Historias Humanas
Cinco colombianos marcados por el 9-11
Por: Jorge Enrique Rojas - Reportero de El Pais
Cinco años después de la mayor tragedia en la historia de Nueva York, la barbarie del terrorismo aún golpea a sus habitantes. Cinco colombianos cuentan su tragedia y recuerdan el horror de ese día. Hoy, a una caleña, el sueño americano la hace vomitar. Una madre se siente estafada por el Gobierno americano y una familia entera aguarda la aparición de su hijo Francisco. Historias entre las ruinas.
1. La ex, nueva millonaria
Luz América ya no habla con tristeza. Tiene voz ronca y rabiosa. La mamá de Wilder Gómez, el mesero colombiano que quedó sepultado bajo las torres gemelas, dice que todo lo que ha pasado desde de la muerte de su hijo ha sido tan desesperante como los nueve segundos que tardaron en desplomarse los edificios.
Wilder trabajaba en el piso 107 en el restaurante Window of de World. De lo que ganaba, cada mes le daba 500 dólares para ayudarla con la renta y el mercado. El resto era para el colegio de su hija Stephany y abonar a la deuda de una camioneta Dodge Caravan Roja. En ese carro, recuerda Luz América, él era feliz.
A veces, los domingos, iban a pasear: escuchaban salsa, cantaban boleros, comían helados, se olvidaban del frío. Wilder le daba besos, aseguraba que siempre la iba a cuidar. Hoy, la mujer dice que la promesa incumplida no sólo es culpa del terrorismo. A pesar de que su hijo compartía la casa con ella y que estaba divorciado, la indemnización por su fallecimiento se la entregaron a Tatiana, la ex esposa.
A la madre, entonces, le tocó volver a trabajar catorce horas diarias cosiendo en una textilería de Manhattan. En estos cinco años se gastó los ahorros en abogados tratando de rescatar algo de lo que le correponde.
Mientras tanto la exposa anda por ahí, derrochando. Según Luz América, entre lo que recibió de las colectas hechas por la comunidad latina y la indemnización legal, la mujer tiene 900.000 dólares en la cuenta. Lo último que se supo de ella es que compró un auto convertible, dos abrigos y consiguió otro marido. Al fin y al cabo, casi es millonaria.
2. Recogiendo dedos, orejas
Barrer las calles y remover escombros ahí, donde una vez estuvieron las torres gemelas, iba a ser un trabajo más. Otro, como a los que había terminado por acostumbrarse desde que llegó a los Estados Unidos en 1996. Uno más de esos para los que sólo sirven los latinos.
Patricia Salazar, caleña, 46 años, ojos cafés, dueña de risas fáciles y madre de tres niñas, pasó once meses en la Zona Cero limpiando cenizas que olían a carne chamuscada, encontrando dedos, trozos de músculos, orejas.
Pero después de eso todo cambió: por culpa de los gases que inhaló, del ripio del cemento que tragó, del contacto con los muertos durante 341 días, las paredes de su estómago se llenaron de úlceras que aún no sanan. Desde entonces, sufre de gastritis y reflujo y el estómago se le hincha tanto, que sólo le sirve la ropa de maternidad. Ahora, a Patricia, el sueño americano la hace vomitar.
Por eso ya no puede trabajar como antes. Sus días pasan lento, en un apartamento de dos cuartos en Jackson Hill, esperando que algo resulte.
Y haciendo trámites junto a una ecuatoriana que arrastra los mismos dolores, para poder reclamarle al gobierno americano una reparación digna para los males que ellas y otros 13.198 latinos sufren desde hace cuatro años por la misma causa. Patricia dice que hay casos más graves. Asegura conocer venezolanos, bolivianos, peruanos, mexicanos, en peores condiciones: esta semana fue revelado que el 40% de quienes trabajaron haciendo limpieza en la Zona Cero padecen enfermedades pulmonares, un 18%, lesiones musculoesqueléticas y otro 42%, trastornos sicológicos.
Ella teme que todo empeore hasta tal punto que tenga que regresar. Aunque ya lo supone, se convirtió en una mujer enferma, no apta para ese país: ya no puede tener tres trabajos al día, ni aguantar hambre, ni frío, también sufre de rinitis. Su tratamiento vale 400 dólares mensuales.
EL DATO CLAVE Zacarías Moussaoui es el único detenido que hay por los atentados contra las torres. De 37 años, este francés de origen marroquí, cuando fue condenado a cadena perpetua, sólo dijo: “¡Que Dios bendiga a Osama bin Laden! | | 3. Lo siguen esperando
Francisco Eladio Muñoz: 1,80 de estatura, 90 kilos, ojos cafés, pelo negro. Señas particulares: cicatriz sobre la ceja derecha. Estado: desaparecido desde el 11 de septiembre del 2001.
Los carteles todavía están por allí, en todos lados, en las calles de New Jersey, California, Orlando, San Petesburgo.
Ana Sofía, una tía suya, cuenta que hicieron imprimir diez mil y que los han repartido en supermercados, iglesias, parques, colegios, hospitales, aviones, donde han podido.
Ya no saben qué hacer. Nadie sabe nada. En el barrio Corona de Nueva York, Altagracia, la mamá de Francisco, mantiene la foto del muchacho pegada en el portón. Adentro, su cuarto permanece intacto. Ella cree que un día Francisco puede aparecer y, seguramente, tendrá ganas de recostarse.
En los hospitales no les dan razón. Diez meses después de ocurrida la tragedia, Ana Sofía recuerda que la Cruz Roja logró recopilar tantas partes de los cuerpos que quedaron dispersos en las ruinas, que tuvieron que almacenarlos en una bodega en la que cabía un bus.
A Altagracia le hicieron cuatro pruebas de ADN para cotejarla con los restos pero, según los médicos forenses, de Francisco no hay ni una uña.
Ella afirma que esa es la prueba de que ese país no es tan poderoso como aparenta, que cinco años después de los atentados se sigue derrumbando irremediablemente. Aún así, no se quiere ir.
El año pasado un policía desaparecido fue encontrado en una institución mental. La madre reza todas las noches para que su hijo, el ingeniero de sistemas, también esté en una cama cualquiera, tratando de recordar cómo regresar.
4. Salty, amigo fiel
Hace cinco años Ómar Rivera, un ingeniero invidente que trabajaba para el Departamento Tecnológico de Servicios de Información, fue uno de los pocos colombianos que logró salir con vida del colapsado World Trade Center.
Rivera dijo que el milagro de la vida se lo debe a Salty, el labrador dorado que le servía como lazarillo. El hombre, que se encontraba en el piso 71 de la torre dos, contó que en el momento del impacto del segundo avión, el perro empezó a halarlo por las escaleras y no se separó de él hasta que salieron del edificio.
Rivera también recordó que Salty no ladró a pesar de la conmoción y el tumulto: fue silencioso, un ángel guardián.
Afuera, en la calle, patinando entre las cenizas, Salty siguió arrastrándolo y lo hizo correr varias manzanas, perderse entre los carros apiñados. Sólo paró cuando los dos estuvieron a salvo.
5. Y halló sonrisas
Uno de los héroes anónimos de ese 11 de septiembre del 2001 en el que la intolerancia acabó con 3.044 vidas inocentes, fue el pereirano Luis Eduardo Marulanda.
Él, bombero, 37 años, técnico en emergencias médicas y experto en estructuras colapsadas, estaba en Nueva York negociando la compra de ambulancias para implementar un servicio comunitario en el Eje Cafetero. Cuando supo de la tragedia se trasladó al sur de Manhattan y se ofreció como voluntario.
Entonces lo asignaron al grupo de estructuras averiadas y pasó días caminando sobre las montañas de escombros.
Allí, entre los hierros retorcidos, ayudó a recuperar cadáveres, cuerpos sin cabeza, troncos desmembrados. Y también pudo sacar a varias personas que se encontraban atrapadas entre bloques de concreto. Entonces, entre la muerte, encontró abrazos, caras felices, sonrisas.
Datos curiosos
A raíz de la tragedia en Nueva York nació el ‘turismo del desastre’: de él hacen parte los miles de extranjeros que viajan diariamente sólopara tomarse una foto en la Zona Cero.
El ‘tour’ incluye camiseta con las torres gemelas sobre la inscripción “jamás las olvidaremos”, gorra de la policía de Nueva York y la réplica de una foto de los bomberos que izan la bandera de los Estados Unidos sobre las ruinas.
De esto se han aprovechado los hoteles de la zona, que cobran hasta US$700 por noche.
Cronología
- 11 de septiembre (10:28 a.m.): La torre norte del World Trade Center se desploma desde su altura hasta el nivel de la calle, provocando una segunda nube de partículas, polvo y humo. Todos los edificios del Gobierno Federal en Washington son evacuados.
- 11 de septiembre (11:02 a.m.): El alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, exhorta a todos los residentes en la ciudad a permanecer en sus casas y ordena la evacuación inmediata de toda la zona sur a partir de la Calle Canal.
- 11 de septiembre (1:04 p.m.): El presidente George W. Bush, hablando desde una localidad no identificada, dice que se han tomado todas las medidas de seguridad apropiadas, incluido el poner en máxima alerta a sus tropas en todo el mundo.
- 14 de septiembre: El Congreso norteamericano aprueba con una votación de 420 contra uno, la autorización para que el presidente George W. Bush use "toda la fuerza necesaria y apropiada" para combatir el terrorismo.
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