"Hay que cerrar esa fábrica de víctimas que es el conflicto": Martín Santos

Julio 10, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros / reportera de El País.

Martín Santos, el hijo mayor del Presidente, dice que son bienvenidas las críticas al proceso de paz, “pero con argumentos”. Niega que sea el escudero de su padre.

Camino a Cuba, el pasado jueves 23 de junio, Martín Santos conversó largamente en el avión presidencial con su padre. Juntos revisaron línea a línea, hasta pocos minutos antes del arribo a la isla, el discurso que el Primer Mandatario pronunciaría ese día, cuando se anunciaría el comienzo del fin de la guerra con  las Farc.

Para los Santos, la paz se convirtió en un tema de familia. Aparece inevitablemente en las charlas al final del día. “Debatimos  sobre el proceso todo el tiempo, con mi mamá y mis hermanos”, dice el joven de 27 años, hijo mayor de Juan Manuel Santos.

Abogado de la Universidad de los Andes,  desde hace dos años dirige la Fundación Buen Gobierno y ha sido  compañero fiel del Presidente  en sus giras para buscar apoyo internacional al proceso de La Habana. El primogénito de los Santos Rodríguez se convirtió además en vehemente defensor de esa apuesta por la paz.

También en férreo  contradictor del uribismo. Desde su cuenta de Twitter ha llamado “buitre” al expresidente Álvaro Uribe (que lo bloqueó de su red social); se ha defendido de acusaciones de  Jerónimo Uribe y ha retado a líderes del Centro Democrático, como  Luis Alfredo Rangel, a que enseñe las pruebas de que es cierto que los desmovilizados recibirán sueldos millonarios. 

Otras veces ha creído necesario defender a su padre de las críticas, como cuando  el Presidente confesó haber consumido marihuana. 

Él niega, sin embargo, ser un escudero del Gobierno. “Cuando opino, lo hace  Martín Santos, no el hijo del Presidente. Lo que pasa es que no tolero tanta guerra sucia. No creo que todos tengan que estar de acuerdo con el proceso de paz ciento por ciento; bienvenidas las críticas, pero con verdad, no con desinformación”. 

Martín, lo devuelvo al pasado 23 de junio. Con tantos altibajos que ha tenido este proceso, ¿sí creyó de verdad que el fin de la guerra con las Farc llegara a concretarse?

Era la apuesta desde el inicio. Pero en el camino ha existido mucha desinformación. También miedo y escepticismo, pero  es normal porque Colombia se había acostumbrado a la  guerra. Así que entender que hay que pasar la página no es fácil. Mi padre hace una reflexión: el salto a la paz se parece a lo que hace un paracaidista. Antes de lanzarse al vacío está con miedo, sabe que jamás lo ha hecho, que es algo desconocido, que existen riesgos, pero cuando se decide se da cuenta de que es una experiencia inolvidable. Por eso no se arrepiente. 

¿Cuál ha sido el día más difícil de este proceso para los Santos?

El día que nos despertamos con la noticia del ataque a los soldados del Cauca, en abril de 2014, fue muy doloroso para mi papá. La presión de los políticos, los medios y la opinión  era inmensa. Pero  se mantuvo firme,  aguantó las críticas; él sabía que sería impopular sentarse a negociar con la guerrilla que más daño le ha causado al país, pero ese día nos dijo que no se había hecho Presidente para ser popular, sino para hacer lo correcto. 

Este proceso ha tenido en el Centro Democrático a su más feroz detractor. ¿Cómo han aprendido los Santos a lidiar  con el discurso de que el país va camino al ‘castrochavismo’ o que se le va a entregar a las Farc?

Es sano que en una democracia haya personas  de acuerdo y en desacuerdo con el proceso. Lo que no es sano es  esa campaña de mentiras. Desde el principio, los  opositores  decían que esta sería una paz armada, que las Farc no entregarían armas, que harían política con ellas. Y lo que vimos es que Naciones Unidas, en cabeza de Ban Ki Moon,  garantizará que se entregue hasta el último fusil para luego  fundirlos  y hacer  monumentos. Se habló también de una reducción del Ejército para sembrarles miedo a  militares y policías, pero jamás en la mesa se ha discutido la doctrina militar. Luis Alfredo Rangel aún insiste en que a cada desmovilizado se le pagará  $1.800.000. Lo confronté en Twitter y aún espero que me muestre las pruebas. 

Bienvenida la crítica, pero con argumentos, como la que hace el Polo Democrático. Pero en la sistemática campaña de desprestigio del Centro Democrático  han dicho que Timochenko será presidente y que nos vamos a convertir en otra Venezuela. Y hay quienes  creen esos cuentos. Y la oposición   sabe que una mentira repetida  se convierte en verdad. Pero si les preguntan  si han leído los acuerdos, le garantizo que el 90 % dirá que no. Al Centro Democrático se le ha invitado a sumarse al proceso, al propio Uribe directamente.  Las puertas han estado abiertas para escuchar las críticas, las  dudas, los miedos, pero ellos no han querido.

Usted ha sido un abierto detractor de Álvaro Uribe. ¿Aún sigue creyendo que le hace daño al país?

Hay muchos logros que se le deben reconocer. No hacerlo sería caer en el mismo juego de la oposición. Pero es desafortunado lo que pasa con él. Porque no entiende que también gracias a él, a que debilitó a  las Farc, es que esta guerrilla está sentada en la mesa negociando; fortalecidas  no se hubieran sentado en La Habana. 

¿Cómo entender que ahora se oponga al proceso de paz con las Farc cuando él  mismo intentó negociar con la guerrilla?

En su época intentó múltiples veces llegar a un acuerdo. Incluso, en circunstancias más laxas que las que él argumenta ocurren en este proceso. Cuando era senador presentó un proyecto para darles amnistía completa a los del M-19, y eso sí que es impunidad. Yo lo que creo es que desaprovechó la oportunidad de montarse al bus de la paz y que el Centro Democrático  escogió el discurso del miedo como principal bandera política. Sienten que si se alejan de eso pierden músculo político o que si hoy se acercan a la paz, los verán débiles. Pero con esta polarización no pierden solo  Juan Manuel Santos, ni Álvaro Uribe, pierde todo el país. 

Las diferencias no han sido solo con  Uribe, sino con sus hijos. ¿Cómo termina usted tan distanciado de ellos si finalmente los une el hecho de ser hijos del poder?

Jamás, y usted lo puede buscar en mi cuenta de Twitter y en mis entrevistas, los he mencionado, ni he hecho ningún señalamiento  contra ellos, aunque ellos sí lo han hecho conmigo. Nunca les he respondido a sus trinos ofensivos, no caigo en esa trampa, ni pretendo buscar rivalidad. La gente asume que tenemos mala relación, pero la verdad es que no los volví a ver desde hace muchos años. No los considero mis enemigos.

Una cosa debe ser lidiar con enemigos de la paz fuera de la casa, y otra muy distinta tener a esos enemigos en la propia familia. ¿Qué le dice hoy a Francisco Santos?

Para mí y para el resto de la familia es muy triste ver a Francisco Santos en esa actitud. Esperamos que algún día recapacite y entienda que está del lado equivocado. Nosotros no guardamos ningún rencor. Pero él es el único Santos que se opone a la paz.

¿Qué tan cerca ha estado realmente Martín Santos de la guerra que quiere acabar su padre?

No me ha tocado la guerra. Ni presté servicio militar. Pero creo que precisamente por eso muchos se sienten cómodos detrás de sus escritorios promoviendo la guerra y criticando el proceso, porque no los ha afectado, no han vivido la muerte de un ser querido o han enviado a sus hijos a combatir. Pero a la gente que vive en las regiones apartadas, sí. Y es por esas personas que hay que cerrar esa fábrica de víctimas que es el conflicto armado en Colombia. 

Muchos cuestionan ver al hijo del Presidente opinando sobre lo divino y lo humano en este gobierno, como si fuera un funcionario más... 

 Yo no tengo ninguna injerencia en el Gobierno. Ni soy funcionario público. Soy solo el hijo de Juan Manuel Santos, creyente de sus propósitos, de su visión de país. 

¿Será que a lo mejor Martín Santos dice lo que su papá debe callar?

Eso no es cierto porque yo disiento  a veces de lo que piensan mi papá o sus ministros. He tenido libertad para apoyar o disentir lo que he querido en este Gobierno. Mis opiniones son las de Martín Santos, no son de las del Presidente, ni las de sus ministros. 

Otros creen que más que director de la Fundación Buen Gobierno, creada por su padre, usted es en realidad su gran escudero...

No creo que sea su escudero. Para eso están  sus ministros y funcionarios. Lo que no tolero es el insulto, la mentira. Y a veces he creído necesario no quedarme callado frente a esas infamias, pero cuando he salido a expresar mis opiniones lo he hecho como cualquier ciudadano, no como hijo de un presidente.

La prensa también lo ha criticado. Incluso la Fundación para la Libertad de Prensa cuestionó su actuación en el episodio del periodista del portal Las Dos Orillas que lo acusó de usar un avión presidencial para una fiesta privada...

Esa es una de las miles de mentiras que se dicen  en Colombia. Ese periodista aseguró que yo me había ido de fiesta con unos amigos al reinado de belleza de Cartagena en un avión presidencial, lo que fue completamente falso. Todo el mundo supo después que quien estaba allá era el vicepresidente Germán Vargas Lleras. Entonces, claro, la gente les cree a los periodistas. Y algunos de esos periodistas viven de desinformar.

Pero se dijo que usted le pidió al medio que lo despidieran. ¿No es eso abuso de poder?

No pedí que lo despidieran. Solo  dije que si existe algún periodista que se dedique a mentir, no debería ejercer más esa función. Un periodista está llamado es a hablar con la verdad.

Volvamos al tema de la paz. A pesar de la guerra sucia, ¿es optimista frente al plebiscito?

Estoy completamente seguro de que los colombianos, al final, van a querer pasar la página y respaldar el Sí. Van a querer dejar atrás el pasado de temor, de guerra, de miedo.   

¿A quién de la oposición le gustaría ‘desmovilizar’?

A Carlos Holmes Trujillo. Lo invitaría a trabajar por la paz. A pesar de ser crítico del gobierno, su actuar es de construir y no de destruir. Incluso, fue invitado al reciente viaje a Cuba.

¿Será que alguna vez veremos la foto de Uribe y Santos firmando la paz?

Seis veces ha invitado mi papá al expresidente Uribe a sentarse a discutir, pero ninguna la ha aceptado. La oferta, por supuesto, no tiene fecha de vencimiento. 

Su antecesor en la Fundación Buen Gobierno, Germán Vargas, después de ese cargo se convirtió en uno de los alfiles de este Gobierno. ¿A Martín Santos lo seduce la política?

No, tengo pensado viajar al exterior en septiembre del próximo año a hacer una maestría. Espero que para ese entonces  pueda ver a Colombia en paz y sentir que ha valido la pena toda esta larga lucha.

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