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Sábado 21 de Noviembre de 2009
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Nacional
Descifrando al ‘alquimista’

Por Margarita Vidal


Durante tres años el escritor brasileño Fernando Morais se dedicó a desentrañar la intimidad del reconocido autor Paulo Coelho. El resultado: cerca de 700 páginas tan bellas como desgarradoras.

Considerado el periodista más importante de su país, Fernando Morais nació en Mariana (Mina Gerais, Brasil) en 1946 y ejerce el periodismo hace cuarenta y siete años. Es también novelista, autor de numerosos libros de gran éxito como Transamazónica, La Isla, Olga, Cien kilos de Oro, En la Cueva de los Leones, que no sólo han sido verdaderos fenómenos de librerías, sino que han sido traducidos a veintiún idiomas.

Morais ha sido Diputado, Secretario (ministro) de Cultura y de Educación, miembro del consejo político del periódico Brasil de Fato, integrante de la Academia Marianense de Letras y guionista de televisión. Es un abanderado de la lucha contra el latifundio, la integración sudamericana y el respeto a la soberanía de los pueblos.

Su última obra, ‘O mago’ (El Mago), es una novela de casi setecientas páginas donde hace una narración exhaustiva de la vida y milagros del escritor brasileño Paulo Coelho, quien acaba de completar sus cien millones de ejemplares vendidos en el mundo entero.

Entre el cielo y el infierno. Así ha vivido Paulo Coelho, quien es hoy el autor que más vende en el mundo, llevando un mensaje espiritual que cada quien se cala a su antojo, como quien se unge un bálsamo.

Inconforme y contestatario, el Coelho que pinta Morais en su libro, trasiega todos los caminos del horror, pero también se transporta por iluminados senderos como el del ápostol Santiago, a quien sigue, paso a paso, en su andadura de Francia a Compostela, donde reencuentra a Dios y recupera la fe.

De su casa en Río de Janeiro, situada en la Playa de Copacabana, donde el aire parece más sutil y transparente que en cualquier parte del mundo y donde las garotas brillan bruñidas por el sol,

Coelho se mudó al Sur de Francia, donde lleva una vida sencilla, casi monacal y desde donde parte, ocho meses al año, en giras promocionales a todos los confines de la tierra.

El interesante y grueso libro de Morais me lleva al día en que encontré al autor de El Alquimista, en su bonita y sobria casa, para una entrevista memorable. Menudo, todo de negro hasta los pies vestido, hubo una corriente instantánea de empatía a través de su sonrisa sugerente y sus ojos inquisitivos y curiosos. Hablamos a lo largo de horas. Es un hombre profundo y valiente, sincero y dulce, un tanto místico y a la vez muy terrenal.

Mucho de esa conversación y de sus espontáneas y descarnadas confesiones, reaparecen en esta biografía que pinta magistralmentre a quien en sólo veinte años se ha convertido en un autor de culto, un verdadero fenómeno de masas.

¿Qué le costó escribir este libro en tiempo, en trabajo, en investigación?

Cuatro años. Significó tres años de investigación y uno escribiéndolo. Unas 400 horas de grabación con Paulo, que vive en Francia hoy. Como él siempre vivió en Río y yo en Sao Paulo, tuve que mudarme allí ocho meses para entrevistar a unas cien personas entre amigos, enemigos, familiares y seguidores, en fin, a los que gravitaron en torno de él a lo largo de su vida. Volví a Europa para chequear con él los datos y después salimos juntos caminando por el mundo, como cuando acompañé a El Gabo o a Norman Mailer. Quería verlo con su público pero jamás había visto algo semejante. A sus lectores no le basta con leer a Paulo. Quieren tocarlo una y otra vez. Yo vi gente que se ponía a llorar. Para mí fue una sucesión de sorpresas, porque debo confesar que yo esperaba un personaje más ligero, un poco más light y me topé con una historia dostoievskiana, una sucesión de tragedias, con drogas, con pactos demoníacos, con entradas en manicomios, con tratamientos medievales de electro choques, de experiencias con sacrificio de animales domésticos para satisfacer al Ángel de la Muerte, en fin. Algo muy impactante.

¿Qué origen tienen todos esos problemas?

No lo sé a ciencia cierta. Tal vez una relación difícil con unos padres muy conservadores, cristianos fundamentalistas. Paulo, un rebelde, llevó todo a las últimas consecuencias. Con las drogas no le bastaba probar la marihuana, sino que incursionó en todas y muchas veces salía de Brasil para ir a América Central o a Bolivia para experimentar otros alucinógenos. Se fue a Holanda cuando ya se podía fumar marihuana en la calle. No tenía ninguna medida. Todo era al extremo.

¿Qué encuentran en él sus lectores, que les permite la profunda conexión que usted describe?

Buena parte de su obra se ocupa del espíritu; le habla al corazón de los lectores, se refiere a algo que yo no hubiera comprendido totalmente antes de trabajar en la biografía: a la realización de los sueños, a la necesidad de entregarse a la búsqueda de un objetivo. Yo pensaba sinceramente que se trataba de un juego de palabras para ganar lectores, pero leyendo sus diarios descubrí que la única cosa que él quiso, siempre y con todas sus fuerzas, era ser un escritor leído en todo el mundo. Lo escribía reiteradamente a los diez, a los quince, a los veinte años. Inicialmente fue un compositor de rock de mucho suceso y ganaba chorros de plata. También fue dramaturgo, periodista, ejecutivo de transnacionales de discos, pero nada de eso lo llenaba, porque sentía que su misión era otra.

¿Su ansia de ser escritor era tan drástica?

¡Definitivamente! Yo le puedo decir que hasta el hecho no tener hijos hace parte de esa decisión. Quería concentrar toda su capacidad y su energía en esa meta y sabía que un hijo te lleva mitad del alma. Él eligió dedicarse totalmente a la misión para la cual nació.

“La única cosa que él quiso (Coelho) con todas sus fuerzas, era ser un escritor leído en todo el mundo. Lo escribía reiteradamente a los diez, a los quince, a los veinte años”. Fernando Morais, autor, refiriéndose a Paulo Coelho, el escritor brasileño.
La persecución de una meta no garantiza el éxito. ¿Cuál es ese mensaje que le llega a miles y miles de millones de lectores?

Coelho recibe cerca de mil emails al día desde países cuyos nombres no puedo ni pronunciar, muchísimos de ellos de gente agradeciéndole porque alguno de sus libros le salvó la vida a un hijo o a ellos mismos, que habían decidido matarse; otros le cuentan que en situaciones diversas alguna frase o pensamiento les abrió un camino, los hizo ver claro, los orientó.

¿Encuentran mensajes de esperanza?

Encuentran que ellos pueden lograr sus objetivos. Pero no puedo decir sino que ese es su secreto personal. Tan íntimo como un don divino. Si yo supiera que es, sería autor de muchísimos más libros y los vendería por millones, porque, aún cuando los míos tienen buen suceso, no son comparables jamás.

Los críticos de Coelho son desdeñosos con lo que llaman “pseudo” literatura, diseñada para incautos que creen solucionar sus problemas con la fuerza de la mente o a través de libros, horóscopos, astrología …

No puede decirse estrictamente que sean libros de autoayuda, son novelas en las cuales él destila sus propios pensamientos. El hecho de que llegue con tanta fuerza a las personas, tal vez indica que a través de la experiencia vivida entendió los dilemas y ansiedades del alma humana y puede articular pensamientos, respuestas o indicar caminos que le resultan reveladores a la gente. Él es un escritor universal. Lo mismo vende en Francia que en Inglaterra, Rusia, Hungría o Japón, para citar unos pocos países donde se lo lee. Pasa que esa crítica que usted cita, es incierta. Algunas veces muy elogiosa, otras no. Particularmente en Latinoamérica y en Brasil donde surge una crítica insultante, agresiva, descalificadora del autor. De hecho allí ahí un porcentaje muy alto de envidia y de mala leche, porque todo autor quisiera vender mucho -para eso escribe- pero pocos lo logran. Piense usted lo que sentirán muchos ante un autor que acaba de ajustar cien millones de ejemplares vendidos y que es hoy, más traducido que Shakespeare.

¿Cómo definiría usted a Paulo Coelho?

Yo no lo conocía, y la primera sorpresa que tuve al encontrarme con él en una ciudad al sur de Francia, donde vive ahora, fue descubrir a una persona sumamente sencilla, llena de humor y con la felicidad bailándole en los ojos. Nada de bajarse de una limusina, cercado de guardaespaldas, con una secretaria para el portátil y otra para el maletín. Simplemente llega un taxi y de él baja un curita de provincia, flaquito, de pelo blanco, peinado con una colita de Hare Krishna y arrastrando una valijita vieja. Él no vive en un castillo, sino en una casa que adaptó en un antiguo molino de maíz, confortable pero sin lujo alguno. Para mí, que esperaba una ‘prima-donna’, fue una sorpresa inesperada.

Entiendo que había muchas propuestas de periodistas para esta biografía, ¿por qué usted?

Planeta le propuso a Paulo mi nombre y él respondió que aún cuando tenía numerosas propuestas de autores lationamericanos y europeos, escogía mi nombre.

¿Alguna razón específica?

Sí, después me comentó que lo decidió tras haber leído un libro mío que se llama ‘Olga’, sobre el cual se rodó una película que fue nominada al Oscar, en la categoría de mejor película extranjera, un libro serio, responsable y muy ameno que narra la historia de una rebelde judía devuelta a los nazis por las autoridades brasileñas. Después, curiosa y sorpresivamente, aceptó mi única sugerencia: que no leería los originales, solo el libro cuando estuviera impreso, a la vez con la gente de la calle.

Coelho había dispuesto que a su muerte sus diarios serían incinerados. Usted los leyó todos. ¿Cómo se sintió incursionando en una intimidad tan descarnada, tan dura, tan violenta?

Esos numerosísimos diarios fueron oro puro para el libro, pero a la vez me generaron intensos conflictos éticos. Descubrí muchas cosas duras, feas, escandalosas para nuestra cultura. Yo me cuestionaba si tenía derecho a exponer públicamente las heridas de alguien tan generoso conmigo.

¿Cómo lo resolvió?

Mi mujer percibió que yo estaba perturbado con estas dudas y me dijo: tú no tienes derecho a someter a tus lectores a una censura que Paulo no te ha pedido.

Si él te hizo entrega de todos esos diarios, te está cediendo su intimidad y está confiando en ti. Eso me alivió y pude llegar al final.

¿Qué dijo cuando lo leyó?

Fue algo muy extraño. No dijo nada. Ni el primer día, ni la primera semana, ni la segunda. No contestaba mis llamadas, ni mis mensajes de internet. Cogí un avión y me fui a Francia. Toqué a la puerta y le dije: “¿Qué pasa?” Él me contesta: “Quedé muy impactado. Tuve que leer el libro dos veces seguidas hasta descubrir que ese tipo que está ahí, soy yo”. Y se quejó de algo con lo que no estoy de acuerdo y es que, según me dice, mi “condición de materialista y ateo me impidió mirar determinados aspectos de su espiritualidad”.

¿Por qué no está de acuerdo?

Porque creo que para el lector es mejor un biógrafo ateo que uno creyente. La razón es que cada vez que él me hablaba de ángeles, diablos, pactos con el demonio, etc., yo le preguntaba: “¿cómo era el ángel? ¿De carne y hueso? ¿Hablaba en español o en portugués? ¿El diablo tenia rabo en punta de flecha?”. A veces se ponía molesto. “Tú eres un ateo, no crees en nada”. Eso me pone a salvo de suspicacias de otras creencias porque yo no hablo a favor de ninguna.

Dentro de esa marejada de sucesos tremendos ¿qué destacaría?

Hay dos momentos claves en su vida. El primero cuando los padres lo ingresan varias veces en un manicomio y él siempre se escapa. Quienes tenemos hijos adolescentes sabemos qué significaría meter a un muchacho frágil en un manicomio, amarrarlo de una cama y darle choques eléctricos. Es algo de una crueldad medieval. Otro momento importante, confesado por el propio Paulo, es el que él llama el “mayor momento de cobardía de su vida”. Ocurre cuando él y su primera mujer, muy jóvenes, son arrestados por la dictadura militar de Brasil. Los separan y después él entra a un pasillo de la prisión hablando con un policía. Cuando su mujer, una muchachita estudiante de arquitectura, desconocida y militante comunista, oye la voz de Paulo, que ya era famoso como compositor de rock y a quien no se podía desaparecer tan fácilmente, le grita: “Paulo dile a esta gente que soy tu mujer, ¡que dejen de torturarme!” Él se amedrenta y no dice ni una palabra. Esa fue la última vez que la muchacha lo escuchó y después le prohibió pronunciar su nombre.

¿Cómo explica esa actitud?

Entró en pánico. Toda su vida la había pasado siendo amenazado, primero por los curas jesuitas que le querían meter el cristianismo a patadas y a palo, lo que lo radicaliza y lo lleva a meterse en todas esos ritos satánicos, de santería y de brujería. Había sido también víctima de la violencia doméstica de sus padres –su papá hoy todavía llora como un niño cuando recuerda lo que hizo con su hijo-. Paulo dice que se sentía rodeado de todos estos fantasmas y que no había podido liberarse del terror que le producían los experimentos alucinógenos y las pesadillas que lo atenazaban. Dice que no se perdona ese momento de debilidad en el que ha sido uno de los momentos más terribles de su vida.

¿En qué momento y cómo ocurre el cambio que lo lleva al éxito total?

Tiene fecha: febrero de 1982, durante un viaje como hippie rico, porque ya había hecho mucho dinero con la música, por Europa, en un Mercedes Benz. En Alemania va a visitar el campo de concentración nazi de Dachau y allí cuenta que tuvo su primera epifanía. Su primera aparición. Yo no he podido precisar lo que pasó pero fue suficientemente duro, o impactante, o revelador, o los tres, como para cambiar profundamente su vida. Abandona las drogas, el alcohol, los matrimonios heterodoxos, el satanismo y todas esas monsergas que lo dominaban y hace la peregrinación del apóstol Santiago a Compostela. Ese libro, ‘El Camino de Santiago’, es su primer suceso mundial. Para resumirle mi impresión, le diría que Paulo Coelho es un sobreviviente.

¿Piensa que la vida de Coelho daría para una película?

Estoy convencido de que sería un éxito. Tiene todos los ingredientes: violencia, sexo, religión, rock, satanismo y redención. Sobre todo esta última, que es la que justifica su vida y lo salva.

En sus propias palabras

“Descubrí muchas cosas duras, feas, escandalosas para nuestra cultura. Yo me cuestionaba si tenía derecho a exponerlas”.

Fernando morais, periodista y escritor brasilero, biógrafo de Paulo Coehlo.

Datos claves

  • Un momento clave de su vida (Coelho) ocurre en su adolescencia, cuando sus padres lo ingresan varias veces a un manicomio del que él escapa.

  • En Alemania tuvo su primera epifanía. No sé si fue muy duro, muy impactante, muy revelador, o las tres, pero la aparición cambió profundamente su vida.



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    i can barça / el mundo
    impactante,exelente articulo he decidido leer a paulo coehlo,quiero desentrañar esa inquietud que llevo en mi alma,talvez en alguno de sus libros encuentre las palabras que me lleven al cambio.
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