Entrevista
“Los bancos engañaron a la gente en EE.UU.”
Por Alfredo Garcia Sierra
El ex ministro y ex secretario de la Cepal, José Antonio Ocampo, analiza las causas de la crisis estadounidense y su impacto sobre Colombia.
¿Cuál será el verdadero impacto de la crisis financiera estadounidense en la economía colombiana?
Hay varios tipos de impacto. Uno es el freno al exceso en la entrada de capitales, pero ese impacto hasta ahora ha sido incluso favorable, porque ha corregido la fuerte revaluación que teníamos. Obviamente, ha castigado a la Bolsa de Valores de Colombia, pero ese es un choque que de todas maneras a mí no me parece negativo. Se puede volver negativo si hay una parálisis total de los créditos a las empresas y al Gobierno. Me parece que después de esta coyuntura esa situación se puede corregir. El impacto financiero directo, como yo lo veo en este momento, salvo que se profundice la crisis, es manejable. E incluso tiene algunos elementos positivos.
¿Y cuáles son los elementos negativos?
Esta crisis no tendrá elementos positivos sobre la actividad económica y los precios de los productos básicos, debido a la recesión que se viene en todos los países industrializados. Creo que en ese caso el impacto ya se está viendo, y en este trimestre que terminó, sin duda comenzó la recesión fuerte en los Estados Unidos.
Ya el grueso de los países europeos y Japón están en recesión, de allí que haya un impacto sobre las exportaciones, pues los precios de los productos básicos vienen bajando a un ritmo demasiado rápido, lo cual nos afecta directamente en estos momentos de desaceleración económica.
¿Está blindada la economía colombiana, frente a los choques externos, como asegura el Gobierno?
El concepto de blindaje es muy subjetivo. Todas las economías son susceptibles frente a la crisis. Esa teoría de que los países en desarrollo pueden seguir creciendo aún con una crisis en las naciones industrializadas, no tiene sustento.
Un ejemplo de ello es la China, que posee multimillonarias reservas internacionales y un sector exportador más sólido que el colombiano, pero experimenta hoy fuertes caídas en la bolsa y en la finca raíz, y se pronostica que su crecimiento exportador va a ser cercano a cero este año. Pero la gran ventaja que tiene China es un mercado interno fuerte por explotar.
En el caso colombiano me parece que estamos mejor que antes de la crisis de 1998 y 1999. Las finanzas del sector privado son sólidas, aunque ha habido un auge del crédito, especialmente de consumo, que puede ser peligroso.
Lo negativo es la situación de las finanzas públicas, porque en la crisis anterior la deuda del Gobierno era del orden del 20% del PIB. Entonces el margen fiscal que se va a tener en esta coyuntura va a ser mucho menor que el que tuvo la administración Pastrana.
¿El Gobierno de Álvaro Uribe no ha sido juicioso en controlar el gasto público?
Los niveles de endeudamiento han venido bajando, pero siguen siendo muy altos. Creo que en la coyuntura de auge que estábamos viviendo era aconsejable un menor crecimiento del gasto. Y en el futuro eso debe ser importante.
Por eso digo que, curiosamente, el margen que tiene ahora el Gobierno es menor frente al que había antes de la crisis de 1998 y 1999. La administración Pastrana pudo mantener un déficit fiscal muy elevado durante la crisis, que a mi juicio fue una decisión acertada por el bajo endeudamiento que había entonces. Pero ahora ese margen es mucho menor.
¿Debido a esa falta de juicio en el gasto Colombia está hoy más lejos de alcanzar el grado de inversión que busca?
Las calificadoras de riesgo van a ser mucho más cautelosas en la coyuntura actual. Pero finalmente esa situación se va a dar.
¿Con el frenazo de la economía en el primer semestre, cuál es el riesgo de caer en un escenario de estancamiento con alta inflación?
Creo que la inflación va para abajo, lo mismo que el crecimiento económico, pero no vamos hacia un estancamiento. Habrá un crecimiento más lento, algo así como del 4% este año, o un poco menos. E incluso quizás un 3% el año entrante.
En toda América Latina en este momento hay desaceleración y las circunstancias excepcionales de carácter externo que permitieron el auge de los últimos años, se acabaron. Esas circunstancias eran tres: los elevados niveles de remesas, las condiciones de financiamiento excepcionales y los altos precios de las materias primas. En todos estos aspectos vamos para atrás.
¿Y un crecimiento económico del 4% no es muy pobre frente al grave problema de pobreza y desempleo del país?
Infortunadamente el lunar del auge reciente de la economía es que la creación de empleo fue muy poca. Este es un debate que debe darse para establecer por qué es tan baja la generación de puestos de trabajo en Colombia. Yo diría que ese comportamiento no fue malo, sino mediocre.
Según eso, ¿Usted cree que el modelo económico que se viene aplicando no es el adecuado?
Hay varias teorías, y una de ellas es que habría que pensar en cuál es la estructura del crecimiento económico. Y sobre todo, por qué los sectores que estamos promoviendo no generan empleo y cómo se pueden impulsar otros que si lo hagan.
La otra alternativa es repensar los impuestos a la nómina, pero éstos tendrían que ser sustituidos por recursos tributarios de carácter general. En otras palabras, bajar los parafiscales y elevar otros impuestos.
¿Es decir, otra reforma laboral para flexibilizar los costos al empresario?
No estoy proponiendo flexibilizar los costos, sino reducir los costos del empleo formal. Eso es diferente. No creo que el problema del mercado del trabajo en Colombia es que sea inflexible.
Los impuestos a la nómina son una carga muy alta para las empresas. De otro lado, habría que pensar en cómo se aumenta el impuesto sobre la renta para compensar lo que se haga en ese campo, es decir, para financiar al Sena y a las otras entidades que no van a tener la misma cantidad de recursos. Habría que crear, a mi juicio, otras fuentes de financiamiento atadas al impuesto sobre la renta. No hay otra forma de hacerlo en Colombia.
Es decir, ¿usted propone que se haga una nueva reforma tributaria?
Si la opción que se escoge para generar más empleo formal es bajar los impuestos a la nómina, eso hay que compensarlo con una elevación del impuesto sobre la renta. Eso no significa un alza total de los tributos, sino un cambio en la naturaleza de esos impuestos. Y antes de eso, lo que yo haría sería una depuración radical de los beneficios tributarios específicos que hemos venido acumulando, porque son muy costosos. El Gobierno debería presentar un cálculo muy detallado sobre cuánto cuesta cada beneficio tributario en la ley.
¿Llegó la hora de que el Banco de la República baje sus tasas de interés?
Yo creo que ahora si va a ser posible bajar las tasas de interés y no cuando el Gobierno quería. Ahora que la inflación está cediendo y la coyuntura internacional es menos favorable para nosotros, considero que va a ser posible reducir las tasas de interés. Eso debe comenzar pronto, incluso este año. El desbordamiento del crédito de consumo, luego de las medidas del Emisor, ya pasó.
¿Qué tanto le pegará la crisis estadounidense a Latinoamerica?
Las bolsas de valores van para abajo, las tasas de cambio se están devaluando y los precios de los productos básicos vienen en retroceso, lo cual desacelerará las exportaciones de América Latina. Por lo tanto, las perspectivas de un menor crecimiento económico son evidentes para este año y el 2009. El año entrante incluso será más débil, y si la coyuntura internacional se deteriora, tendremos un crecimiento relativamente lento.
Los dedos acusadores en el mundo afirman que la actual crisis financiera es culpa de la irresponsabilidad y la avaricia de los banqueros estadounidenses. ¿Comparte ese pensamiento?
El núcleo fundamental de toda esta crisis es la regulación. Es un tema sobre el cual hemos hablado y escrito extensamente durante años. Cuando los sistemas financieros no están bien regulados, hay una tendencia a asumir demasiados riesgos, baja capitalización y excesivo apalancamiento. Esos niveles de riesgo, más temprano que tarde, terminan golpeando y reflejándose en crisis financieras.
Eso fue lo que ocurrió en Estados Unidos, además, incluso, de que hubo normas débiles de protección a los consumidores, pues todas las deudas hipotecarias de baja calidad fueron ofrecidas con ‘endulzantes’ para que la gente las tomara. Eso finalmente terminó quebrando al ciudadano común.
¿En otras palabras, los banqueros se burlaron de las normas?
A una persona financieramente no sofisticada, o con baja capacidad de pago, los bancos le vendían un producto que era virtualmente un engaño. Le decían pague una tasa de interés muy apetecible durante dos años, pero en la práctica toda la diferencia se la iban a cobrar a partir del tercer año, que era el grueso de los créditos hipotecarios. Por eso la gente se reventó. Esa fue una violación de las normas de defensa del consumidor.
¿Y eso no es algo parecido a lo que ocurrió en Colombia con el sistema Upac, con el que mucha gente perdió su casa?
No. Esto es mucho peor. De hecho, luego de la crisis volvimos al sistema Upac. Lo que tenemos hoy (con la UVR) es lo más parecido al sistema inicial.
El problema del sistema Upac se generó con la liberalización financiera de comienzos de los años 90. Al eliminarse el Fondo de Ahorro y Vivienda, Favi, se tomó la decisión de atar la corrección monetaria a la tasa de interés, y cuando hubo el apretón monetario de 1994, 1995 y 1998, la gente se fue reventando. La realidad es que la corrección monetaria no era tal, sino una tasa de interés excesivamente alta. Eso fue lo que acabó con el sistema Upac y no hubo engaño. En Estados Unidos lo que hubo fue un engaño al público. Lo digo porque incluso a mí me ofrecieron esas hipotecas. A mucha gente la engañaron.
¿Diría usted que hubo una especulación abierta y descarada?
Hubo agentes financieros extremadamente sofisticados que especularon, pues con muy poco capital podían hacer unas grandes utilidades en unos mercados que estaban exuberantes. Es un engaño incluso de las propias calificadoras, porque las titularizaciones hipotecarias –dentro de todo ese sistema supremamente sofisticado que se inventaron— permitieron aislar algunos de esos títulos del supuesto riesgo que tenían. Se equivocaron. Allí también hubo gente sofisticada que se equivocó en su juicio. Puede llamarle avaricia, o quizás mala comprensión de los riesgos.
¿Ese salvavidas financiero, que todo el mundo tendrá que pagar en Estados Unidos, es tan bueno como dicen?
Esos planes de salvamento en otros países han funcionado. Puede que no sea suficiente, y que haya que hacer más ajustes después. Pero creo que este salvavidas financiero es necesario.
Perfil
José Antonio Ocampo
Nacido en: Cali en el año de 1952.
Estudios: Adelantó estudios en la Universidad del Valle y a los 23 años terminó su doctorado en economía en la Universidad de Yale. Su trayectoria lo ha llevado a ser catedrático en las universidades de Cambridge, Yale, Oxford, Columbia, y Los Andes y Nacional de Colombia.
Cargos: fue Ministro de Hacienda y de Agricultura, Secretario General de la Comisión Económica para América Latina, Cepal. También fue el director de Fedesarrollo y de Planeación Nacional. Su último cargo fue el de Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas para Asuntos
Económicos y Sociales.
Galardones y libros: En 1998 recibió el premio de la Fundación Alejandro Angel por su libro Historia Económica de Colombia. En 1997 obtuvo la Orden de Boyacá. Ha escrito más de una veintena de libros sobre economía.
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