Luto
Piden ayuda para traer a Luz Adriana
Por Luis Ángel Murcia - Corresponsal de EL PAIS. Cartago.
Esta es la peluquería que atendía Luz Adriana Ocampo, antes de emprender la mortal travesía hacia Israel. Su hermana, Luz Mery (en la foto), pide ayuda para repatriar su cuerpo.
luis ángel murcia |
| Los viajeros que se embarcaron en el sueño de un mejor futuro en Israel lo hicieron a sabiendas de que su entrada en el Estado hebreo sería ilegal. Hoy se vence el plazo para iniciar trámites de repatriación de los cuerpos. Una sobreviviente relató su osadía.
La otra tragedia que afrontan hoy las familias de las dos mujeres colombianas que murieron el pasado lunes, cuando de manera ilegal intentaron cruzar a pie el desierto de la frontera entre Egipto e Israel, es la repatriación de sus cuerpos.
El drama de ese tortuoso camino lo viven en carne propia los familiares de Luz Adriana Ocampo Hoyos, sevillana radicada en Caicedonia y quien junto a la señora Aurora Restrepo, perdió la vida al deshidratarse en el desierto de Negev, Israel.
“Le pedimos al Gobierno colombiano para que nos ayude a traer el cadáver de Luz Adriana y el de la señora Restrepo”, manifestó Luz Mery Ocampo, hermana de la víctima.
Añadió, que para ellos es imposible conseguir los $23 millones que cuesta el procedimiento de repatriación, “Por lo cual recurrimos a la solidaridad del Gobierno Nacional, las fundaciones o personas de buen corazón que nos quieran colaborar”.
Precisó además, que lo único que buscan es darle cristiana sepultura “aquí en nuestro país, cerca a sus seres queridos, especialmente sus hijos Yineth y Juan Felipe de 17 y 13 años, respectivamente”.
Sin embargo, Viviana González, sobrina de Luz Adriana, es menos optimista. “El tiempo se nos acaba no hay una solución concreta, creo que la plata que se pueda recaudar para ese procedimiento, es mejor invertirla en el pago de las deudas que adquirió para el viaje”.
Ilegales. Una de las cosas que se logró esclarecer, es que tanto Luz Adriana Ocampo, Aurora Restrepo y las cinco restantes personas de Caicedonia, Valle, que se atrevieron a cruzar el desierto de Negev, lo hacían de manera ilegal.
Así lo reconocieron familiares de Juan Carlos Álvarez, Luz Dary Hernández, Yamileth López, Duván Restrepo Valencia y una mujer caleña de nombre Marlene, los dos últimos aún se encuentran en territorio egipcio a la espera de poder atravesar la desértica frontera.
“Yo no sabía de ese viaje, sólo me enteré dos días antes de la partida y en ese tiempo me cansé de advertirle los riesgos y lo peligroso de ingresar a un país que está en guerra, pero no me atendió”, confesó Óscar Restrepo, padre de Duván.
EL DATO CLAVE
Los aportes para repatriar el cuerpo de Luz Adriana Ocampo se pueden hacer en la cuenta No. 77207377590 de Bancolombia. | | Al respecto, Uberney González, sobrino de Luz Adriana, explicó que el recorrido comprendía Bogotá, Madrid (España), El Cairo (Egipto), “De allí ellos debían desplazarse por sus propios medios hacia Israel”.
Similar explicación dio Jorge López, hijo de Luz Dary y esposo de Yamileth, quienes ya se encuentran en Israel, “Por razones obvias no podían llegar directamente hasta Israel y menos como turistas, todos sabían que debían ingresar por tierra y de manera ilegal hasta ese país”.
“No me dejen por favor”
Desde una camilla, en Tel Aviv, Israel, con un cuadro de deshidratación del 70% en todo su cuerpo, Luz Dary Hernández relató los últimos momentos de su osadía.
Esta mujer de 56 años y nacida en Caicedonia, Valle, describió los tres días de la caminata de quince kilómetros por el desierto en la frontera entre Egipto e Israel, como una pesadilla.
“Fue muy horrible, el calor era sofocante, implacable y lo más grave es que nos daban una gota de agua cada día para humedecer los labios”, recordó en medio de sollozos.
Agregó, que el momento más impactante fue cuando su amiga Luz Adriana y Aurora, no resistieron y se desplomaron,
“Ellas fueron auxiliadas por los hombres que venían en el grupo y, sin embargo, en medio de la agonía Luz me decía: no me deje, no me deje por favor”, describió la mujer.
Añadió, “yo seguí arrastrándome por esa montaña, con los ojos nublados y desorientada, cuando unas personas me recogieron del suelo. Me salvé de milagro”.
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