Toribio
La pequeña "Bagdad" del Cauca
Por Jorge Enrique Rojas, reportero de El País.
Los turnos en las trincheras son de seis horas. Ese tiempo, en medio de sacos de arena y la zozobra que baja de las montañas, es la eternidad.
Foto: Ernesto Guzmán Jr. / El País |
| A dos horas de Cali está la entrada de una de las madrigueras de las Farc.
En otras circunstancias tal vez no lo habría dicho. Otro día, quizás, se habría detenido a pensar que un policía como él no puede mencionar cosas como esa por más ciertas que sean. En otro tiempo, seguro, el capitán Gutiérrez jamás le habría confesado a un periodista que Toribío es uno de los últimos “bastiones” que las Farc tiene en Colombia.
Pero en ese momento la diplomacia le resultaba imposible; al despuntar la mañana del pasado 5 de noviembre, Gutiérrez y otro puñado de uniformados se preparaban para ser atacados por las Farc. Aunque en lo corrido del año ya habían sido hostigados 51 veces, la particularidad de la fecha traía un mal presagio: aquel jueves se celebraba el día de la Policía Nacional y la guerrilla había anunciado una arremetida histórica. La noche anterior, en medio de las tinieblas, los pobladores de dos manzanas alrededor de la estación habían abandonado sus casas con los colchones al hombro. Las puertas de la escuela amanecieron cerradas.
Seis días antes, intentando alcanzar a los agentes que hacían ronda en el parque, un miliciano lanzó una granada que explotó al interior de una casa y dejó heridos a cinco hombres y a un niño de 3 años; dos días atrás, en la madrugada, dos pipetas llenas de pólvora y metralla habían atravesado el cielo plomizo del pueblo hasta reventar en un potrero del barrio Coronado. Sin víctimas fatales, los dos ataques más recientes habían sido un “error de cálculo” de una guerrilla reconocida por su sed de sangre: en los últimos 26 años, el Sexto Frente de las Farc y la columna móvil Jacobo Arenas efectuaron 13 tomas de la población y más de 400 hostigamientos, dejando una lista de muertos y heridos que ya parece incontable.
¿Por qué se ensañaron con Toribío? ¿Cómo fue que se volvió una costumbre que ese municipio habitado en un 70% por indígenas sea atacado una y otra vez? ¿Por qué ha resultado tan complicado controlar a los grupos ilegales en la zona?
Lanzas, no se duerman
El doctor A., un ex guerrillero del M-19 que ahora asesora un programa presidencial que vela por los derechos humanos en el suroccidente del país, explica la problemática haciendo una comparación que en principio puede resultar exagerada pero que luego será entendida: “Toribío es una pequeña Bagdad. Para controlar el accionar de la guerrilla sería necesario hacer una operación rastrillo casa por casa, al estilo medio oriente. Se trata de uno de los municipios con mayor asentamiento de milicias entre la población civil, por lo cual el Ejército y la Policía están librando una guerra en la que sus enemigos son invisibles”.
Aunque el alcalde Carlos Alberto Banguero niega que la presencia de milicias urbanas sea de tal magnitud, no niega su existencia. Según él, como consecuencia de la pobreza y el abandono estatal que también han acosado a ese municipio del norte de Cauca, muchos han optado por convertirse en colaboradores de la guerrilla.
Banguero ya perdió la cuenta de cuántas veces se enteró de muchachitos que se fueron al monte porque les prometieron un sueldo mínimo o una mejora en la casa o una moto o un par de remesas. Aprovechándose de que la mitad del pueblo está sin empleo, que las necesidades básicas insatisfechas alcanzan el 60%, que los 11.300 chicos en edad escolar tienen el futuro extraviado, los guerrilleros les ofrecen el cielo para luego hacerles ver el infierno. Del triángulo que conforman Toribío, Corinto y Jambaló (ver mapa), se estima que las Farc se habrían llevado, en lo corrido de este año, al menos 40 chicos para usarlos en su guerra sucia.
De acuerdo con el coronel Orlando Delgado, comandante del Batallón Pichincha, esa estrategia tiene dos razones primordiales: mantener una zozobra permanente para evitar que la fuerza pública haga avanzadas desde la parte plana hacia las montañas y el fortalecimiento de pequeñas compañías desperdigadas a lo largo y ancho de la cordillera.
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El viernes la Policía Antinarcóticos incautó 770 kilos de marihuana en una vereda de Caloto. El 90% de la yerba colombiana es del Cauca. En mayo, la Policía capturó a tres de los guerrilleros que más atacaban a la población. Entre ellos, el francotirador que les disparaba desde las montañas. | | El interés territorial de las Farc allí es histórico; desde ese sector se mueven con facilidad hacia el Hulia, Tolima y Caquetá; tienen acceso a los ríos Sipí y Magdalena y, Pradera y Florida, los municipios del Valle que siempre han pedido despejar, les quedan a menos de una hora de camino. “Para ellos, controlar el sector es una cuestión de vida o muerte. Muchas de esas escaramuzas son para hacerle creer a la gente que no están acabados; en los últimos tiempos les hemos dado golpes muy duros”, dice el Coronel Delgado.
Aunque el alto oficial opina que después de la toma del 2005 --cuando la mitad del pueblo quedó en ruinas-- las autoridades han podido afianzarse con mayor propiedad, en las calles de Toribío la sensación es diferente. Desde marzo pasado, cuando el agente Yantén Martínez fue acribillado a quemarropa en una acción sicarial emprendida por milicianos en el parque central, los policías llaman a los guerrilleros “Pisa-Suave”.
Esa vez, a plena luz del día, Yantén recibió ocho disparos de manos de un guerrillero disfrazado de campesino que le llegó por detrás para descargarle un revólver en la cabeza y en los costados del dorso a donde no llegaba el chaleco antibalas. Nadie lo sintió caminando a sus espaldas.
La guerra, en su evolución atroz, ha llevado a los guerrilleros a multiplicar la acción en una escala mayor y, claro, más cruel: ahora, día y noche, intentan hacer lo mismo en las trincheras que la Policía tiene ubicadas en tres costados del pueblo. Para atacarlos, cuenta el agente Marín, los subversivos bajan desde la montaña caminando en medias, armados de granadas y bombas hechizas que intentan colar en las madrugadas por alguna rendija descubierta en la oscuridad.
Adentro de las trincheras, sobre las vigas de madera que sostienen los bultos de arena que sirven de escudo, es posible hallar viejos mensajes de uniformados que alguna vez estuvieron allí repeliendo ataques, escapándose a la muerte, agonizando: “Se cuidan compañeros, oren mucho”, “Dios los guarde, él es el único escudo”, “Cuidado, no se duerman o se los comen vivos”.
La entrada de las madrigueras
Para un alto oficial del Ejército consultado por El País, este tipo de acciones no son extrañas teniendo en cuenta que que Toribío representa para las Farc algo más que un simple corredor de movilidad por el que transportan armas, municiones y droga. “Las montañas que rodean el municipio, durante diferentes etapas de la guerrilla, han servido de escondite para sus cabecillas”.
Detrás de las cimas rodeadas por espirales de niebla blanca y sobrevoladas por los gavilanes que alcanzan a divisarse desde el pueblo, se sabe, está la guarida de los veteranos alias ‘Caliche’ y alias ‘Pascuas’, comandantes del Sexto Frente y de la columna móvil Jacobo Arenas. Según información a la que pudo acceder este diario, muy cerca de allí también estaría una de las madrigueras preferidas por el comandante Alfonso Cano.
Desde Toribío, también, el grupo subversivo estaría controlando los cultivos de amapola y coca que tiene en diferentes sectores de la vereda Natalá, en la salida hacia Jambaló, en la vía a Santander de Quilichao y en dirección al Caquetá.
Aunque las autoridades aseguran que las filas de la guerrilla cada vez están más mermadas, se estima que en la cordillera permanecen asentados entre 300 y 400 guerrilleros que vigilan como buitres esa presa moribunda que los mantiene vivos.
El capitán Gutiérrez, trasladado hace apenas dos meses allí, no lo admite, pero teme que los hombres que los atacarán los doblen en número. Cuando llegue el momento, las bombas caerán del cielo como un aguacero bíblico que estremecerá el búnker de la policía. Les dispararán desde las montañas, pero también desde la escuela, desde la droguería, desde casas donde los guerrilleros se mimetizarán entre la gente. No será la primera vez.
La última vez que lo vi, Gutiérrez esperaba el primer disparo mientras revisaba mapas y permanecía atento a un radio de comunicaciones. De vez en cuando, las aletas de su nariz se ensanchaban de más para respirar la furia y los nervios que pueden olerse en la intimidad de la guerra. Hasta ese momento el Día de la Policía transcurría en una tenebrosa calma. La muerte aún no bajaba de la montaña.
Plan Rastrillo
Aunque no es información oficial el Gobierno Nacional estaría contemplando una intervención armada en la zona de similares características a la que efectuó en Montes de María (Sucre y Bolívar), donde entraron tres brigadas móviles para recuperar un sector que, históricamente, estuvo en poder de las Farc.
Mañana, el presidente Álvaro Uribe, estaría en Popayán dirigiendo un consejo de seguridad.
A propósito
Indígenas, en el medio
El 70% de la población de Toribío es indígena. A pesar de ser víctimas de las Farc, ellos aseguran que no quieren tomar partido ni manifestar su apoyo a ninguna de las partes. De acuerdo con el coordinador de la Guardia Indígena, Lucio Mestizo, intentan mantenerse al margen, aunque a veces sea imposible: en lo corrido de este año la Guardia ha tenido que intervenir para evitar que dos chicos fueran reclutados.
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