"El miedo es el peor enemigo de los acuerdos": Rigoberta Menchú

Octubre 09, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Olga Lucía Criollo | Reportera de El País

Rigoberta Menchú, guatemalteca activista de los derechos humanos que en 1992 recibió el Premio Nobel de la Paz.

Rigoberta Menchú, dice que el Nobel de Paz es el comienzo de algo muy importante para los colombianos. “Es una esperanza para las víctimas”.

De ser pobre y campesina sabe ella. También de discriminación racial y de represión violenta. Es Rigoberta Menchú, la guatemalteca activista de los derechos humanos que en 1992 recibió el Premio Nobel de la Paz. Lea también: Otros Nobel de Paz felicitan a Santos y lo destacan como un líder valiente

Con ese ánimo, el de luchar por la justicia social, especialmente en clave de mujer, ha acompañado las negociaciones entre el Gobierno y las Farc en La Habana. Así lo testifican sus muchas visitas a Colombia para hablar de paz y de reconciliación y las 297 páginas que leyó para identificar las ventajas que en su opinión tiene el acuerdo firmado en Cartagena sobre el que se aprobó en su país en 1996.

“Los que no quieren el proceso de paz ya se pronunciaron. Lo más importante es ver cómo construye la paz el resto del pueblo colombiano”, le dijo a El País desde su casa en Ciudad de Guatemala, adonde una nube de periodistas aterrizó el pasado viernes para conocer sus impresiones sobre el histórico galardón que recibió el presidente Santos.   

Señora Rigoberta ¿Qué significado debe tener este premio, no para el presidente Santos, sino para el país?

Es un premio dedicado precisamente a todas las personas, los jóvenes, las mujeres, que sufren directamente los efectos de un conflicto armado. Es un desafío para las víctimas, una manera de darles ánimo para que salgan adelante con el proceso de paz. Es un mensaje profundo para alrededor del 63 % de la población que aún no se ha pronunciado en relación a la solución política como vía de finalización de un conflicto armado que ha causado muchísimo daño a generaciones. Pero también creo que es una oportunidad para el presidente Santos de ejercer un liderazgo extraordinario para seguir adelante con los acuerdos, es un mensaje para las partes en conflicto porque es parte de una memoria colectiva, viene a despertar nuevas emociones después del plebiscito, que parecía que dejaba pasmada la esperanza de los colombianos por un acuerdo de paz, y que es una voz extraordinaria de la comunidad internacional. Es mucho,  es el comienzo de algo muy importante para los colombianos.

¿Y por qué cree que  le fue concecido pese al resultado adverso?

Tiene una importancia histórica y extraordinaria el hecho de que se le otorga a Colombia el Nobel de la Paz después del plebiscito y de que un 30 % de la población se expresó en él. Los observadores internacionales y los que hemos acompañado el proceso entendíamos la complejidad de la situación, que el plebiscito era voluntad y una valentía del Presidente de acudir al voto popular, sabíamos que no era indispensable, pero que lo hizo con la fe de que la gente debía expresarse. También tenemos claridad que solo es un 30 % el que se ha manifestado  y que queda gran porcentaje, muchos miles de jóvenes, mujeres, personas que viven en  áreas marginales o que tendrían una visión de paz a su manera, que no lo han hecho. 

¿Es entonces  un impulso para que el Presidente persevere en su propósito de lograr el acuerdo de paz?

No exactamente. Seguramente hay una parte que le toca a Santos por ser el presidente de una gigante nación como Colombia. También hay una parte que se refiere a los esfuerzos y valentía de él de encabezar un proceso complicado, pero que a la vez está dando resultados sólidos, porque todo lo  firmado han sido tras cuatro años de negociaciones. De otra parte, creo que es un llamado al 63 % de colombianos que aún  no se manifiesta entorno a la paz. Ojalá  esto  les dé más información y entusiasmo para ser protagonistas de una histórica paz que debe ocurrir en Colombia. 

¿Y por qué cree que el galardón no incluyó a ‘Timochenko’?

No tengo información precisa de cómo fue la inscripción, eso es confidencial del Instituto Nobel, pero estoy segura que ellos tienen  claro el panorama en Colombia, han acompañado el proceso de paz, tienen información más allá de lo que podemos manejar quienes estamos apoyando pero no somos protagonistas número uno. Este es un premio político, de respaldo a la paz en Colombia y a un proceso que pasa a las páginas de la historia universal porque  el Premio Nobel también persigue que la historia que contarán nuestros hijos y nietos por varias generaciones futuras sea de  equilibrio. No es posible pensar que la guerra sea viable y que haya que decir no a la paz. Aquí hay una reflexión muy profunda que se debe hacer.

¿Qué tanto peso pudo haber tenido que Noruega, donde se entregan los premios, sea garante del proceso de negociación?

Durante más de cien años el Instituto Nobel ha estado al lado de los procesos de paz de todo el mundo; igual que acompaña el proceso de Colombia acompaña el de  Siria y en muchos otros rincones del planeta, y no a todos les da el Nobel. Lo otro es que hay un jurado que toma las decisiones sin ninguna injerencia o presión externa y por eso  se mantiene con mucha discreción. Los premios Nobel podemos inscribir candidatos, pero no votamos. La trayectoria del Instituto es prestigiosa porque también acompaña el posconflicto y los éxitos futuros. Es una voz de la comunidad internacional que se  manifestó en Colombia. 

Su país vivió un proceso muy similar al nuestro. ¿Qué lecciones se pueden recoger del caso guatemalteco para Colombia?

Los años  enseñan que todo proceso de paz es resultado de un permanente diálogo, de nuevas alternativas para no caer en las armas y que el ser humano pueda opinar. Las armas no discuten, las armas se disparan, la diferencia está en que el ser humano tiene la capacidad de discutir. Nunca hay que perder ese sentido de proceso, que es lo que tienen los acuerdos de paz. También está la esperanza de que cambien las estructuras de poder para que no se abuse en nombre de la población. Puedo decir que intereses   políticos, de protagonismos personales, económicos e ideológicos se confrontan en un proceso de paz y por lo tanto ningún proceso se hace de la noche a la mañana. En Guatemala recibimos el premio en 1992, se firmaron los acuerdos en el 96, y en el 97 se inició la preparación para un plebiscito  para ver si el sistema debía dar un impacto fuerte como una constituyente o solo reformas al sistema que teníamos, entonces la decisión que tomáramos era parte del proceso.  

 ¿Qué les diría hoy a los colombianos que  votaron por el No?

Los que no quieren el proceso de paz ya se pronunciaron  y podemos cuantificar cuántos lo hicieron. Lo más importante es ver cómo construye la paz el resto del pueblo colombiano, especialmente las mujeres, los jóvenes, las víctimas, las personas que viven en las áreas de conflicto. Muchas veces el que vive en el área urbana o tiene un trabajo asegurado tiene una filosofía distinta de la paz que las personas que piensan que  es vida o es muerte. Por eso es que el mensaje que hemos dado siempre es que no haya más muertos ni soldados ni guerrilleros ni civiles, que se respete la vida, sobre todo donde la gente está ansiosa porque llegue una solución política al conflicto. No todos tienen los mismos intereses ni la dimensión del sufrimiento que viven las víctimas y por eso esto es una esperanza para las víctimas.

¿Son ellas, las víctimas, las llamadas a rescatar este proceso de paz?

Pienso que no es rescatar, es realmente el compromiso para que los acuerdos de paz se conviertan en una alternativa de desarrollo integral, en una posibilidad de volver a empezar la vida; la gran esperanza de volver a hacer una casa, de encontrar la familia, de descansarnos un poquito de todo el sufrimiento. Y creo que las víctimas tienen esa posibilidad de reiniciar una página de su historia sin tener que olvidar ni despojarse de su memoria. Les pido comprensión a las personas que no son víctimas porque es más fácil observar el sufrimiento de otros que vivirlo. El respeto, la tolerancia, el diálogo son valores que pueden ir creciendo en  la población y es importante que se quiten de la mente que no hay alternativas, siento que el pesimismo después del plebiscito es increíble.       

¿Cree que las Farc también llamadas a ceder en esta situación?

Para replantear un proceso de paz tiene que haber interlocutor idóneo para que se haga otro formato. En este caso no podemos decir que no están bien los acuerdos en tanto que la mayoría del pueblo colombiano aún no conoce la totalidad y las particularidades de cada uno. Yo tuve la oportunidad de tener tanto los documentos integrales como los resúmenes que circulan y veo que hay muchos avances que en Guatemala no hicimos en su momento y que se tuvieron que hacer a lo largo de 20 años y por eso hay una percepción diferente de lo que allá está ocurriendo. Es muy importante que se conozcan los acuerdos, que se vea con qué no se está de acuerdo, pero que no porque no están de acuerdo con una parte quieran desechar todo. El miedo es el peor enemigo de los acuerdos de paz, yo les diría que derroten la cultura del miedo para que puedan participar.

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