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Turistas del fin del mundo

Por: Allen Salkin

África y su encanto. Los denominados ‘turistas verdes’ tienen a África como uno de sus destinos predilectos. El Kilimanjaro es el punto que más visitantes atrae, debido a la amenaza en la que está.
Cada vez más viajeros quieren ir a lugares que están en peligro de extinción. El ‘turismo de la condena’, un arma de doble filo para el planeta.

Aennis y Stacie Woods, una pareja de esposos de Seattle, eligieron sus destinos vacacionales con base en lo que temen que está condenado a la destrucción.

En diciembre fue un viaje de campamento y en kayak en torno a las Islas Galápagos. El año pasado fue una estancia en una remota cabaña en el Amazonas, y antes de eso, un ascenso al Monte Kilimanjaro.

La visita al Amazonas fue “para tratar de verlo en su estado natural antes de que sea convertido en un rancho ganadero o talado o quemado hasta las raíces”, agregó. El Kilimanjaro fue para ver el amanecer en la cima más alta de África antes de que se derrita el hielo que la cubre, como algunos pronosticadores afirman que sucederá dentro de los próximos 12 años. Lo siguiente en su lista: el Artico antes de que desaparezca el hielo.

Los Woods son parte de una tendencia de viajes que Ken Shapiro, editor en jefe de TravelAge West, una revista para agentes de viajes, llama "el Turismo de la Condena". "No se trata solamente de ir a un lugar exótico", explicó Shapiro. "Se trata de ir a un lugar que esperan que desaparezca dentro de una generación".

Desde los trópicos hasta los campos de hielo, la predestinación fatal es un gran negocio. Quark Expeditions, un líder en viajes al Artico, duplicó su capacidad de viajes a los rincones más al norte y al sur del planeta para su temporada del 2008.

Los agentes de viajes reportan que los clientes piden cada vez más viajes para ver los glaciares que se deshielan en la Patagonia, el amenazado Gran Arrecife de Coral, y los erosionados atolones de las Maldivas, señaló Shapiro.

Incluso el hundimiento del crucero antártico Explorer, que chocó contra un témpano el mes pasado, no ha enfriado este interés.

Otros operadores de viajes al Antártico afirman que han recibido frenéticas llamadas para pedir camarotes de último momento a quienes habían programado futuros viajes en el Explorer. Puesto que la mayoría de los viajes están llenos, los posibles clientes son rechazados.

Ser los últimos

Lo que persiguen estos viajeros podría ser una versión moderna de un viejo impulso humano: contemplar una frontera no tocada. Excepto que, en esta ocasión, en vez de ser los primeros en escalar una montaña o contemplar un lago alimentado por glaciares, los viajeros están ansiosos de ser quienes vean las cosas por última vez.

Casi todos estos viajes son comercializados como conscientes del medio ambiente y de la ecología; después de todo, son una gran gira por los efectos devastadores del calentamiento global.

Pero la industria de los viajes, según algunos ecologistas, capitaliza esta fiebre. Este tipo de viaje, arguyen, difícilmente es verde. Es ambicioso, requiriendo aviones y botes, además de nuevos hoteles.

Por bien intencionados, estos viajeros podrían apresurar la destrucción de los lugares que intentan ver. Pero el debate ambiental difícilmente ha quedado resuelto. Lo que está claro es que ser atrayente para el ego humano sigue siendo una herramienta de ventas para casi cualquier producto.

"El turismo de lo condenado ha estado con nosotros desde hace mucho tiempo en realidad", dice el escritor de viajes Jonathan Raban.

"Se trata de que el mundo está siendo estropeado, y el impulso de la industria del turismo por vendernos el hecho de visitar esos lugares es demasiado tardío, antes de que otras personas lo estropeen.

Por ello, el viajero preocupado, motivado por páginas promocionales en Internet que muestran imágenes de nativos sonrientes con la cara pintada y parvadas de coloridas aves exóticas, corre al vulnerable Amazonas.

Efecto perverso

John Stetson, portavoz de la Fundación Will Steger, una organización para la educación ambiental en Minnesota, explica que “muchas personas quieren hacer lo correcto, así que cuando algo es comercializado como lo correcto, tienden a hacerlo”.

No obstante, afirma, viajar en avión para ver los témpanos contribuye al calentamiento global, lo que provoca que los témpanos se derritan más pronto. "Es difícil culpar a alguien que desea ver algo antes de que desaparezca, pero es desafortunado que, al tratar de hacerlo, contribuyan al problema", subrayó.

Los defensores del turismo verde alegan que incluso los viajes que consumen carbono pueden ayudar a preservar los destinos, en tanto la población local entiende que es de mayor valor económico preservar la naturaleza para los turistas que en la agricultura o la tala de bosques, aseguró Lene Oestergaard, director ejecutivo de la Fundación para la Selva Tropical.

La organización fue fundada por Sting y Trudie Styler en 1989, para ayudar a los pueblos indígenas de las selvas tropicales del mundo a proteger su ambiente. "Hay centros vacacionales amistosos hacia la ecología", señaló Styler. "Esto es posible".

Algunas compañías de viajes han intentado reconciliar las conflictivas ideas de ver el planeta y al mismo tiempo salvarlo de alguna manera.

Abercrombie & Kent, una compañía de viajes de lujos, ofrece "viajes de misión" a localidades ecológicamente frágiles. Para la misión antártica actualmente en marcha, los 22 participantes, quienes pagaron 6,190 dólares por personas para una gira de 13 días, aportaron 500 dólares para Amigos de la Conservación.

Parte de ese dinero ayudó a comprar una cámara de video de alta definición, que los turistas le entregarán a la Estación Palmer, un centro de investigación ecológica en la península Antárica, según Pamela Lassers, una vocera del operador de viajes. La cámara será usada para filmar la conducta del kril, afirmó.

Cada turista recibe un certificado de participación y un parche de Misión de Desafío al Cambio del Clima.

Otra misión, en octubre, les entregó una estación de observación meteorológica a investigadores en el Monte Kilimanjaro, según Lessers.

En cierta forma, Aquellos que se consideran viajeros del mundo luchan por algo intacto. Pero, ¿qué queda para presumir en las fiestas después del viaje?

Viajar a India era común para fines de los años 90. Para el 2003, todos tenían que apresurarse a bailar tango en Buenos Aires. Los viajes a la luna no están disponibles aún en Orbitz.

En sus propias palabras

  • "Los turistas verdes no pasan incomodidades. Por cientos de dólares reciben agua caliente, camas blandas y tours especiales de observación".

  • "El turismo ecológico es un término publicitario. Mucha gente quiere hacer lo correcto, así que si algo se vende como lo correcto, tienden a hacerlo". John Stetson, vocero de la Fundación Will Steger.



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