Clutch-Time
Rondando el universo
Por Andrés A. Aristizábal P.
Pese a saborear la victoria, los Celtics no tienen la fuerza de hace dos años para tener la esperanza de un nuevo título.
A pesar de las lesiones y la ostensible baja en el rendimiento del ‘Monstruo de tres cabezas’, los Celtics de Boston aún se mantienen en la élite de la Conferencia Este y la NBA y, por supuesto, en la cúspide de la división Atlántico por encima de los renovados Raptors de Bosh y Türkoglu.
Sí, los casi 19.000 espectadores que pueden hacerse un lugar en el TD Garden todavía disfrutan de una defensiva poderosa, de tres estrellas que ansían su segundo anillo, de un Rasheed trabajador desde un rol secundario, de un Perkins en forma de muralla, de una banca rendidora y de un quinteto con aspiraciones.
Lastimosamente la fanaticada bostoniana sabe que ahora, pese a saborear las mieles de la victoria, su escuadra no posee la fuerza de hace dos años y las razones para mantener la esperanza de un nuevo título no son las mismas. Garnett luego de su delicada lesión aún mantiene la pasión, liderazgo y sus buenas formas defensivas pero no es la estrella de antaño, Allen pese a poder castigar a distancia ya no se le considera el temible francotirador y Pierce, pese a ser la estrella de mejor rendimiento no alcanza su tope.
Pero y entonces ¿por qué los Celtics aún muestran destellos de campeón?, la respuesta es sencilla y tiene nombre y apellido: Rajon Rondo.
El hombre que con sus números, su habilidad y capacidad creadora ha logrado que la estructura de un equipo campeón se mantenga en pie. A sus 23 años ha alcanzado la madurez suficiente para evitar el desmoronamiento de un cuadro hecho para hacer historia. Su habilidad para la creación, manejar el balón y mantener involucrado a sus compañeros se vio incrementada en la postemporada anterior y en esta temporada mucho más.
Pese a no ser un referente aún, tener problemas con su disparo y no ser el más eficiente en la línea de libres, Rajon ha obtenido el reconocimiento a su trabajo, ha sido nombrado como reserva en el Juego de las Estrellas 2010.
Un orgullo para Boston pues su joven base armador a pesar de sus falencias es el líder absoluto en robos, se mantiene en el podio de las asistencias y su poder anotador no es pobre. Es una estrella que nace entre un cúmulo de estrellas para brillar en el universo del baloncesto.
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