Perfil
Gobernador a los 28
Nació en Cali y vivió en Guacarí hasta los 14 años. Sin embargo, siempre visita este pueblo los fines de semana.
María del Pilar Ruiz IEl País |
| Juan Carlos Abadía, el nuevo mandatario del Valle, es amante del fútbol, los caballos y la música. Quiso dedicarse al agro, pero se decidió por la administración de empresas.
Lo que más repiten todos los que lo conocen es que tiene 28 años. Un mérito, para quienes consideran que su vida ha ido a todo vapor y que es un logro que a esa edad se haya convertido en gobernante del Valle del Cauca. Un defecto, según aquellos que lo ven como alguien “biche” para tamaña responsabilidad.
Durante esos 28 años, cumplidos el pasado 12 de febrero, la vida de Juan Carlos Abadía Campo la vida ha oscilado entre el ritmo de un joven común y retos que en muchos casos sólo llegan décadas más tarde.
Aunque nació en Cali, pasó su niñez y adolescencia en Guacarí, con su madre, Colombia Campo. Su casa estaba frente a la plaza principal del pueblo, donde se le vio jugar fútbol hasta los 14 años.
Los habitantes del 'municipio del samán' lo recuerdan como “un muchacho callado”, que le hacía mandados a la mamá y tenía suficientes amigos como para siempre poder armar un partido.
Pero, ante todo, Juan Carlos siempre fue conocido por ser el hijo de Carlos Herney Abadía, ex congresista y cacique político del centro del Valle.
Nunca vivieron juntos y personas cercanas aseguran que su relación es respetuosa, pero distante. Por su lado tiene cinco hermanos más, unos seguidores políticos heredados por tradición y un tema del que jamás podrá escapar.
“Mi padre fue condenado por el Proceso 8.000. Al principio lo critiqué porque yo era niño. Pero lo perdoné porque al fin y al cabo es mi papá y lo quiero”, dice.
Subió por primera vez a una tarima en Guacarí, a los 8 años, cuando su padre aspiraba a la Asamblea. Dio un discurso corto y le quedó gustando. Mientras tanto, seguía asistiendo al Colegio Los Andes, de Buga, donde estudió hasta décimo grado, año que perdió. Siempre fue un alumno discreto, cuentan sus compañeros.
El castigo por haber reprobado fue enviarlo al colegio Patria, en Bogotá, donde terminó el bachillerato. Allí su camino empezó a unirse más con el de Carlos Herney, a quien empezó a ver más frecuentemente.
Los años fuera no borraron su marcado acento valluno ni modificaron la paciencia de su carácter.
Aunque su idea inicial era dedicarse al negocio de la agricultura, se decidió por la administración de empresas en la Universidad Santiago de Cali.
A los 18 años se hizo asesor de la Cámara de Representantes y aún sin graduarse fue diputado y luego concejal.
El muchacho. Paralelo a la vida del naciente político ha discurrido la del joven que va al gimnasio dos horas cada mañana, juega tenis y tiene a Juanchito, el barrio Granada y el estadio Pascual Guerrero como sus lugares favoritos.
Hace seis meses suspendió la práctica del tenis, es un apasionado del vallenato y pocas cosas le gustan tanto como los caballos y el fútbol. Muestra de ésta última pasión es una colección de 80 camisetas de distintos equipos del mundo.
En el estudio de su apartamento, abundan las películas y algunos recuerdos de Terminaitor, Hulk y Star Wars. Allí, en el barrio el Peñón, es la cabeza de una familia conformada hace cuatro años con Andrea Solís, a quien conoció en las tascas de la Feria de Cali y de la que fue novio un mes.
Aprendió a ser padre con el hijo de ella, Fernando José, de 4 años, y busca mejorar su labor con Juan Carlos, que nació hace nueve meses.
En cuanto a la lectura prefiere los periódicos y las revistas, aunque muchos de ellos han criticado su acelerado ascenso en la política y ha asegurado que tras su carrera también está la huella del senador Juan Carlos Martínez.
La presencia del congresista en la vida de nuevo Gobernador no sólo está en que ambos crecieron políticamente bajo las alas de Carlos Herney Abadía. Martínez es el padrino de su hijo y hasta viven en el mismo edificio.
Golpes. Hace dos semanas Juan Carlos pasó por el momento más amargo de su vida. Su madre murió tras una intervención quirúrgica en el corazón y lo dejó con las ganas de mostrarle que había cumplido el sueño de ser mandatario.
En el recuerdo quedaron las visitas que le hacía los domingos en la casa de Guacarí y los cholados que ambos se comían en el parque. De ella, asegura, sacó la vocación por el servicio social y “el buen corazón”.
Doña Colombia tampoco verá los esfuerzos de su hijo por buscar su gran sueño: ser Presidente de la República.
De momento, la atención de este devoto de la virgen, que entrelaza las manos cuando habla, se concentra en el presente. Ahora serán sus pasos los que se escuchen en piso 14 del Palacio de San Francisco. El “muchacho”, como él mismo se dice, será quien lleve las riendas del Valle del Cauca.
Trayectoria
Administrador de empresas de la Universidad Santiago de Cali, USC, y especialista en derecho administrativo de la Universidad Libre.
Fue diputado del Valle a los 21 años y presidente de la Corporación cuando fueron secuestrados por las Farc sus doce compañeros.
En ese momento era segundo vicepresidente de la Asamblea del Valle.
Tres años más tarde fue concejal de Cali, donde obtuvo la segunda votación.
Se postuló a la Gobernación del Valle con 140.000 firmas y cuenta con el respaldo de Convergencia Ciudadana y otros movimientos políticos.
Un día sin mayores afanes
En Guacarí y con mucha tranquilidad inició ayer el día del nuevo gobernador electo del Valle del Cauca, Juan Carlos Abadía Campo.
Tuvo una mañana calmada. Compartió el desayuno con sus pequeños hijos, Fernando José y Juan Carlos, y su esposa, Andrea. Antes de las 7:00 a.m., tomó rumbo hacía el cementerio de esta localidad, donde reposan desde hace catorce días los restos de su madre.
Ante su tumba, y con el dolor por la pérdida fresco, le pidió que le iluminará el camino. “Si me eligen Gobernador, sé que tendré la bendición de mi mamá y todo saldrá bien”, dijo.
Luego de unos minutos de recogimiento caminó las calles de la localidad. A cada paso se sumaron más simpatizantes y una mancha blanca lo siguió entonando varias arengas.
Algunos de ellos, sin tan siquiera abrirse las mesas de votación ya se atrevían a llamarlo Gobernador. Él, conservando la compostura, siguió la marcha hasta la Escuela Normal Superior Miguel de Cervantes Saavedra.
Allí, a las 8:30 a.m., en la mesa nueve depositó su voto y después animó a la ciudadanía para que siguiera el ejemplo.
Saludó a los amigos de siempre y a los que apenas conocía, luego se fue para los corregimientos de Guabitas, Guabas y Sonso, todos de Guacarí.
En esos momentos recordó que cuando era niño votaba más de diez veces. “Me levantaba muy temprano y ayudaba a los viejitos para que se ubicaran rápido en las mesas, además les explicaba cómo votar”, contó.
Cerca al mediodía retornó a la cabecera municipal y observó el comportamiento de la gente, se encontró con la senadora Dilián Francisca Toro y compartieron saludos.
Se veía contento, es que toda la comunidad se volcó a las urnas e hizo valer su derecho a la democracia, explicó.
Almorzó en un restaurante en el que preparan los sancochos que tanto le gustan. Luego de unas horas y cuando estaban próximas a cerrarse las mesas de votación arribó a Cali.
Con un grupo de amigos escuchó los primeros boletines que anunciaban su victoria, pero fue frente al pueblo que lo vio crecer que dijo las primeras palabras que lo acreditaban como el nuevo Gobernador del Valle.
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