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Entrevista
“El Gobierno Nacional ha sido ambiguo conmigo”

Por: Diego Martínez Lloreda. Subdirector de Información

“De pronto hay quienes se han arrepentido de haber votado por mí, pero hay otros que se sienten orgullosos. Ni en los momentos más aciagos de la crisis he pensado en renunciar”, sostiene el alcalde Apolinar Salcedo.
ERNESTO GUZMÁN JR. I El Pais
"No puedo decir que no me preocupa, pero el tema de la revocatoria no me quita el sueño", indicó el Mandatario local. "Los hechos demuestran una actitud muy positiva del Presidente y otra muy crítica del vicepresidente Santos". "Jamás aspiraría a un segundo periodo en la Alcaldía".



Haber sido uno de los mayores críticos del alcalde Apolinar Salcedo y llegar a su despacho para hacerle una entrevista no es fácil.

Uno siente que los porteros, las secretarias, los funcionarios con los que se cruza, todos en el CAM, lo están mirando de reojo. Como diciendo, “¿y este qué hace aquí?”

Paradójicamente, en quien menos se percibe esa hostilidad es en el propio Apolinar Salcedo. Me recibió como lo ha hecho siempre, con una gran calidez. Como si no hubiera pasado nada. ¿Estrategia política o respeto por las críticas?

Como siempre, respondió el cuestionario que le formulé con fluidez y sin inmutarse. Y dijo cosas.

Aseguró que “jamás” se volvería a lanzar a un segundo período en la Alcaldía. Sostuvo que el Gobierno Nacional ha sido ambiguo con él. Admitió que con cambiar de gabinete no se supera la crisis de confianza que su Administración soporta. Y mucho más.

Un mes después de conformar su gabinete, ¿usted cree que los cambios realizados sirvieron para superar la crisis?

El sólo hecho de hacer nombramientos no sirve para superar la crisis de gobernabilidad o rescatar la confianza que estuvo profundamente cuestionada. Hay unas nuevas personas, ahora necesitamos dar resultados. El reto es recuperar la confianza, pero eso no se logra automáticamente con la firma de los decretos.

Aunque hubo muchos cambios de caras en la Administración, se dice en algunos sectores que usted les mantuvo las cuotas a algunos concejales amigos suyos. Por ejemplo, se afirma que el Dagma quedó en manos de los concejales Tyrone Carvajal y Orlando Chicango...

Eso no es cierto. Si algo me ha dolido es que se digan ese tipo de cosas, pero lo acepto porque ese es el resultado de la desconfianza. En torno a mí se generó desconfianza, que yo era politiquero, amangualado con algunas personas que no estaban obrando como debía ser. Eso ha hecho que se dude de la contundencia con que se hicieron los cambios.

¿Pero usted recibió recomendaciones de concejales u otros políticos para hacer esos nombramientos?

En la propuesta de gran pacto de ciudad, que seguimos trabajando, efectivamente dije que si las personas convocadas tenían referidos me los hicieran conocer. Hubo gente como Julián Domínguez, Nelson Garcés Vernaza, Germán Jaramillo que dijeron que el responsable de escoger el gabinete era yo y que posteriormente ellos querían discutir con ese nuevo equipo temas de ciudad. Sí hubo gente que me decía, ‘hombre tenga en cuenta tal o cual persona’, pero muchos no tenían interés por el ingreso económico, otros decían que no estaban interesados en el sector público. Los que aceptaron simplemente me dijeron: ‘Venimos a hacerlo por la ciudad’.

En el relevo del gabinete les dio cabida en varios puestos clave a mujeres. ¿Se siente más cómodo trabajando con mujeres que con hombres?

Al momento de resolver la crisis, nombré una serie de funcionarios entre los que hay un número importante de mujeres y no lo hice por la intención de cambiar los hombres por mujeres. Simplemente encontré que para algunos cargos que requería proveer las candidatas más adecuadas eran mujeres.

¿Pero comparte esa creencia popular de que las mujeres son más honradas que los hombres?

Me metería en un lío decir que ser hombre es condición de sospecha, de ser deshonesto. De todas formas, sí encuentra uno en la mujer una mayor capacidad de compromiso, de laboriosidad. Uno relaciona a la mujer con ese rol de la madre, de quienes tienen un sentimiento mucho más profundo de arraigo en lo que hacen. Me parece que las mujeres son más profundas, comprometidas en entregarse con alma, vida y sombrero a las gestiones.

En la actitud del Gobierno Nacional frente a usted se nota cierta ambigüedad. Por un lado, es innegable que hubo acompañamiento en este proceso de la crisis, pero por otro el vicepresidente Francisco Santos le jala las orejas cada rato y al finalizar el año dijo que Cali estaba en poder de unas mafias...

Sí, yo lo siento así. Para mí es una gran fortaleza la relación del presidente Álvaro Uribe Vélez con Cali. Siento una profunda gratitud con él en lo que ha sido su relación con la ciudad. En ese sentido no cabe duda que durante la crisis el Presidente me expresó su preocupación porque quiere a Cali. Me decía que tuviera mucha fortaleza y ánimo.

Cuando le conté lo de la petición de la renuncia a todo el gabinete me dijo: ‘Muy bien, replantee en conciencia”.

Con Juan Lozano, el asesor presidencial, también tuvimos mucho diálogo y me manifestó continuamente que en los ajustes que fuera a hacer interpretara el sentir colectivo y que hubiese representantes de todos los sectores. La posición del vicepresidente Francisco Santos no es nueva. Hace dos o tres años, en Cali dijo que la justicia obraba en forma débil y que aquí había preclusiones chimbas. El año pasado, en el tema de los taxis, dijo que yo tenía que amarrarme los pantalones. En diciembre afirmó que en Cali hay una mafia. Desconozco los motivos para que Santos tenga esa apreciación sobre Cali, pero me gustaría conversar más con él y poder lograr que pueda compartirnos qué le preocupa. Pero evidentemente siento una dualidad.

Sin embargo, el Presidente no le ha jalado las orejas a Francisco Santos ni lo ha rectificado. Se podría pensar que esas declaraciones del Vicepresidente cuentan de cierta manera con el aval del Presidente...

Cuando el doctor Santos, en agosto del año pasado, hizo las declaraciones sobre amarrarse los pantalones, yo le escribí al Presidente diciéndole que quería saber si esa era una posición del Gobierno Nacional o una posición personal del Vicepresidente. Álvaro Uribe se la remitió al doctor Santos y el Vicepresidente simplemente me aclaró que él no quiso decir eso, que lo interpretaron mal. Pero los hechos demuestran una actitud muy positiva del Presidente y otra muy crítica del Vicepresidente.

Otro de los rumores que hay es que algunos asesores que supuestamente salieron del gabinete siguen teniendo alguna injerencia en el Gobierno...

Eso no es cierto. Entendí y se los expresé a ellos, que el tema de los asesores había hecho crisis. Ellos lo entendieron e hicieron un reconocimiento de que efectivamente esa era la sensación.

¿Su renuncia a Sí Colombia, de Noemí Sanín, y su adhesión a Colombia Democrática, de Mario Uribe, no fue una jugada para blindarse en esta crisis y cuando ocurriera, usted formara parte del uribismo para garantizar el apoyo del Presidente?

Solicité el aval del movimiento Sí Colombia porque había acompañado a Noemí Sanín en 1998 y en el 2002 como coordinador político en el Valle. Sin embargo, mi relación con Sí Colombia era más afectiva.

A raíz de todos los cuestionamientos hacia mi Gobierno, me pareció en un momento dado que Sí Colombia podría tener un motivo para decir: ‘Nos arrepentimos de haber avalado a Apolinar’. Me pareció un acto de cortesía, de elegancia, dar un paso al costado para que no se responsabilizara a Sí Colombia de cualquier alusión que se hiciera a mí como persona.

Mi cercanía con el senador Mario Uribe Escobar fue más iniciativa de amigos comunes que han querido que nos conozcamos, pero no soy miembro militante de Colombia Democrática. Sigo apareciendo ante el Consejo Nacional Electoral como el Alcalde de Cali avalado por el Movimiento Sí Colombia y si llegase a prosperar la revocatoria, por ejemplo, Sí Colombia tendría el derecho a establecer quién sería la persona que entraría a ocupar la Alcaldía.

A propósito, ¿Qué tanto le preocupa el tema de la revocatoria?

Decir que no me preocupa sonaría sobrador, arrogante. Al fin y al cabo están intentando quitarme algo que yo me gané legítimamente en las urnas. Pero decir que me genera angustia, no. Creo que la revocatoria es un instrumento que está contemplado en la ley de participación ciudadana. Pero a mí también me asiste el derecho a defenderme. No estoy angustiado, pero sí estoy adelantando las acciones correspondientes para hacer antirrevocatoria. Esto lo hago trabajando por Cali, hablando con los ciudadanos, invitándolos a que no es bueno generar un proceso de inestabilidad institucional a la ciudad. No me quita el sueño la revocatoria.

¿Se siente traicionado por el hecho de que ese proceso lo esté liderando Margarita Londoño, una persona que lo acompañó a usted en la campaña?

Conozco a Margarita Londoño hace más de catorce años. Trabajamos juntos en la alcaldía de Rodrigo Guerrero. Alguna vez ella dijo que yo había robado tanto en el Concejo que tenía una casa en Ciudad Jardín y cuatro narcotoyotas. Luego me dijo que tal vez se había precipitado. Hicimos las paces y me acompañó en la campaña. Al principio de mi gobierno me representó en unas juntas directivas, se le dieron unos contratos para ejecutar a través de una fundación que trabaja con mujeres, pero luego en su aspiración al Senado, en el momento de la crisis, decidió que la mejor manera de impulsar su candidatura era promover la revocatoria del Alcalde de Cali y es una actitud que yo respeto, pero obviamente no comparto. Me parece que es una actitud oportunista.

Sus dos últimos secretarios generales, José Luis Echeverry y María del Mar Machado, tienen algo en común y es que son amigos del Fiscal general de la Nación. ¿Es una simple coincidencia o se está blindando frente a las investigaciones que se le adelantan?

Yo conozco a María del Mar Machado desde que trabajábamos en la Gobernación. A Echeverry lo conocí cuando fue Secretario de Deportes de Ricardo Cobo, siempre nos ha unido una gran amistad. No sabía que tenía muy buena relación con el Fiscal, pero, además, cuando nombré a Echeverry, Mario Germán Iguarán no era todavía fiscal. Nombré a María del Mar Machado porque la conozco y creía que ella le podía dar a la Secretaría General la dinámica que quiero para mi Gobierno en este segundo tiempo. Tampoco conocía que era amiga de Iguarán.

¿Usted ha sentido que el gobernador Angelino Garzón ha intentado pescar en río revuelto y que se le ha ‘metido al rancho’ en los temas del municipio?

El Gobernador ha sido un hombre solidario conmigo y en los momentos más difíciles siempre he contado con su apoyo. En cuanto a su intervención en Cali, él tiene todo el derecho legal y político para que su gobierno haga presencia en Cali. Él es el Gobernador de los 42 municipios del Valle y uno de esos municipios es Cali.

¿Le ha visto ganas al Gobernador de ser Alcalde de Cali?

No se las he visto, pero creo que si aspirara a ser Alcalde de Cali es legítimo y si llegara a ser así considero que quien menos tiene autoridad moral para pensar que alguna aspiración es loca o ilegítima soy yo.

¿Cómo quiere que lo recuerden sus conciudadanos cuando termine su gestión?

Me gustaría que me recordaran como la persona que intentó durante todo el tiempo de su gobierno lograr que las fracturas sociales de la ciudad se resolvieran.

Pero esa fractura social en su Administración se ha agudizado, porque algunos amigos suyos dicen que todas las críticas que se han lanzado contra usted provienen de la oligarquía y que es un problema de blancos y negros...

Tengo que lamentar que en Cali haya amigos y enemigos míos que dan la impresión que esa polarización les generará rentabilidad política, social o económica. La ciudad es una sociedad constituida sobre la base de la confrontación. Recuerdo que en el momento más complicado de la crisis salieron unos pasacalles que decían no más alcaldes negros en Cali. A ratos pienso que fueron los mismos negros o amigos míos los que pusieron eso creyendo que de esa manera estábamos combatiendo a los detractores de mi Gobierno. Eso no lo comparto.

¿Si se aprueba la reelección de alcaldes y gobernadores consideraría postular su nombre para un segundo periodo?

Jamás. En la vida me bautizaron una vez, me casé una vez, hice la primera comunión una vez y me voy a morir una vez. He ido construyendo mi proyecto de vida para siempre crecer, avanzar y alcanzar metas que parecían imposibles e inalcanzables. Me encanta sentir que logro vencer obstáculos y alcanzar metas, pero ésta de ser el Alcalde de Cali es el mayor logro de mi vida. Sólo aspiro a que llegue el 31 de diciembre del 2007, terminar bien mi gobierno y salir con la frente en alto.

¿Cuántos de los 180.000 votos que obtuvo hace dos años cree que le quedan?

Los líderes políticos nos gastamos día a día la popularidad. Diría que me quedan muchos de esos votos porque eran de opinión, de reconocimiento a una gestión, a un proyecto, pero no soy tan prepotente para decir que los he multiplicado o los conservo todos. De pronto hay quienes se han arrepentido de haber votado por mí, pero hay otros que se sienten orgullosos.

¿Cuáles son los mayores logros de su Gobierno?

Fuimos capaces de iniciar la construcción de obras del MÍO, que para mí es el proyecto más importante, no de esta Administración sino de la ciudad y la región en los últimos años.

Pero sus críticos aseguran que el mérito del MÍO, más que de su Administración, es del Gobierno Nacional que aporta el 70% de los recursos del proyecto y que lo ha jalonado...

La diferencia entre un líder y un protagonista es que a éste último le interesa el reconocimiento personal, la foto, la cámara, el que se muestre esa persona. El líder es aquel que es capaz de jalonar procesos, inclusive renunciando a su figuración individual. El MÍO es un proyecto que se ha venido elaborando y construyendo a través de varias administraciones. A mí me ha correspondido la feliz oportunidad de ejecutar las obras. No es un invento de Álvaro Uribe y de Apolinar Salcedo que la Nación lo cofinancie en un 70% y el Municipio ponga un 30%. Hemos logrado el resultado y no sólo es mérito del Alcalde, ni tampoco del Presidente. Hemos hecho equipo, la Nación y el Municipio, para que Cali cuente con un sistema integrado de transporte masivo.

Aparte del MÍO qué otros logros presenta...

Pienso que el tema de la seguridad ha sido muy importante. Sin embargo, uno en este tema nunca se puede declarar satisfecho. La seguridad no puede ser una política de gobierno, sino de Estado. Allí hay un logro muy importante porque estamos en un trabajo interinstitucional y las cifras hablan por sí solas.

A pesar de las circunstancias que empañaron esta Administración en el tema de la educación, recientemente corroboramos que tenemos 73.000 niños que están recibiendo educación dentro del proyecto de la ampliación de cobertura. En la medida que en el 2006 podamos mejorar los ingresos vamos a seguir creciendo hasta tener una cobertura del ciento por ciento de los niños que están fuera del sistema escolar. En salud logramos mejorar los niveles, aumentar los subsidios parciales y totales para el acceso a servicios de los menos favorecidos.

¿Usted duerme bien?

Yo duermo muy bien, cerca de cinco horas y media diarias. Tengo un indicador de lo que soy como ser humano, el sueño. Cuando pongo la cabeza en la almohada y me quedo dormido es un reflejo de que tengo la conciencia tranquila.

¿Tiene la conciencia tranquila?

Tengo la conciencia absolutamente tranquila, en el sentido de que le vendí a Cali la idea de un programa de gobierno, que como lo dije en campaña, encarnaba antes que un proyecto de Alcalde, un gran proyecto de ciudad. Creo que lo he venido cumpliendo, con obstáculos, con dificultades, pero sigo trabajando con la convicción de que estoy cumpliendo con el deber.




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