Festival de cuenteros
Nicolás Buenaventura: El señor de las historias
Carlos García / Elpais.com.co
Para el cuentero Nicolás Buenaventura, la música es otra forma de narrar.
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| Vestido con ropas oscuras, acompañado de algunos instrumentos musicales y acariciando el suelo con sus pies descalzos, Nicolás Buenaventura encantó con sus historias en el auditorio de la Alianza Colombo Francesa.
Con cuentos de aquí y de allá, con leyendas que habitan en sus manos, en sus ojos y en sus labios, este narrador caleño presentó su última función en el marco del Festival Iberoamericano de Cuenteros 'Unicuento'.
“Qué delicia escuchar sus historias, me llevan y me traen como un viaje en el tiempo, visitando muchos lugares”, dijo una señora que se sentó a mi lado, mientras miraba fíjamente todos los movimientos que hiciera el hijo del fallecido dramaturgo Enrique Buenaventura.
Nicolás encontró su lugar en el mundo gracias a los cuentos. De niño, sus padres le leían historias y lo invitaron a amar la literatura. Hoy vive de contar cuentos, actividad que alterna con el cine, su otra pasión. Por eso acaba de terminar su segunda película titulada 'El encanto de lo imposible'. Desde Francia, país donde reside actualmente, se dedica a escribir guiones y a realizar proyectos cinematográficos.
Como todo un Buenaventura, Nicolás llegó al mundo para contar. Su padre, Enrique, fue uno de los más importantes dramaturgos y directores de teatro colombiano. Y su abuelo, Cornelio, también fue un excelente narrador de historias.
“Dicen que mi abuelo era un mago de la palabra. Pero él murió cuando yo tenía apenas dos años de nacido. Y como no lo conocí, me tocó inventármelo. Tengo un espectáculo dedicado a mi abuelo, quien decía que la verdad hay que inventarla todos los días. Por eso, cuando salía a la calle, la gente le rogaba 'Don Cornelio, invénteme una verdacita, ¿si?'”, recuerda el cuentero.
Inventando verdades ha recorrido muchos países, llevando sus historias a lugares cercanos o lejanos. Quizá eso sea lo más importante: el recorrido de los cuentos. Po ello, al preguntarle por su recorrido, siempre responde que lo más importante es el trasegar de las historias, no el suyo.
Video
Vea aquí una historia contada por Nicolás Buenaventura en la su última función en Unicuento 2006. | | Después de Unicuento, Buenaventura contará historias en Bogotá y luego volverá a Francia, para continuar con la pasión del cine. Seguramente lo volveremos a ver con su mochila cargada de palabras, mitos y sonidos, recordándonos que “contar un cuento es poner un pan sobre la mesa para que los demás se alimenten”.
Así habló durante el seminario de Oralidad
El festival de cuenteros ofreció un seminario de oralidad, en el que participaron como ponentes Andrés Osorio y Nicolás Buenaventura de Colombia, y Cuauthemoc Rivera de México.
Elpais.com.co transcribe los comentarios más importantes en la intervención del narrador oral Nicolás Buenaventura.
Hablar de mi padre es muy difícil. Han pasado casi tres años y yo todavía no se qué hacer con su muerte. Todo lo que sé, lo aprendí de él y me falta. Pero nunca he pretendido reemplazarlo ni parecerme a él ni llegar a ser como él. Él es el maestro, no yo. Nos pasamos la vida peleando, en el mejor sentido de la palabra. En este país nos matamos porque no sabemos pelear. Pelear es otorgarle al otro la posibibilidad de ganarle a uno y Enrique era un hombre que sabía pelear porque siempre estaba desafiando.
Tengo un amigo que trabaja en una Unidad Antiterrorismo como policía en Londres y al que le gusta mucho el cine. Un día me dijo que uno de los grandes problemas que hay en este momento, es la definición de la palabra terrorismo. El problema es que cada vez que intentan asignarle una definición, decía mi amigo, la CIA quedaba dentro.
Las palabras son fundamentales, pero sin equivocar sus significados. Por ejemplo, llamarle guerra a lo que está pasando en Iraq, es un eufemismo. Allí lo que hay es una invasión, pero nos lo vendieron como guerra y así nos lo tragamos. Finalmente las cosas terminan pareciéndose a como uno las llama.
No tengo ningún mensaje que pueda transmitir a los demás narradores más que mis cuentos, más que mi propuesta de narración. No me considero un ejemplo a seguir y cada quien debe darle forma a su oficio. No me gusta explicar lo que hago, porque considero que mi oficio desaparece en el momento en que empiezo a dar explicaciones.
Constantemente encuentro cuentos que me fascinan y que no entiendo y los cuento por eso, porque justamente no los entiendo.
Yo no tengo nada contra el chiste. Es más, lo defiendo porque me parece importante. El problema no es la diferencia entre chiste y cuento. El problema es que hay chistes muy malos que pretenden burlarse y ridiculizar al otro sin ningún ingenio.
En la vida uno no escoge entre la paz y la guerra. Y menos en este país. En la vida uno escoge entre una guerra y otra guerra. Lo importante es saber escoger cuál guerra.
El mundo reducido a una pantalla de televisión, resulta muy estrecho.
No me gusta “echar el cuento”, porque eso sería un placer individual. Prefiero 'hacer el cuento', porque es una satisfacción colectiva.
Para recordar
La clausura de Unicuento contará con la presencia de Alexánder Díaz 'Mateo' de Bogotá y Roberto Nield de Argentina, en el Centro Cultural de Cali, el sábado 7 de octubre a las 7:00 p.m. | | El problema es que muchas veces nuestro único objetivo es gustar. Y contamos lo que a la gente le gusta que le cuenten. El problema es que el gusto es lo más amañado que hay. Y a la gente le gusta lo que le dan y así el gusto se transforma.
No me considero un cuentero profesional, porque no puedo contar cualquier cuento, sino sólo los que me gustan, los que me tocan el alma y me transforman.
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