Comentario
Brasil, en medio de la duda paralizante
Luis Alejandro Amaya E. - www.elpais.com.co
Lula va tras una reelección que le permita concretar un proyecto social más amplio en Brasil.
Archivo l El País |
| El primer gobierno de izquierdas auténticas en la historia de Brasil, el de Luiz Inácio Lula Da Silva, se sometió a escrutinio y, a pesar de figurar como el ganador de las elecciones, su triunfo no fue lo que muchos esperaban.
La contienda electoral en el país de la zamba no hizo más que demostrar que hay una profunda división, no sólo como producto de las diferencias 'lógicas' entre las tendencias de la izquierda y la derecha, sino como resultado de un ejercicio defectuoso del poder, lo que usualmente ocurre con quien asume la responsabilidad de estar al otro lado de la orilla.
A muy poco de llegar a la Presidencia, Lula sintió el peso de estar remando a la contraria. Un país que ha basado su desarrollo en la acumulación de capitales en pocas manos pasaba a ser dirigido por un beligerante líder obrero, tal como se lo hubieran soñado aquellos idealistas de la Primavera de Europa en la mitad del Siglo XIX.
Ese operario, nacido en las entrañas del empobrecido nordeste brasileño, se encontró de frente con una faceta del poder que carcome cualquier buena intención conducente a un buen gobierno: la corrupción. El Congreso tiene abiertas varias investigaciones a funcionarios gubernamentales, no ha fallado ninguna hasta el momento, pero la posición del mismo Lula no ha sido clara al respecto, dejando una enorme sombra de dudas tanto en Brasil como en el exterior.
No obstante, las obras y la imagen salvan al actual mandatario de la 'terra do futebol', equilibrando progreso social con prosperidad económica. El programa Fome Zero (Hambre Cero) ha ayudado a que millones de personas mejoren su calidad de vida, mientras que la economía alcanzó niveles inesperados. Raro en un gobierno que está cercado por una oposición que espera verlo rogando piedad.
Una oposición nostálgica, que sueña con las épocas de Fernando Henrique Cardoso, en donde la riqueza crecía de manera exponencial, pero también la pobreza. O las de José Sarney, en las que se recurrió a la fórmula mágica de la revaluación y el cambio de nombre de la moneda (actualmente Real) para disfrazar la monstruosa inflación que empobrecía a los brasileños.
No obstante, la jornada del domingo pasado demostró que el proyecto de Lula tendrá que convencer a más de cincuenta millones de electores que le dieron su voto al socialdemócrata Geraldo Alckmin o a la disidente socialista Heloísa Elena. Tendrá que llenar de motivos a los del sur (Sao Paulo, Rio de Janeiro, Rio Grande do Sul, Santa Catarina, Paraná, Mato Grosso do Sul y Minas Gerais) para asegurarse cuatro años más en el Palacio del Planalto.
Geraldo Alckmin representa a la poderosa derecha brasileña.
Archivo l El País |
| Para Lula, el estado de Sao Paulo, el que lo vio nacer como dirigente sindical, es el caso más preocupante. La tierra paulistana ha decantado tradicionalmente su voto hacia los 'tucanos' (Partido Socialdemócrata de Brasil, Psdb) y así lo hizo el domingo pasado. Rio de Janeiro votó por él en 2002, pero la alta influencia de prominentes figuras 'tucanas' volteó la favorabilidad del electorado en 2006. Minas Gerais, el estado industrial del país, es un crisol de preferencias políticas donde ganó quien más apostó por él.
Aparte de eso, tendrá que lidiar contra los grandes pulpos de la comunicación y la industria, que le oponen todo su poder mediante la influencia de redes como la Globo, Bandeirantes, SBT o de diarios como O Globo y Folha de Sao Paulo.
En la presente campaña se le ha criticado a Lula por lo poco que ha hecho para cautivar votantes en los estados que no domina, que son, a la postre, los de más poderío económico del país.
Por su parte, Alckmin tendrá que untarse de barro para conquistar los votos del norte (Pernambuco, Sergipe, Bahía, Maranhao, Acre, Amapá, Pará, Amazonas, Rondonia, Roraima, Rio Grande do Norte, Mato Grosso, Alagoas, Espírito Santo, Tocantins y el Distrito Federal), si quiere llegar a Brasilia.
Su dominio en el rico sur podría ser fatuo si toda la gran masa de los desvalidos estados norteños vuelve a volcarse sobre el nombre de Lula, ya que fue sobre ellos que se hizo sentir la ayuda de los paradigmáticos programas sociales del actual gobierno.
A esta hora, 'tucanos' y 'petistas' se mueven para ganarse los votos de quienes no llegaron a la segunda vuelta. Para el PT será vital que los fieles del Partido Socialista Brasileño de Heloísa Elena se acuerden de su primera militancia y para el Psdb lo será el que sus gamonales en los estados del norte logren alianzas con otros partidos minoritarios.
Tarea difícil para los primeros, puesto que el PSB se escindió del PT como una reacción a los virajes de gobernabilidad que tuvo que hacer Lula, pero también para los segundos, porque las diferencias entre partidos son prácticamente irreconciliables.
Los indecisos son problema para ambos. El gobierno tendrá que convencerlos de que la corrupción es cosa del pasado y la oposición, de que no son los mismos de otras épocas.
El 29 de octubre se sabrá quién movió mejor las fichas en el tablero. Por lo pronto, Brasil está en un período de reflexión y de duda, ante la expectativa de seguir el camino de la estrella roja o abrirle la jaula al 'tucano' encerrado durante cuatro años.
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