Estas son las dudas sobre el posible desarme de las Farc

Enero 24, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Olga Lucía Criollo | Reportera de El País

Según expertos, pese al clamor general, las armas no deben destruirse antes de judicializarse. Posibilidad de que la guerrilla esconda arsenales está latente, dicen. Las Farc tendrían en su poder hasta 40.000 armas largas.

[[nid:394774;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/02/guerrilleros-farc.jpg;full;{Ametralladoras calibre 762 y morteros de 80 mm. son las armas de acompañamiento que suelen llevar los subversivos. Foto: Elpais.com.co | Archivo}]]

Casi seis décadas llevan los colombianos anhelando  que las Farc no vuelvan  a disparar. Sin embargo, hasta ahora  el país no había visto la necesidad de ponerse a pensar cómo tendría que producirse ese desarme para que sea real y creíble para toda  la sociedad nacional internacional. Lea también: ONU y Celac verificarán dejación de armas de las Farc

¿Cuántas armas tiene que entregar la guerrilla? ¿A quién se las daría? ¿Qué se debe hacer con ellas? ¿Qué garantía hay de que no van a dejar algunas escondidas? ¿Cómo se ha realizado ese proceso en otros países?

  Estos son algunos de los interrogantes que comenzaron a tener plena vigencia esta semana, después de conocerse que el Gobierno y las Farc acordaron solicitarle a la ONU que, junto a la Celac,  asuma la verificación del cese el fuego y la dejación de armas una vez se firme la paz en La Habana.

Y aunque es claro que todas seguirán siendo especulaciones hasta que la Mesa de Conversaciones no convenga los términos en los que se realizará el desarme, los expertos ya comenzaron a debatir  varios aspectos relacionados con el tema que necesariamente tendrán que ser abordados por los negociadores.

Cifras del Ministerio de Defensa indican que las Farc suman actualmente cerca de siete mil hombres que, de acuerdo con cálculos de Inteligencia, tienen en promedio cada uno un arma de corto alcance y otra de largo alcance.

Así, los cálculos iniciales  apuntan a que esa organización tendría que entregar al menos catorce mil artefactos, que fácilmente podrían ascender a 20 mil. Sin embargo, los expertos tienen claro que el arsenal acumulado por la guerrilla no se agota allí.

“Es importante que también se entreguen las municiones y los explosivos, y que se identifiquen a los conocedores de las técnicas para la fabricación y el sembrado de minas, para el recalce de municiones ya usadas o dañadas por la humedad, así como a los especialistas en esconder ese tipo de armas, municiones y explosivos”, dice Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos, Cerac.

Y agrega: “Yo me prepararía para recibir por lo menos 40 mil armas de fuego, la gran mayoría armas largas”.

A su vez, Jhon Marulanda, consultor internacional en seguridad, llama la atención sobre una realidad que se ha evidenciado en otros procesos de paz: la posibilidad de que las Farc no entreguen todo lo que tienen.

“Van a guardar una reserva   en algún lugar, pensando en que si las cosas no salen bien o comienzan a ser atacadas, ellas van a proclamar su derecho a defenderse”, dice antes de precisar que después de 60 años de estar combatiendo, “tienen la suficiente malicia para saber que ese es un riesgo muy grande”.

No obstante, Restrepo señala que eso se puede evitar con un programa de desarme de larga duración y de búsqueda activa de armamento, que incluya un cuidadoso control de fronteras y el mantenimiento del actual régimen de armas de fuego, que solo le permite el acceso a quienes tienen permiso concesional del Estado.

“Lo que tenemos que evitar es que se cree un mercado negro de armas en Colombia, a partir de un mal desarme”, apunta.

Aunque algunos sectores opuestos a los diálogos de paz todavía insisten en polemizar alrededor del término “dejación”, para los académicos es claro que no va más allá del hecho de que las Farc se niegan rotundamente a dar una imagen de rendición ante las Fuerzas Armadas.

Por eso es claro que, contrario a lo que sucedió en Ralito, cuando se realizó el acto de desmovilización de las AUC, esta vez “no habrá foto” que muestre el desarme real de la guerrilla, cuestión que puede alentar  la incredulidad de los colombianos en la pacificación del país.

 De ahí que, en opinión de Eduardo Álvarez Vanegas, coordinador de Dinámicas del Conflicto y Negociaciones de Paz de la Fundación Ideas para la Paz, sea clave que la verificación que haría la ONU sí  garantice que el armamento no estará más al alcance de  las Farc.

“Debe manejarse con mucha cautela el que las armas sean entregadas, que se les pueda hacer un rastreo, que sean ingresadas a un sistema de información para que  la sociedad colombiana y el mundo sepan que no se están quedando por ahí, que no están siendo encaletadas, aunque en estos procesos siempre hay un déficit de arsenal”, sostiene.

Por ello, para Marulanda, lo mejor es que los artefactos recuperados sean destruidos o enviados a otro continente, para que no terminen ‘guardados’ en países como Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua o Cuba -todos pertenecientes a la Celac- “porque al ser afines al chavismo no son garantía para la mayoría de los colombianos de que realmente no les van a devolver las armas a las Farc”.

Pero Restrepo no está de acuerdo con que sean destruidas mientras no se obtenga de ellas toda la información posible para ayudar a buscar la verdad que reclaman las víctimas. “En el caso del M19, de la Corriente de Renovación Socialista, las armas no fueron entregadas a un tercero de confianza ni inventariadas ni se guardó registro balístico, de gran importancia en los procesos judiciales”.

Entonces aparece otro tema de gran peso -pendiente por acordarse en La Habana- y es el sistema de seguridad que se implementará en las zonas donde se establecerá la guerrilla tras la firma de la paz.

“Si ellos comienzan a dejar las armas, pero los empiezan a matar, el resto no las va a dejar”, sostiene Ariel Ávila, coordinador del Observatorio de la Fundación  Paz y Reconciliación, quien agrega que “eso no se  resuelve  con carros y escolta ni llenando de militares las zonas de las Farc”.

Con él coincide Álvarez y precisa que la misión internacional debe considerar  los factores de amenaza  a la seguridad existentes en esas regiones, ya que es muy probable que allí confluyan “otras formas de crimen organizado, potenciales disidencias de las Farc y grupos que quieran copar  los vacíos de poder” dejados por la guerrilla.

Queda claro así que el reto que enfrentarán la ONU y la Celac -que como se sabe también incluirá la verificación del cese el fuego- será monumental, dado que la complejidad del conflicto armado colombiano no se agota en la  subversión que está sentada en La Habana.

   “El tema son las economías ilegales de la coca y la minería. Si eso se controla, si se hace una negociación con el ELN, si logramos ofrecerle un tema de sometimiento a la justicia a los Urabeños, esto sale bien, sino, puede salir mal”, puntualiza  Ávila.

Puntos básicos El programa de desarme no debeincluir la posibilidad de   pagarle a los guerrilleros  por la devolución de los artefactos.Para que una dejación se considere como desarme, los artefactos se deben quedar al cuidado de un tercero de confiabilidad no solo para las partes en negociación sino para el país en general.El fin de esas armas  debe ser la destrucción. No  se deben reutilizar ni canibalizar ni dejar para el uso discrecional de las FF. AA.Después de dos o  tres años, el armamento deberá  ser fundido para realizar un monumento que sirva como mecanismo de justicia restaurativa para las víctimas.El desarme de las Farc ocurriría  entre la firma del Acuerdo Final y antes de su refrendación popular.
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