“La paz no es hacer muchas cosas, sino construir legitimidad”, Director Instituto Kroc

"La paz no es hacer muchas cosas, sino construir legitimidad", Director Instituto Kroc

Noviembre 23, 2017 - 11:30 p.m. Por:
Jessica Villamil Muñoz / reportera de El País 
Borja Paladinni Instituto Kroc

Borja Paladinni, director del Barómetro del Instituto Kroc, de la Universidad de Notre Dame, en Indiana, Estados Unidos.

Foto: Especial para El País

Borja Paladinni se autodefine como un constructor de paz con 20 años de experiencia promoviendo estrategias de paz, derechos humanos y desarrollo en América Latina.

Es el coordinador del Barómetro del Instituto de Estudios Internacionales para la Paz (Kroc) de la Universidad de Notre Dame.
Desde hace un año evalúa la implementación del acuerdo que el Gobierno y la Farc suscribieron para terminar el conflicto armado, pero recalca que no son un dedo acusador.

Sostiene que en muchos territorios aún no se percibe la paz como una realidad, pero explica que esta no se construye en doce meses, que es un proyecto generacional donde no solo se trata de terminar la violencia, sino de construir confianza y legitimidad institucional.

¿Por qué dice que el acuerdo de paz con las Farc es innovador?

Porque es uno de los más completos que jamás se ha firmado: Es bien detallado, incluye el cese el fuego, la dejación de armas, el acantonamiento, la seguridad; pero desarrolla también con mucha extensión el tema de la tierra, el narcotráfico y la sustitución de cultivos de uso ilícito; los temas de cómo gestionar el dolor causado por la guerra a través de mecanismos de justicia transicional.

“Es importante que nuestro rol se entienda como asistencia técnica. Nadie nos pide ser el dedo acusador; como asistente nuestro rol es constructivo, para generar un sumo de conocimiento autónomo, independiente, con estándares académicos”

Tiene un buen equilibrio entre temas clásicos con temas sustantivos que explicaron en su momento la dinámica de conflictividad armada.

Adicionalmente, desarrolla mucho mas que otros acuerdos instrumentos de verificación, garantías, apoyo internacional, espacios de cooperación, enfoque territorial, de género, étnico.

Desarrolla con mucho detalle esos elementos que le darán a la paz —mas allá de la formalidad de implementar lo acordado— unas calidades que son importantes para la durabilidad y sostenibilidad para la legitimidad de la misma.

¿Ese acuerdo debe o no ser una camisa de fuerza?

Ningún acuerdo es inmodificable porque la realidad política va cambiando. Sin duda, debe ser una guía para avanzar en la construcción de paz. Pero el mismo acuerdo genera principios que dicen que el objetivo de diálogo era terminar el conflicto armado, pero que la construcción de paz es un proceso donde participan hombres y mujeres de Colombia y ellos tienen la capacidad de modular, acompañar, innovar, contextualizar lo que se ha firmado en el acuerdo. Si bien el acuerdo es una guía, no puede ser inflexible.

¿Pero hay puntos innamovibles?

Un acuerdo de paz no deja de ser una transacción entre grandes principios: dejan las armas pero participan democráticamente en política. Aceptan decir la verdad, ir a un proceso de justicia transicional y reparan a las víctimas. Hay un equilibrio complejo entre esas dinámicas.
Esas transacciones son importantes respetarlas porque sino, es fácil que la implementación fracase. Eso genera daño porque no se respetan los principios de fondo del acuerdo, también genera daño en la sociedad porque con la Justicia Transicional los mayores beneficiarios no son los actores que hicieron la guerra, sino las víctimas. Nunca va a ser suficiente pero van a encontrar un equilibrio entre justicia, verdad y en la medida de lo posible mecanismos que hagan que lo que ocurrió no se repita. Hay que respetar los equilibrios, el desarrollo normativo e institucional.

En el Congreso de la República se discute la aprobación de la JEP y se le han hecho modificaciones que para las Farc son peligrosas...

Eso tienen que solucionarlo los colombianos en el marco de sus instituciones. El acuerdo es importante respetarlo, implementarlo de forma robusta, buscar equilibrios entre lo que se firmó, las presiones sociales y encontrar la posibilidad de respetar los grandes principios del acuerdo, buscar formas de flexibilidad que permitan que este sea un instrumento para generar una paz que va mas allá del acuerdo.

¿Qué ha sido lo más difícil de hacer el seguimiento y la evaluación del acuerdo de paz en este año?

El contexto polarizado porque las lecturas de la realidad son muy diversas y plurales. Lo que para uno es un avance, para otro es un retroceso. Lo que una institución muestra como un éxito, para la otra es un fracaso que no demuestra el espíritu del acuerdo. Es difícil sacar conclusiones de lecturas tan polarizadas y diversas de la realidad. Lo que nosotros hemos hecho es intentar combinar un abordaje mas empírico de qué dicen los datos, la información verificada, cruzando muchas fuentes. Combinamos una mirada académica de lo que dicen los datos con otra reflexiva que permita triangularlos con conocimiento y generar análisis de lo que está ocurriendo, cosas que están funcionando bien, avances concretos que se pueden dificultar, avances.

¿Cuál es el principal reto que tienen ustedes con el análisis?

Hacer todo el esfuerzo para mirar la realidad desde muchos puntos de vista. Nosotros en la actualidad estamos en diálogo regular con más de 180 actores nacionales y locales, con universidades, con comunidades, organizaciones sociales, instituciones públicas, expertos, gremios, centros de pensamiento que nos permitan entender los 34 grandes subtemas desde muchos puntos de vista para ver cosas que están funcionando, avances concretos, pero también analizar y validar dificultades y retos.

En la evaluación de este primer año, ¿pueden decir quién ha cumplido mejor con el acuerdo?

A nosotros nadie nos pide que seamos el dedo acusador de si se cumplió o no. Como asistente, nuestro rol es constructivo, generar un sumo de conocimiento autónomo, independiente, con estándares académicos para que las partes y la sociedad entiendan mejor lo que está pasando, a tener una lectura comprensiva. Si nosotros comenzamos a tener el rol acusador probablemente las partes no van a querer nuestros insumos. Sí queremos ser muy francos en decir: hay avances, pero también hay dificultades. Parte de nuestro rol no es solo producir un producto académico, sino generar espacios de diálogo y reflexión donde podamos juntos, con los actores colombianos, resolver de forma mucho más eficaz la implementación.

El Gobierno Nacional se ha declarado lento, ¿qué claves pueden dar ustedes para mejorar ese tema?

Los procesos de implementación de los acuerdos de paz son muy complejos porque participan muchos y diversos actores del Estado, diversos actores del poder territorial, participan las organizaciones y las comunidades con sus procesos organizativos, se vuelve una cosa muy compleja y nunca es capaz de responder a las expectativas de la gente ni a las expectativas de las partes que firmaron el acuerdo.

La paz no es hacer muchas cosas, ni de implementar todo rápidamente, sin coordinación, sino construir nuevas legitimidades, la confianza que no existe, aprovechar los instrumentos que trae el Estado social de derecho y el acuerdo de paz.

¿Qué hechos evidentes deja la implementación?

Llevan un año y en este país ya no hay conflicto armado con las Farc. Probablemente no se ha cumplido la expectativa de todo lo que la gente esperaba, pero hay resultados evidentes: un cese el fuego bilateral y definitivo que ha funcionado. El ejercicio de la entrega de armas tuvo mucha seriedad; el proceso de acantonamiento fue lento, difícil, tuvo problemas en las zonas veredales y generó unos problema secuenciales en los procesos de reincorporación. Pero en términos comparativos es un proceso ejemplar. La paz en muchos territorios todavía no se percibe como una realidad, pero es que la paz no se construye en un año, es un proyecto generacional de 20 o 30 años donde no solo se trata de terminar la violencia, sino de crear mejores formas de organizarse como sociedad, garantizar y proteger derechos. Es difícil, es complejo, pero es un proceso casi vital.

Pero también es cierto que los colombianos queremos que todo se haga de un día para otro...

Nuestro rol como instituto es ver cómo generamos claridades e insumos que ayuden a entender mejor lo que está pasando sin esconder las dificultades. En Colombia dicen que en un día pasa lo mismo que en Noruega o en Suecia en cien años, y eso es verdad, ese es nuestro valor: intentar generar realidades en esa gran confusión de un país que vive el día a día como si fuera el último de su historia.

¿Qué piensa de que algunos sectores políticos desprestigien a Naciones Unidas al punto de decir que están aliados con las Farc?

No voy a entrar a valorar las apreciaciones políticas de uno y otro sector. Creo que las organizaciones internacionales muchas de las cosas que hacen, las hacen con diálogo con el Gobierno. El reto es aprovechar el valor agregado que tiene lo internacional para apoyar los procesos locales. Cómo aprovechar el legado, la bandera azul, los marcos de protección, los estándares de derechos humanos, los estándares y buenas prácticas publico-privadas que vienen internacionalmente para mejorar y apoyar procesos de desarrollo en el país.

¿Hasta cuándo harán seguimiento de la implementación?

El instituto acostumbra a hacer seguimiento durante diez años a la implementación de los acuerdos de paz en el mundo. En Colombia el nivel de análisis es mucho mas detallado, lo estamos mirando día a día y esta invitación es mientras duren los instrumentos de apoyo y seguimiento a la verificación. El acuerdo establece una temporalidad, vamos a ver qué pasa en el futuro y si Farc y Gobierno piden el acompañamiento.

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