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AUC
Paradero de Castaño, todo un misterio

Colprensa

Los delitos de Carlos Castaño suman un pena de 148 años en prisión. Foto / El Pais
Carlos Castaño Gil no está muerto para el Estado. Hasta tanto su restos no aparezcan, y se establezca su plena identidad, para la Fiscalía, quien fuera el máximo jefe de las autodefensas unidas de Colombia (AUC), continuará no sólo vivo sino pendiente por responder los múltiples procesos que hay en su contra.

El rastro de Castaño se perdió en la tarde del viernes 16 de abril de 2004. Un año después la investigación se encuentra en ese mismo punto. Sin víctima, sin sospechosos identificados y las indagaciones en etapa preliminar a cargo de fiscales de la Unidad Nacional de Antiterrorismo de la Fiscalía.

El hecho se produjo ese día poco después de las 2:00 de la tarde en una finca ubicada entre San Pedro de Urabá y Necoclí, Antioquia, donde el Jefe paramilitar se hallaba con diez escoltas que hacían parte de su anillo de seguridad. Según testigos, hasta el sitio donde estaba Castaño Gil llegaron varios sujetos en cuatro camionetas con vidrios polarizados, portando armas cortas y largas y vestidos de civil.

Dos supuestos escoltas de Castaño que fueron acogidos en el programa de protección de testigos suministraron las versiones iniciales de los hechos. Ambos fueron encontrados heridos en el hospital San Jerónimo de Montería y relataron su versión de los hechos.

Según estos dos testigos, Castaño escapó con vida al ataque del viernes 16 de abril, en el que murieron al menos cinco de sus escoltas, pero fue retenido horas después por el grupo agresor, al mando de un hombre identificado con el sobrenombre de ‘Monoleche’ ó ‘18’.

La Fiscalía halló en Ranchoalhombro, el lugar donde supuestamente ocurrieron los hechos, rastros del enfrentamiento: vainillas de calibre 7,65 y 5,56 milímetros, munición que es utilizada para fusiles de asalto, y algunos testimonios sobre la posible presencia de Castaño en el lugar, quien habría huido hacia las montañas protegido por dos de sus guardaespaldas.

Pero después de recorrer la zona y abrir fosas comunes, técnicos del Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía (CTI) sólo encontraron un radio de comunicaciones, unas prendas de vestir hechas jirones, un proveedor para fusil y ningún cadáver que correspondiera a las características de Castaño.

Y aunque las investigaciones no descartan su muerte. En el expediente reposan reportes de los servicios de inteligencia militar que describen otros hechos como el paso clandestino, días después de los hechos sucedidos Ranchoalhombro, de un hombre a territorio panameño, por la zona del Darién antioqueño, con descripciones que se ajustan a las características morfológicas del jefe paramilitar.

El registro podría tener relación con otros informes de inteligencia entregados por la Policía en los que se maneja la tesis de una huida de Castaño a Israel después del supuesto atentado contra su vida en Urabá. Las evidencias partieron de rastreos hechos a su teléfono satelital de varias llamadas entre Colombia y ese país, antes del incidente.

En total fueron 15 llamadas las que interceptaron los agentes entre los meses de marzo y abril de 2004. Y por el tono de las conversaciones, los analistas de inteligencia de la Policía comenzaron a contemplar la posible salida clandestina de Castaño al exterior.

Para los investigadores la tesis la refuerza la actitud del jefe paramilitar dos semanas antes del atentado. Castaño se alejó del manejo de la organización y se aisló en las montañas de Córdoba con su familia. Sólo algunos de sus más cercanos colaboradores sabían de su paradero.

Un mes antes denunció en carta abierta dirigida al comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, el asesinato de un miembro de su familia y de uno de sus colaboradores más cercanos en Medellín. La actitud de Castaño, según los investigadores, reflejaba la creciente división al interior de las autodefensas, y la supuesta desconfianza del estado mayor de las AUC hacia el jefe paramilitar.

Para ese momento ya habían aflorado las fisuras entre Castaño con el resto de las autodefensas. Su rechazo público a los vínculos de algunos bloques con el narcotráfico y sus intentos de mediar con Estados Unidos en la entrega de un grupo de narcotraficantes a la justicia de ese país, chocaron contra los intereses de antiguos lugartenientes, quienes se convirtieron en poderosos jefes que lo superaron en número de hombres y en financiación.

La presión llevó a Castaño a renunciar a la jefatura de las AUC en ese mismo año y dejarla en cabeza de Salvatore Mancuso, visto como un hombre más conciliador y político. Sin embargo, esta actitud acrecentó las suspicacias de muchos jefes paramilitares, quienes vieron en esa actitud una forma de intentar salvar su imagen y evitar nuevos señalamientos por narcotráfico y violación a los derechos humanos por parte de los Estados Unidos y la justicia internacional.

Las versiones de su supuesta huida a Israel, o su entrega a las autoridades de Estados Unidos, sin embargo, no son tan consistentes y los investigadores de la Fiscalía no descartan que se trate de un estratagema de algunos jefes de las autodefensas para "revivirlo" y desviar los señalamientos contra la cúpula de las Auc como los presuntos autores intelectuales de su muerte".

El estado mayor de las Auc siempre ha rechazado las versiones que los comprometen en su presunta muerte y han dado a entender que Castaño habría desaparecido del escenario público en circunstancias ajenas a ellos.

Salvatore Mancuso aseguró desde el principio que no hubo atentado alguno y calificó los hechos ocurridos en Ranchoalhomobro como "un cruce de disparos entre unas tropas de las AUC que controlaban la seguridad de la región y tropas de la Brigada 17.

La última de estas intervenciones la hizo Ernesto Baez, actual comandante de la organización, en una entrevista radial. El cabecilla paramilitar catalogó la desaparición de Castaño como un año sabático y contempló la posibilidad de su reaparición.

Para la Fiscalía el caso tiene más interrogantes que respuestas: ¿Está vivo o muerto? ¿Si sigue vivo, dónde está? ¿Huyó de Colombia o permanece en el país? ¿Actuó por amor a su familia y el deseo de salir de la guerra en la que se enfrascó por venganza? o ¿Es una jugada estratégica para eludir sus responsabilidades? O, por el contrario, ¿puede reaparecer fortalecido y retomar el control de la organización? Estos interrogantes son, en este momento, uno de los mayores acertijos a los que se enfrentan las autoridades colombianas.




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