Visita Presidencial
Cinco días en Cali de un Presidente a puro trote
Por Carolina García, Reportera de El Pais
El presidente Álvaro Uribe realizó todos los días, a las 5:00 a.m., su tradicional jornada de trote, en las instalaciones de la Tercera Brigada. El viernes fue el único día que no pudo hacerlo por el intenso aguacero que cayó sobre Cali.
Ernesto Guzmán Jr. y SNE I El País |
| El Primer Mandatario realizó jornadas diarias de ejercicios y sesiones de yoga, para recuperar energías
El Jefe de Estado durmió cuatro horas días diarias y trabajó 20. Comió toda clase de platos típicos, como sancocho, chontaduro y luladas, pese a la gastritis que lo aqueja. Pero también dejó de almorzar y comer, por la apretada agenda. Secretos de Estado que se revelaron en Cali.
Eso de ‘trabajar, trabajar y trabajar’ no es sólo un eslogan. Ni una frase de cajón o la que muchos adoptaron en simpatía con el presidente Álvaro Uribe Vélez.
Es mucho más. Es una realidad. Y, a la vez, un gran mito. ¿Cómo pudo el Presidente dormir, cada día, menos de cuatro horas y estar en pie durante 20? ¿De dónde sacó tantas energías para presidir diez citas diarias durante estos cinco días de Gobierno en Cali?
La agenda no oficial del presidente Uribe en la capital del Valle empezó cuando aún Cali estaba de noche. Los altos funcionarios que se hospedaron con él en la Casa Militar de la Tercera Brigada, que fungió como Palacio de Nariño, contaron, con cierta vergüenza, que Uribe es el primero en abrir los ojos. “Es como un papá que sale a despertar a sus hijos”, decía uno de sus cercanos colaboradores.
A la cinco de la madrugada, a una temperatura que no superó los 15 grados centígrados y con una pinta deportivísima —zapatillas negras, pantaloneta gris y camiseta blanca en la que se leía Colombia Es Pasión— el Jefe de Estado realizó su tradicional jornada de trote.
Lo hizo en compañía de periodistas, militares y de cuanto personaje se le atravesara. El pasado jueves invitó a más de 50 niños del Liceo Pichincha y los llevó ‘al trote’ enseñándoles cómo saludar a los militares, soldados y ministros.
A Uribe le encantan las sonrisas y los abrazos furtivos de los niños, por eso, a muchos caleñitos, en medio del ajetreo, no les negó un cariñito.
¿Pero fue suficiente la jornada deportiva para que Uribe aguantara 20 horas de trabajo?
No. El Jefe de Estado también realizó, en la intimidad, algunas sesiones de yoga, de casi media hora y después del almuerzo. Tal vez eso lo llenó de energía para seguir las agotadoras jornadas y las más de diez reuniones diarias que sostuvo en Cali, porque en dos ocasiones Uribe se quedó sin comer.
Debido a sus compromisos, el Jefe de Estado, por ejemplo, sólo alcanzó a almorzar con un sanduche el pasado martes.
El miércoles a la medianoche, después de su viaje a Bogotá para reunirse con la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, tampoco quiso comer.
Pero esto no desvirtúa el buen apetito del Primer Mandatario. Durante su estadía, Uribe comió sancocho, bandeja paisa, arroz atollado, chontaduro, maní y pistachos, sus preferidos.
Y haciéndole el quite a la aguda gastritis que padece, el Presidente bebió muchos vasos de lulada. “Le gusta mucho esa bebida típica del Valle. En realidad el presidente Uribe no es nada exigente para la comida, por el contrario sufre cuando en la mesa todos comen algo distinto que él, debido al régimen para cuidar su salud”, comenta César Mauricio Velásquez, jefe de Prensa de la Casa de Nariño.
Eso sí, todos estos platos llegaron al paladar del Presidente después de que la Agencia de Logística de la Fuerzas Militares certificara la calidad de los alimentos. Palabras más, palabras menos y rayando con la ficción, fuentes extraoficiales afirmaron que, como mínimo, cuatro personas prueban antes lo que va a comer el Presidente, así sea que vaya a beber un vaso de agua.
dentro de la maleta. El presidente Uribe arribó el pasado lunes a Cali con dos maletas medianas. Dentro de ellas traía su amuleto: una estampa de la Virgen de María Auxiliadora. También, varias guayaberas blancas y azules y unos 20 trajes elegantes. Además, su ropa deportiva. En su maletín ejecutivo cargó documentos, bolígrafos, un celular de última tecnología, marca Blackberry, y un único par de lentes.
Cada día, el Presidente se cambió dos veces de ropa, por aquello de la informalidad de algunos encuentros.
Sus más cercanos colaboradores afirmaron que el Jefe de Estado no tuvo momentos ni de esparcimiento u ocio. Ni siquiera leyó los periódicos ni vio noticieros de televisión. Esa responsabilidad quedó delegada en el Jefe de Prensa, a quien a diario, le manifestó la preocupación de que los caleños le entendieran claramente sus palabras. “Le interesa que el mensaje llegue bien y todos los días pregunta: ¿Será que los medios sí me entendieron lo que quise decir?”, cuenta Velásquez.
En los momentos libres, que en realidad fueron pocos, en una oficina tipo presidencial que tiene la Casa Militar de la Tercera Brigada, Uribe firmó unos 50 decretos y un cúmulo de autorizaciones para algunos funcionarios del Gobierno. Estos documentos llegaron a Cali de la mano de un funcionario de la Casa de Nariño, exclusivamente para que el Mandatario los leyera, aprobara y firmara. También, devolvió y respondió llamadas. Y estuvo en permanente comunicación con su esposa, doña Lina Moreno de Uribe. “Como un padre y esposo interesado que es”, coincidían sus dos secretarias privadas.
Por tierra y por aire. Al Presidente no le importó movilizarse por tierra en la capital del Valle, pese a la advertencia de los trancones que por estos días soporta la ciudad. Por eso, el grupo especial de la Presidencia dispuso cinco camionetas blindadas a su servicio.
Todos los días, siete anillos de seguridad con miembros de la Fuerzas Armadas y grupos especiales vigilaron cada uno de sus pasos. Por aire, varios helicópteros también no le quitaron la mirada. Ni siquiera cuando, a las 12:00 p.m., Uribe se encerraba en la habitación VIP de la Casa Militar. El sueño del Presidente fue custodiado por tres anillos de seguridad.
Como un camaleón. Uribe es un hombre emotivo. De la intensa rabia puede pasar a la emoción, la risa o el jolgorio. “En los momentos duros se contraría, pero recobra, al mismo tiempo, la esperanza y se pone a trabajar”, cuenta Velásquez.
En Cali hizo toda clase de chistes como decir que no estaba contra el Polo porque se encontraba en medio de dos: el Gobernador y el Alcalde ‘Polo’, quienes jamás se le despegaron. A Amanda, una de las funcionarias de la oficina de prensa, la presentó ante los medios como ‘La reina de la parranda’...
En otras ocasiones fue recio, gritó, tomó agua y dijo sentirse preocupado por la situación de Cali. Pero lo que queda claro es que Uribe no dejó de trabajar, trabajar y trabajar, porque como lo dijo el viernes en su despedida: “No vine por aplausos ni a conseguir votos. Vine a hacer un trabajo social, que es mucho más difícil”.
En cifras
50 funcionarios acompañaron al Presidente durante su Gobierno desde la capital del Valle, la semana pasada.
4 consejos comunitarios y cuatro consejos de seguridad realizó el presidente Uribe en estos cinco días de Gobierno desde Cali.
En sus palabras
"Esta semana lo que queda en mi corazón es más amor por esta tierra, toda la gratitud y el compromiso con ustedes. Y echemos para adelante, que lo bueno es que aquí hay en qué trabajar y con quién hacerlo. Muchas gracias por tanta hospitalidad, tanta calidez brindada a mis compañeros de Gobierno y a mi persona durante esta semana en la ciudad de Cali". Presidente Álvaro Uribe.
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