Google
Home Cali Deportes Edic. Anteriores Vivir Blogs
Sábado 7 de Noviembre de 2009
 Impreso
 Editorial
 Opinión
 Mundo
 Colombia
 Economía
 Justicia
 Valle del Cauca
 Sociales
 Vivir
 Online
 Cali
 Deportes
 Nuestros Sitios
 Calibuenanota
 Enlajugada
 Autos y Motos
 Clubselecta
 Paute Aquí
 Servicios On line
   
 Comités Asesores
 Arme su País
 Desaparecidos
 Titularesvia e-mail
 Histórico
 SuscripciónImpreso
 Tarifario Impreso
 Página del lector
 Clasificados
 Todas las secciones
 Finca Raiz
 Empleos
 Vehículos
 Ordene Aquí
Colombia
Los laberintos de la libertad

Colprensa

La operación ‘Jaque’ se convirtió en un logro sin precedentes para las Fuerzas Militares. Quince secuestrados en poder de las Farc regresaron a sus hogares gracias al Ejército. Archivo El País
Los liberados de la operación ‘Jaque’ cuentan cómo intentan curar las heridas que deja el secuestro.

A punto de cumplirse un año de la llamada operación ‘Jaque’ en la cual fueron rescatados 15 secuestrados de las Farc, 11 de los militares cuentan cómo les ha cambiado la vida, cómo fue el reencuentro con su familias y sus nuevos proyectos.

Contrario a lo que se piensa, los liberados no solamente están dedicados a las labores propias de las fuerzas militares. Ellos nuevamente son padres, estudian, aprenden idiomas y la mayoría han recuperado sus hogares o intenta formar uno. Estas son las historias de cuatro de los 11 uniformados rescatados de la operación ‘Jaque’. Todos pertenecen a la Policía Nacional.

“La medicina es lo mío”

El cuidado en cautiverio de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y sus estudios de enfermería básica, le abrieron las puertas de la medicina al sargento viceprimero del Ejército William Pérez Medina.

Para ello, durante lo que va corrido de este año ha estudiado sistemas y matemáticas con el propósito de ambientarse en la carrera que espera iniciar a principios del 2010.

Pérez confiesa que a pesar de que su familia no vive en Bogotá habla mucho con ellos, y aclara que nunca ha vuelto a hablar del secuestro, sino de los planes de vida que se trazó desde el pasado tres de julio, cuando recuperó la anhelada libertad. “Hay cosas que no hemos tocado pues son dolorosas", dice nostálgico.

Recuerda que al principio sufría de dolores de cabeza cuando veía la televisión y se levantaba asustado cuando escuchaba un avión. Pero a través de sanidad del Ejército Nacional eso ha venido cambiando.

Pérez ya tiene una novia y espera formar un hogar. Y su mamá, Carmen, dice contenta que en un año ha cambiado mucho: “Él está más repuesto y calmado. Espero que se case, pues sus hermanos ya lo hicieron”.

“Los hijos son la prioridad”

El sargento viceprimero John Jairo Durán fue secuestrado el 3 de agosto de 1998 en Miraflores, Guaviare, cuando su hijo Felipe tenía sólo 11 meses.

Por eso con el nacimiento de su hija Gabriela, hace dos meses, quiere recuperar el tiempo perdido, y desde que recuperó su libertad no deja de abrazar y besar a toda su familia. “Ahora soy padre porque antes no pude ser", sostiene con una sonrisa en el rostro.

Su tiempo también lo dedica a asistir a un curso en la Escuela de Aviación de la Policía, pues siempre le gustaron los aviones y quiere convertirse en tecnólogo en mantenimiento aeronáutico. “Aquí uno puede aportarle a la institución y al país", agrega.

Confiesa que antes había tratado de ingresar a la Escuela de Aviación sin suerte. Pero luego de la operación ´Jaque’, tomó la decisión de no dejarse vencer: "quiero alcanzar mi sueño".

Durán continúa con su esposa Sandra Patricia, la que dejó contra su voluntad. De ella rescata su espera y tesón. A pesar de eso, reconoce que ha habido cambios en la convivencia ("eso se siente”). El año que pasó ha sido de compensación para equilibrar los sentimientos, algunos de ellos que no quiere recordar como la soledad y la tristeza.

“El día de la liberación, volví a nacer”

El ahora sargento viceprimero de la Policía Julio César Buitrago parece el más retraído de todos los liberados. Cuando fue secuestrado, el 3 de agosto de 1998 en Miraflores, Guaviare, estaba casado y tenía tres hijas.

  • La operación ‘Jaque’, realizada el 2 de julio del 2008, permitió la liberación de 15 secuestrados en poder de las Farc, entre ellos la candidata Ingrid Betancourt y los tres estadounidenses plagiados en el 2003.
  • La operación ‘Jaque’ se cumplió sin necesidad de disparar un sólo tiro y además permitió la captura de alias César, el comandante guerrillero que tenía bajo su cuidado a los secuestrados.
  • El Ejército Nacional infiltró la cuadrilla del llamado carcelero de las Farc para lograr liberar a los plagiados. Alrededor de cinco horas duró la operación que permitió la liberación de los secuestrados.
  • Hoy confiesa que su vida arrancó de cero después de la operación ‘Jaque’. Mientras estaba cautivo, su esposa se enamoró de otra persona y se fue para España. Sus tres pequeñas hijas quedaron al cuidado de sus suegros. “Al principio no fue fácil porque tuve que arrancar de cero, sin familia y sin esposa, y sacar las hijas adelante sólo. Pero lo importante es que tenemos la salud".

    Lo que ahora sí celebra, dice, es que puede hacer lo que quiere. Atrás quedaron los malos tratos y las enfermedades, pues en la selva no existían medicamentos ni siquiera para una simple gripa.

    "En cautiverio usted soporta todo pensando que va a salir a reencontrarse con su familia y su señora, pero llega y se encuentra con un muro". Por eso, no esconde que lo más duro de la liberación ha sido realizar las labores de padre de tres jovencitas a las que no pudo ver crecer. "Encontrar una hijas preadolescentes y que no se han criado con su papá, no es fácil", agrega.

    Pero él sigue adelante, al igual que los demás está dedicado a estudiar y ponerse a punta en la tecnología, pues la Internet y el celular no existían cuando fue secuestrado. Ahora ya tiene correo electrónico y Facebook.

    “Ya pasó la horrible noche”

    El recién ascendido mayor de la Policía Javier Rodríguez Porras manifiesta que su adaptación a la libertad ha sido muy fácil. Según lo relata este oficial, secuestrado el 1 de noviembre de 1998 en Mitú (Vaupés): “lo difícil es haber estado secuestrado, pero ya pasó la horrible noche”.

    Recuerda que una de las cosas que más le generó alegría cuando recobró la libertad, y tras reencontrarse con sus seres queridos, fue encontrar en su casa muchas de sus pertenencias tal y como las había dejado.

    También cuenta que el primer antojo que cumplió fue comerse una porción de carne llanera, como es costumbre en su tierra, Acacías (Meta).

    Ahora construye sus proyectos profesionales, las actualizaciones en la parte laboral y académica han sido las principales actividades durante el último año.

    Así que en los próximos días saldrá del país por unos meses para seguirse realizando profesionalmente.

    "Ha sido un proceso intenso y dinámico. He estudiado y viajado. Durante tres meses y medio hice un curso de ascenso del grado de mayor; un curso de actualización de teniente a capitán; diplomados y un curso de inglés", sostiene el mayor Rodríguez.

    "Extrañé el amor de una mujer”

    El rechazo de su hija menor fue una de las situaciones más incómodas que tuvo que enfrentar el intendente Armando Castellanos Gaona, secuestrado en la Arada (Tolima) en 1999.

    ”La niña pequeña no me conocía porque estaba en el vientre de la madre cuando me secuestraron. Todos a su alrededor le decían: ‘ese es su papá’".

    Afortunadamente, "la pequeña empezó a cambiar y me fue cogiendo más amor. Ahora es muy cariñosa conmigo".

    Su hija mayor, Edna, también reconoce que al principio fue duro aceptar a su papá: “Cuando yo lo ví no me lo creía; me sentí mal cuando me abrazó y me dio besos por tanto tiempo sin él. Pero ya lo superé".

    Recobrado el amor de sus hijas, el amor de su mujer era lo que más anhelaba mientras estaba en cautiverio. Es que en la selva, "le hacía mucha falta sentir y dialogar con su mujer".

    Castellanos poco a poco logró acoplarse a todo, incluso, a la comida, aunque cuenta que los primeros días no faltaron los problemas gástricos y el insomnio pese al cansancio que sentía, por lo que tuvo que tomar pastillas para poder descansar.

    “Un idioma que suena bien”

    El sargento viceprimero Amaón Flores Pantoja se dedicó este año a estudiar francés, aprovechando una beca que el Gobierno de ese país le entregó. Para Flores, un segundo idioma “es una meta que uno debe proponerse en la vida y que debe cumplir".

    Por ahora no tiene novia pero está pensando en formar un hogar. Mientras tanto divide su tiempo entre el estudio, la vida familiar con su madre, una hermana y un sobrino que quiere ingresar al servicio militar.

    Confiesa que aún tiene secuelas de lo que vivió durante diez años. Pero la vida en hogar lo ha ayudado a superarlo.

    “Mi rehabilitación ha sido excelente”

    Sin dejar de agradecerles a Dios y al Ejército por el rescate, el sargento mayor José Ricardo Marulanda se lamenta por el tiempo que estuvo lejos de su familia.

    Cuando lo secuestraron, el 3 de marzo de 1998 en El Billar (Caquetá), llevaba tres años de casado y tenía un hijo de casi dos años. A su regreso encontró a ese bebé hecho un adolescente de 14 años y a su esposa, en toda una administradora de empresas.

    "Somos muy buenos amigos con mi hijo. El reencuentro ha sido excelente, nos la llevamos muy bien y día a día estamos mejorando la relación", comenta Marulanda.

    Y con su esposa, Erika Manríquez, "la relación está al 100 %". Explica que "cuando se cuenta con personas con la firmeza de mi esposa, vale la pena seguir luchando y salir adelante". A su vez, Erika está contenta porque Marulanda pudo conocer a su hijo, "lo había dejado un bebé y lo encontró un adolescente".

    En su primer año como liberado, el Sargento Mayor considera que su adaptación ha sido "muy fácil y la rehabilitación ha sido excelente", pero reconoce que el truco está en "alejarse de esos recuerdos mal sanos que crea uno en la mente".

    Pese al secuestro confiesa que no renunciará al Ejército y que uno de sus anhelos es seguir siendo soldado. Su esposa dice que esperaba a un ser tan fortalecido como regresó, pero con heridas en el alma, las cuales están sanando.

    "Cuando llegó no hablaba mucho sobre nada en sí, sólo sobre lo impactado que estaba con la operación. Duró como una semana hablando de lo mismo y después fue averiguando sobre las vidas de nuestro hijo y la de mía", recuerda Erika.

    Tras este sueño su parte académica también se reactivó. En este año de libertad ha realizado estudios de francés, inglés y sistemas, al igual que un curso de liderazgo en la Escuela de Relaciones Civiles y Militares del Ejército.

    “Quiero tener tres hijos”

    Tener tres hijos es una de la metas del sargento viceprimero José Miguel Arteaga. A los pocos días de su liberación, llegó a un banco un poco ofuscado pues lo habían tenido dando vueltas para abrir una cuenta de ahorros. Sin embargo, entre la molestia conoció a su ahora compañera, Nancy Torres, quien trabaja en la entidad.

    Luego de la presentación y una charla corta, la invitó a salir dejándola plantada en la primera cita. Luego se reencontraron y ahora piensan tener tres hijos.

    Dice que tiene mucho amor para darles a los tres hijos que quiere tener. "Por ahora empecemos con el primero... a los dos nos encantan los niños", sostiene Nancy en medio de risas.

    A Arteaga se le recuerda porque el día de la liberación llegó con un pequeño animal de monte agarrado fuertemente sobre su hombro. En la selva lo conoció y lo llamó Cusumbo y la semana pasada lo entregó al zoológico.

    Otro de los planes de Arteaga es salir del país y conocer Francia. Para ello, estudia el idioma, además de sistemas. A su regreso del viaje piensa estudiar veterinaria, "eso es lo que más quiero". Después de un año de la liberación, Nancy resalta que él es un ser humano excelente, de grandes sentimientos y "auténtico".

    “Todavía me da temor la oscuridad”

    Después de un año de su liberación, la oscuridad sigue siendo el máximo temor para el liberado sargento viceprimero Erasmo Romero Rodríguez, secuestrado en Miraflores el 3 de agosto de 1998.

    Confiesa que desde que recuperó su libertad y se reencontró con sus familiares, siempre trata de estar acompañado, especialmente en las noches.

    "Me ha costado mucho adaptarme a la oscuridad. Asimilar que llega la noche ha sido lo más difícil hasta ahora", precisa.

    Aunque aún tiene secuelas de los años que permaneció privado de la libertad y viviendo en carne propia lo que es un trato inhumano, señala que este año ha sido "de maravilla, satisfacción y alegría".

    Uno de sus mejores recuerdos cuando regresó a la libertad fue el reencuentro con su esposa Emilse Grajales y sus hijos. "Era un momento muy esperado y anhelado... no me lo creía. Cuando salí de la selva no sabía qué hacer”, dice el sargento viceprimero Romero.

    El calor humano de los colombianos lo llenó de felicidad y asegura que eso le ayudó para poder reincorporarse a la sociedad rápidamente e ir olvidando poco a poco episodios amargos que marcaron su vida. "En este tiempo he paseado mucho, descansado y compartido con mi familia".

    Su esposa, quien se ha convertido en su mano derecha, asegura que lo encontró físicamente acabado, pero con muchas ganas de seguir adelante. "Después de haber estado amarrado a un palo, encadenado y en total aislamiento, ahora gozamos de gran felicidad en familia", asegura su esposa Emilse Grajales.

    Y cuenta que el reencuentro con la familia fue exitoso, porque ella siempre les habló a sus hijos de la realidad que vivía Romero y les cultivó la esperanza de su regreso.

    “Voy por el segundo”

    Las Cadenas de la Infamia, es el mayor de los logros del capitán del Ejército Raimundo Malagón, quien así tituló un libro donde narra las experiencias que vivió y sufrió durante el cautiverio.

    "De las cosas lindas que he hecho es mi libro, ahí narro las peripecias que padecimos en el secuestro y dejo de lado las trivialidades de la intimidad de la convivencia", afirma Malagón.

    El capitán devuelve la ‘película’ y cuenta cómo fue su secuestro en agosto de 1998 en la base militar de La Uribe, Meta. Con tristeza recuerda sus múltiples intentos de fuga y que estuvo 20 meses amarrado a un árbol. Pero eso quedó atrás, ahora quiere capacitarse en los Estados Unidos.

    “La vida hay que vivirla”

    El mayor Juan Carlos Bermeo regresó hace un año de la libertad y con ella encontró un amor: una periodista quien mientras él vivía las crueldades del secuestro, lo esperaba con mucho anhelo.

    Ella lo conocía, pero él a ella no. Eso relata Bermeo tras seis meses de

    casado.

    "Agradezco a mi esposa Natalia Hurtado porque con su ayuda he podido superar algunas cosas que aún son difíciles para mi, como guiarme en la ciudad, asistir a eventos o actividades a las que no estaba acostumbrado", comenta el mayor Bermeo.

    Ahora que está en libertad dice con toda firmeza que la "vida hay que vivirla cuando se tiene la oportunidad, gozar todas las cosas que nos brinda y siempre agradecerle a Dios por todo lo que nos ha dado".

    El Mayor también afirma que ahora no tiene ningún tipo de temor y que se dedicará a recuperar el tiempo perdido con sus padres, demás familiares y

    amigos.

    "Creo que esto es una acción de paz para Colombia. Podemos lograr la paz si confiamos en nuestras Fuerzas Militares. Nos sacaron con grandeza”: Íngrid Betancourt, tras recobrar la libertad.




    NUESTROS USUARIOS OPINAN
    Opinar  
    Entrar Chat
    Los mensajes listados a continuación corresponden a los lectores.
    Elpais.com.co no se hace responsable por el contenido de los mismos.
    OTRAS NOTAS DE SECCION
    IMPRIMIR
    RECOMIENDE ESTE ARTICULO
    RECIBA ESTA SECCION
    POR EMAIL
    COMENTE SOBRE ESTE ARTICULO
    VER OPINIONES DE ESTA SECCION


      Copyright © 2005 www.elpais.com.co
    Escríbanos: diario@elpais.com.co | Suscripción Impreso | Aviso legal
    Diario El Pais S.A. Cra. 2 No. 24-46 Tel. (572) 8987000 Cali Colombia