Cantan, saltan y festejan cada domingo por su equipo del alma. Pero a ratos se convierten en una horda incontenible de jóvenes, cuyos actos hostiles contra otras fanaticadas, sus propios miembros y la Policía, los tienen en el ojo del huracán. Una gresca el pasado 8 de marzo en el Estadio Pascual Guerrero de Cali volvió a prender las alarmas. . |