Las lecciones que deja la apuesta de Santos por la paz

Las lecciones que deja la apuesta de Santos por la paz

Diciembre 11, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Katherine Vega | Colprensa
Las lecciones que deja la apuesta de Santos por la paz

El presidente Juan Manuel Santos desde que llegó al cargo se empeñó en trabajar por la paz y lograr un acuerdo con la guerrilla de las Farc para acabar el conflicto.

El hombre que recibió el Premio Nobel es reconocido por su habilidad en la política. ¿En qué acertó y en qué falló? Aquí las lecciones.

“La determinación para alcanzar la paz la ha tenido desde el día cero. En los momentos de dificultad nos ha dicho a mis hijos y a mí que cuando uno tiene un norte claro, allá se llegará. No importan los tiempos adversos, él sabe a dónde llegar. Por eso estamos donde estamos”. Lea también: "Hay una guerra menos en el mundo, ¡Y es la de Colombia!": Santos

Lo dice  María Clemencia Rodríguez de Santos, la mujer que por más de 30 años ha acompañado a Juan Manuel Santos, presidente de Colombia y desde ayer Premio Nobel de Paz.

La Primera Dama  es, al igual que el Mandatario,  reservada. Marca límites en lo que comenta sobre su familia, pero no se contiene cuando reconoce que la semana en la que se perdió el plebiscito fue “un poco difícil”. Luego corrige: “No, un poco no, bastante difícil, una semana llena de sorpresas, de desconciertos, llena de dolor”.

A Santos, conocido por ser  gran jugador de póker, le salieron mal sus cartas frente al plebiscito, aunque tenía las mayorías políticas y el apoyo de la mitad de los colombianos.

La diferencia que marcó el triunfo del No fue de 60.000 votos, suficiente para lograr el 50,2 % en el triunfo, mientras que el Sí obtuvo el  49,7  %.

En todos los años del proceso, lo dice el  negociador Humberto De la Calle, ver esos resultados en el plebiscito fue lo más difícil. Pero también fue la oportunidad para ver el aplomo  que siempre maneja Juan Manuel Santos: “Nadie estaba preparado para eso, ni siquiera los voceros del No. Pero él  tiene sangre fría”.

Lo confirma  María Clemencia de Santos. “Nunca pierde la cordura, por más mal momento que esté pasando; eso ha sido  muy importante en mi familia porque, por ejemplo, ese  2 de octubre estábamos derrumbados  y Juan Manuel absolutamente sereno dijo: ‘Vamos a seguir adelante’”.

Así como les dijo, lo hizo. En medio de la gran división en el país, se abrió un diálogo que finalizó con la recolección de más de 400 propuestas para modificar los acuerdos firmados con las Farc. Lo que siguió de ahí en adelante ha sido en tiempo récord.

El Presidente convocó la renegociación con las Farc y logró sacarla adelante, aunque el texto final sigue siendo criticado por los promotores del No. Luego determinó que se hiciera la refrendación del nuevo acuerdo en el Congreso de la República.

Vino después una discusión sobre cuándo sería el Día D –que determinó el inicio del cronograma de dejación de armas de las Farc—, ante la cual Santos aprovechó un discurso público y lo fijó en el 1 de diciembre.

Lo último que decidió fue esperar a que la Corte Constitucional falle sobre el procedimiento legislativo abreviado para la implementación, pedido que renovó el viernes desde Oslo.

Cada una de esas decisiones tomadas en apenas un par de meses ratificaron la definición que de él da la mayoría de quienes lo conocen: además de ser ese hábil jugador de póker, es una persona pragmática.

[[nid:601028;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/12/santosentreganobeldepaz.jpg;full;{El presidente Juan Manuel Santos estuvo acompañado en el auditorio por una delegación de víctimas del conflicto armado en Colombia a quienes resaltó en su discurso. Su esposa, María Clemencia Rodríguez, estuvo en primera fila junto a sus hijos. Fotos: Agencia AFP}]]

“Lo primero que destaco es que es un demócrata. Oye, presta atención, no toma una decisión sin primero valorar distintas opiniones”, dice su mano derecha en el proceso de paz, Humberto De la Calle. Coinciden en ese concepto quienes han trabajado con el presidente Santos.

Aunque el Mandatario no tiene el carisma de otros políticos, y tiende a ser introvertido, escucha más que el promedio de dirigentes. Esa mezcla sería la causa de que muchos colombianos no crean en su liderazgo.

También, tal vez por esa curiosa simbiosis, llegan momentos en que su ánimo demócrata  choca con la necesidad de tener un mejor reconocimiento. Y eso lo lleva a cometer errores, incluso el más grave de todos, el fracaso en el plebiscito.

Su principal asesor internacional en el proceso de paz, el excanciller israelí, Shlomo Ben Ami, le dijo hasta el cansancio que la historia ha demostrado que los plebiscitos no son buenos y que “quienes  más fácilmente los han ganado son las dictaduras”. Pero Santos no  hizo caso.

A su asesor sí lo atendió siempre sobre los tres pasos que le recomendó para un proceso de paz con las Farc. De hecho, los siguió al pie de la letra.

Primero debía diezmar al enemigo. Sobre este punto Santos ha realzado en sus discursos el trabajo que hicieron, como presidentes, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, quienes asumieron, respectivamente, la modernización de las Fuerzas Armadas y la lucha frontal contra esta guerrilla.

Con ambos trabajó, como Ministro de Hacienda del primero y más cerca del segundo como Ministro de Defensa. El binomio Uribe-Santos logró dar los más duros golpes al grupo insurgente. Desde ese Ministerio, Santos ordenó, por ejemplo, el bombardeo que provocó la muerte de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano, causando una crisis diplomática con ese país.

Ese antecedente demuestra, dice el profesor de la Universidad del Rosario Mauricio Jaramillo, que el Presidente no tiene problema para discutir con alguien y luego buscar el diálogo para hacerlo “su mejor amigo”. Es un mandatario que no está amarrado por ideologías. De nuevo, un pragmático.

Lo que devuelve al trazado del proceso de paz: el segundo consejo que siguió de Ben Ami fue cambiar el entorno geográfico político. Santos se volvió “el mejor amigo” de Venezuela y de Ecuador, países que fueron mediadores importantes para lograr los diálogos de paz y cuyas nuevas buenas relaciones colaboraron en reducir los espacios políticos y logísticos de la guerrilla.

Y el último consejo atendido a su asesor israelí fue sobre liderazgo: aprovechar las oportunidades y la capacidad para sacar algo bueno de lo malo. Aquí  no existe mejor ejemplo que lo que hizo Santos tras el plebiscito.

Si de oportunidades se trata, el Presidente no es alguien que las deje pasar. Menos si se trata de trabajar con personas que considera claves para cierta coyuntura o momentos específicos. Como político fue escalando desde su familia liberal y periodista (dueña por casi un siglo de El Tiempo) para trabajar en todos los gobiernos desde 1990. Ya como presidente, no ha dejado ir a ministros como la canciller, María Ángela Holguín, o el de Salud, Alejandro Gaviria, ni le quitó el título de jefe negociador del proceso de paz a Humberto De la Calle. Cada uno de ellos, en los momentos de crisis, ha puesto a disposición su cargo, pero siempre han recibido un respaldo.

De la Calle, al verle ese talante, no duda en decir que Santos pasará a la historia: “Ha tenido mucho valor la sola decisión de comenzar este proceso (...) Sostengo que pasadas estas turbulencias de momento, el presidente Santos, antes de cinco años, va a ser una figura histórica para Colombia”.

En detalle Juan Manuel Santos tiene 65 años, es lector de biografías,  de las que recuerda especialmente la de Winston Churchill –primer ministro del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial, periodista y gran estadista-. Fue ministro de Defensa, de Hacienda y de Comercio Exterior. A su primer mandato llegó de la mano del presidente Álvaro Uribe, pero al ejercer su cargo no siguió su línea, lo que los llevó a una relación de opositores. Al segundo mandato llegó con la consigna de alcanzar la paz. Estudió Economía y Administración de Empresas en la Universidad de Kansas (EE. UU.), realizó cursos de posgrado en la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres y en la Universidad de Harvard, en la Escuela Fletcher de Leyes y Diplomacia.
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