Google
Home Cali Deportes Edic. Anteriores Vivir Blogs
Viernes 19 de Marzo de 2010
 Impreso
 Editorial
 Opinión
 Mundo
 Colombia
 Economía
 Justicia
 Valle del Cauca
 Sociales
 Vivir
 Online
 Cali
 Deportes
 Nuestros Sitios
 Calibuenanota
 Enlajugada
 Autos y Motos
 Clubselecta
 Paute Aquí
 Servicios On line
   
 Comités Asesores
 Arme su País
 Desaparecidos
 Titularesvia e-mail
 Histórico
 SuscripciónImpreso
 Tarifario Impreso
 Página del lector
 Clasificados
 Todas las secciones
 Finca Raiz
 Empleos
 Vehículos
 Ordene Aquí
Cali y Cauca

El arma ‘secreta’ de las Farc





Pocos kilómetros antes de llegar a Toribío, este mural, con los rostros de los máximos jefes de las Farc permanece como una bandera de la insurgencia a un costado de la vía principal. ¿Quién lo pinto? ¿Quién está pendiente de su mantenimiento?
Foto / El País
Las milicias, el antídoto que la guerrilla busca usar frente al acoso militar.

El trozo de mandíbula y los pedazos de billetes que aparecieron enredados en el techo fueron la pieza que completó el rompecabezas. Sólo hasta ese momento las autoridades comprendieron que la explosión del puesto de arepas, ocurrida dos meses antes en esa calle del barrio Los Mangos, fue un error. En la perversión lógica del atentado, lo que realmente debió suceder fue que la dinamita estallara frente a la estación de Policía, donde a las 9:00 de la noche de aquel 7 de agosto del 2002 debían estar al menos diez uniformados. Ese día, Álvaro Uribe Vélez se posesionaba como presidente.

Pero los policías apenas escucharon la detonación. El atentado, parte de una oleada terrorista ordenada por las Farc en las principales ciudades del país, tuvo una particularidad coincidente en otras acciones fallidas en diferentes puntos de la ciudad: elementales errores humanos.

En esta ocasión, lo que sucedió fue que el carrito de comidas se atrancó en un policía acostado de camino a la estación y el chico contratado para arrastrarlo no encontró mejor solución que destrabarlo a empellones. Así que pronto, sin siquiera sospecharlo, su cuerpo endeble, inocente, inconcluso, se convirtió en el detonante de una bomba que él ignoraba que arrastraba. Los $400.000 que le dieron por el mandado y que le habían devuelto la risa extraviada, volaron junto a él hasta los tejados.

Lejos de ser una anécdota de la guerra que sacude al país, siete años después el caso sigue siendo citado por los investigadores criminalísticos como el punto de inflexión del accionar urbano de la guerrilla en el suroccidente colombiano. Porque pese a no haber cumplido con su objetivo, los insurgentes dimensionaron el daño que podían hacer en la ciudad con la misma arma empleada en las montañas a la hora de reclutar: el engaño.

‘Gaviota’, una guerrillera reinsertada que ahora vende pasteles en alguna esquina de Pereira, explica que lo que hicieron fue replicar lo que desde hace 40 años hacían en el campo: “Empezaron a buscar gente con hambre a la que ofrecían plata para que hiciera cosas en apariencia inofensivas, pero que casi siempre terminaban mal. Así hallaron mano de obra en las ciudades, en un momento en que sus estructuras urbanas estaban muy golpeadas”.

Las palabras de ‘Gaviota’ coinciden con la explicación de un investigador criminalístico consultado por este diario. Según él, luego de infiltraciones y traiciones internas, la columna móvil Manuel Cepeda Vargas, encargada de las acciones guerrilleras en la ciudad, estaba prácticamente desmembrada a comienzos del 2000 y los altos mandos decidieron valerse de “muchachos necesitados, sicarios y ex pandilleros para ejecutar sus planes a destajo, sin comprometer a más hombres ligados directamente con la organización”.

Para ello, dice la fuente, ubicaron a varios reclutadores en sectores marginales y de ladera, que se convirtieron en sus enlaces con el hampa. Uno de los más efectivos para la guerrilla en los últimos años ha sido alias ‘Fernando’, quien se mueve en Aguablanca y sobre el que recae orden de captura por haber pertenecido a la temida banda de La Mona. Él habría tenido que ver con la desaparición de más de diez chicos de las comunas 13, 14 y 16, que este año fueron llevados como ‘raspachines’ de coca al norte del Cauca.

Pero detrás del accionar urbano de las Farc, hay una ecuación más compleja. Tras la captura de Eduardo Molina Garay, alias ‘El Viejo’, al igual que de ‘Quilindo’ y ‘Mardú’, detenidos en Cali en el 2006, los jefes del Bloque Móvil Arturo Ruiz determinaron un reacomodo interno ordenando la presencia de la Columna Gabriel Galvis en la ciudad para fortalecer el brazo armado de la estructura citadina.

De acuerdo con una fuente de Inteligencia la primera prueba de ello fue que cambiaron su modo de operar: “Explosivos accionados con temporizador en vez de control remoto y bombas artesanales embaladas en cilindros metálicos son propias de ellos”.

Los cabecillas del Arturo Ruiz serían los encargados de haber puesto a funcionar un tarifario perverso que, dado a conocer en barrios marginales, al interior de bandas criminales y pandillas, es una bomba de tiempo: por dejar el clan y unirse a las milicias, $400.000; por activar un petardo, un millón; por matar a alguien señalado por la guerrilla, dos millones. La guerrilla lo sabe bien: con hambre no se razona.

Las cuevas se multiplican

Mientras que en Cali es prácticamente imposible determinar cuántos milicianos existen, los cálculos del Ejército apuntan que en el Cauca, en este momento, no serían menos de 3.500.

En el departamento vecino dependen de los frentes Sexto, 60, 29 y de la Columna Móvil Jacobo Arenas de las Farc. Pero también se ha podido determinar que hay milicias del ELN a través de sus grupos Lucho Quintero Giraldo, Camilo Cienfuegos y Manuel Vásquez Castaño que, aunque reducidos, siguen vigentes gracias a una alianza criminal con Los Rastrojos, cuyo principal radio de acción es el sur del Cauca y el Litoral Pacífico.

Entre el 2002 y lo corrido de este año 95 milicianos han sido dados de baja por las autoridades; se han entregado 25 y han sido capturados y procesados los alias Pampini, Jaime Carvajal, Édgar Yonda, Orejimocho, Jhon Fredy Andrade Vitonás, Tabaco, Verónica, Jaime y Hugo, éste último, cuarto en poder de mando al interior de la columna Alirio Cortez.

Aunque el general Germán Giraldo, comandante de la tercera Brigada del Ejército hace hincapié en el robustecimiento del pie de fuerza y en la captura de otros 14 guerrilleros con capacidad de resolución militar para impartir órdenes en la región, se sabe que la situación del Cauca es una de las más difíciles del país.

No es gratuito, por ejemplo, que en el búnker que la Policía tiene en Toribío, exista una tienda de abarrotes. La idea de la construcción, además de proteger a los uniformados, es ofrecerles condiciones para evitar que salgan a la calle.

“Si allá abajo fuera más grande, seguro, habría una sala de cine”, cuenta un policía mientras vigila a las afueras de una peluquería donde rasuran a su compañero de guardia. Ya es costumbre que actividades tan simples como esa requieran, casi, de un dispositivo de seguridad. Los policías saben que no pueden andar solos y que siempre deben cuidarse las espaldas entre sí.

Los tiros pueden provenir desde cualquier lado, dice el agente Díaz, quien en su celular carga un video de una toma guerrillera perpetrada hace un año. La imagen, tomada desde una trinchera desde donde él y sus compañeros se resguardaban de las balas, muestra ráfagas provenientes de las propias casas del pueblo. Al igual que Corinto, en los últimos años Toribío se convirtió en una de las despensas del reclutamiento de la guerrilla. El mural de veinte metros de largo, con los colores de la bandera de colombia y el rostro de los capos de las Farc, pintado a pocos kilómetros de la entrada del pueblo, no es coincidencia. El Ejército intenta dar la pelea con un plan de judicialización apoyado por la Fiscalía; en las próximas semanas, se producirían al menos 30 capturas de milicianos infiltrados en ambas localidades.

En Buenaventura, otra ‘cueva’ de las milicias, la Policía también tiene su lucha. Hace dos semanas Edwin Alexis Torres Riascos, alias ‘Palermo’, reconocido como uno de los jefes de milicias del frente Manuel Cepeda Vargas, fue capturado en el momento en que intentaba asesinar a una mujer en el barrio R-9. El ‘Cholo’ y ‘La Beca’, también cayeron. De acuerdo con el coronel Milton Zamudio, comandante de la Policía en el Puerto, la mujer era una de las más temerarias asesinas de la organización subversiva: en el 2006 ella fue quien se encargó de ordenar 20 atentados terroristas en toda la ciudad.

Pero la noticia se celebra con prudencia. Un detective de la Policía asignado a la zona, sabe que allá, junto al mar, la Columna Móvil Manuel Cepeda Vargas está buscando a guerrilleros que no fueron aceptados por el programa de reinserción para rearmarse.

En barrios como La Inmaculada, Santa Fe, Punta del Este, Santa Cruz, R9, se habla de un nuevo ejército, armado en las sombras, a las orillas de los palafitos donde la marisma hace reventar el perfume nauseabundo del abandono. Las autoridades no son inmunes al olor. De la misma forma en que los guerrilleros se camuflan entre la población, ellos hacen inteligencia para hacerles frente. Pronto habrán nuevos golpes, dice el detective, sin contener el aliento.

En pocas palabras

"La Policía y el Ejército quieren desconocer lo que pasa, pero adentro de los barrios se vive una guerra entre los milicianos de las Farc y de los Paras. Nosotros, el pueblo, en el medio, somos las víctimas".

"Aquí todavía cobran impuesto a los dueños de las tiendas. Yo por ejemplo, tengo que pagarle $70.000 a los paras. Y en la galería también hay vacuna, ¿por qué no dicen nada de eso? Tendera de el Puerto.

“La Manuel Cepeda sigue mermándose”

  • El teniente coronel Carlos Mario Díaz, jefe del Estado Mayor de la Brigada Fluvial de la Infantería de Marina Número Dos con sede en Buenaventura, asegura que tras la captura de alias Juancho y Santiago, la Columna Manuel Cepeda Vargas está cada vez más mermada en el Puerto.

  • ”Estos no son los tiempos de J.J. cuando los guerrilleros tenían control territorial sobre la zona. Se acabaron las épocas de las extorsiones y de los sectores vedados para las autoridades”.

  • ”La Manuel Cepeda Vargas, además, está en una pugna interna con las bandas criminales al servicio del narcotráfico. Entre ambos bandos se está dando una guerra que ha afectado seriamente el brazo urbano que la guerrilla tiene”.

  • ”En hombres, tiene un número mínimo. Tenemos a varios identificados y yo podría decir que, en este momento, no son una amenaza”.



    NUESTROS USUARIOS OPINAN
    Opinar  
    Entrar Chat
    Los mensajes listados a continuación corresponden a los lectores.
    Elpais.com.co no se hace responsable por el contenido de los mismos.
  • OTRAS NOTAS DE SECCION
    IMPRIMIR
    RECOMIENDE ESTE ARTICULO
    RECIBA ESTA SECCION
    POR EMAIL
    COMENTE SOBRE ESTE ARTICULO
    VER OPINIONES DE ESTA SECCION


      Copyright © 2005 www.elpais.com.co
    Escríbanos: diario@elpais.com.co | Suscripción Impreso | Aviso legal
    Diario El Pais S.A. Cra. 2 No. 24-46 Tel. (572) 8987000 Cali Colombia