuestra intención seguir trabajando resueltamente en estos pocos meses que nos separan del Acuerdo Final”, manifestaron.

Pero, para Iván Garzón lo preocupante es que  la guerrilla parece envalentonada y “el gran problema es que las Farc no tienen hoy por hoy incentivos para firmar pronto”.

Así pues, vuelve a quedar abierta la expectativa en el país sobre cuándo se dará la firma de la paz. Y esta fase final tendrá que darse en medio de la definición de la Corte Constitucional sobre el plebiscito, que sin lugar a dudas es uno de los puntos fundamentales que aún separa a las partes y que era precisamente uno de los objetivos del Gobierno: haber llegado a este 23 de marzo con el mecanismo de refrendación definido.

 A propósito

El viernes, el jefe negociador del  Gobierno, Humberto de la Calle, admitió que había diferencias en portantes con las Farc sobre temas de fondo y que el acuerdo final no puede darse de cualquiera manera.

De acuerdo con el comunicado leído  por De la Calle, se puede inferir que las diferencias tienen que ver especialmente con  la dejación de armas por parte de la guerrilla. También con las zonas de concentración y verificación.

De hecho, el jefe negociador  enfatizó que el acuerdo debe romper de una vez y para siempre el vínculo entre política y armas. “No política y armas, esa es una consigna especial”.

 También aseveró que debe ser un   “acuerdo que ponga orden en un proceso de dejación de armas. Con plazos fijos. Sin zonas grises. Y repito, sin mezcla de armas y política. Una dejación que se hará ante el componente internacional en forma totalmente transparente”.

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