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Paraolímpicos
Nadando en la oscuridad

Por Jorge Enrique Rojas, reportero de El País.

Líneas rectas. Un nadador ciego debe concentrase el doble para no perder la noción de la línea que lo guía. Miguel usa una protección de silicona para impedir que se mojen sus retinas.
Colprensa / El País
Miguel Otero es el único caleño que estará en los Paraolímpicos de Beijing. Zambullida en la vida de un nadador ciego, obstinado y anónimo.

Luego, con las ocho medallas de oro colgando de su cuello y esa sonrisa de tiburón que sólo parece caber en su alargadísima quijada, Michael Phelps contó lo que para él casi fue una trágica anécdota: cuando nadaba los últimos cien metros de los doscientos mariposa en Beijing, sus gafas comenzaron a filtrar agua y a la cuarta piscina ya había perdido toda la visibilidad. Phelps, confesaría al tiempo, llegó a la meta sin ver y en medio de un ataque de pánico por la posibilidad de haber terminado enredado entre los separadores de carriles de la alberca. Paradójicamente, por menos de diez segundos con la vista inhabilitada, el mejor nadador de la historia olímpica pudo acabar viéndose como un torpe bulto intentando flotar. Pero tuvo suerte.

Esta es la historia de otro nadador que también competirá en Beijing. Claro, después de los récords batidos, las comparaciones con Phelps son absurdas. Pero en este caso la enumeración es una cuestión de justicia: Miguel Ángel Otero no cree en la suerte, no sufre de miedo y no puede ver ni adentro ni afuera del agua. Miguel Ángel es ciego. En los Juegos Paraolímpicos que se celebrarán en China desde la otra semana, él será el único caleño entre la delegación de doce deportistas que representarán al país y uno de los más opcionados candidatos para subir a un podio. Pero eso, pocos lo saben.

Hace unos días, cuando pregunté por su nombre en la Liga de Natación del Valle, nadie dio razón. “¿Un nadador caleño que no puede ver?, tiene que estar equivocado...”, dijo alguna de las voces estridentes que pasaron de extensión en extensión deshaciéndose de la llamada. De alguna forma tenían razón: en esta ciudad donde la ceguera ha sido un estado permanente desde hace tanto tiempo, nadie se percató de que uno de los mejores nadadores discapacitados que tiene la liga de Bogotá, es vallecaucano.

Y los ojos cayeron al fondo de la piscina

El padre de Miguel Ángel es joyero. Se llama Manuel, vive en el barrio Ciudad Córdoba, tiene el pelo blanco, una risa sonora y si le creciera la barba se vería como un Papá Noel bonachón. Repasando fotos de otros tiempos, ahora recuerda domingos transcurridos en piscinas públicas donde él y su niño se sumergían por horas. Entonces habla de juegos y de risas y de encuentros profundos y de conversaciones que flotaban livianas.

“Me hace falta ver la risa de la gente, ver una mujer bonita, ver la gente de la calle, pero la vida sigue, la vida es bella, hay que vivirla”. Miguel Ángel Otero, nadador paraolímpico. “Nunca se quejó, nunca reprochó. Admiro la humildad que tiene, su persistencia. Ese muchacho es mi ídolo, mi joya más preciosa”. Manuel Otero, padre de Miguel.
Manuel se encoge de hombros y dice que él no tuvo la culpa de nada, pero lo cierto es que esos días de chapuzones y cariño impermeable que fueron rutina familiar, parecen haber servido para que su hijo ya nunca saliera de las piscinas. Aunque eso, en verdad, es una simple especulación. Quién sabe, quizás en esta historia de realidades inexplicables, lo que sí tiene algo que ver es su fecha de nacimiento. Miguel nació el 9 de marzo de 1971 y es Piscis: signo de agua, paciente, eterno enamorado de sus propias causas y el más sacrificado de todo el zodiaco.

El chico se convirtió en waterpolista. Con 9 años Miguel, el obstinado Miguel, decidió practicar una disciplina de contacto y precisión, pese a una miopía congénita que avanzaba irremediablemente mientras sus días se convertían en borrosas experiencias. Aún así, fue selección Valle, estudió educación física y trabajó como ayudante de joyería junto a su papá. Sin embargo a los 20 años ya no era capaz de distinguir un anillo que recién había caído al suelo. Entonces todo cambió.

Los cristalinos de sus ojos debieron ser reemplazados por lentes artificiales y una recomendación médica lo obligó a retirarse del waterpolo. Previniendo los riesgos de un manotazo o de un balón estrellado en su cara, Miguel se lanzó al agua para transformase en un nadador convencional. Entrenó por meses para estilizar sus brazadas, para corregir posturas. Lo logró: en poco tiempo ya era profesor de natación de una universidad privada.

Miguel pudo hacer todo eso con apenas el setenta por ciento de visión que debía tener un hombre de su edad. Hasta que una vez, al entrenar, esa desventaja le impidió ver el muro al final de piscina. El golpe, un designio trágico justo en la mitad de su frente, le ocasionó un desprendimiento de retina que se repitió una y otra vez hasta que las zambullidas en los quirófanos dejaron de servirle. Así que un día, siempre fue de noche.

Si el amor es ciego, la obstinación, igual

Once de la mañana en Bogotá. La delgada voz que contesta al otro lado del teléfono parece la de un hombre feliz. Dice que va en un bus y me pide que lo llame en un rato. Habla de la congestión, de la gente, de los ladrones, de esa mañana fría, se ríe. Habla, ríe de nuevo y sí: parece un hombre feliz. Es miércoles y en doce horas Miguel Ángel se irá a Beijing.

Pero antes su vida debió empezar de nuevo. Luego de 16 cirugías y dos años esperando que las retinas al fin se adhirieran a sus ojos, Miguel no encontró en Cali ninguna institución que lo ayudara a entender el mundo de los ciegos. Ese en el que se necesita caminar con bastón y agudizar el oído y caerse muchas veces y tocarlo todo y preguntarlo todo y perderse y elaborar mapas mentales y aprenderlo todo. Con eso sólo lo ayudaron a Bogotá.

Y pudo. Y cayó y se levantó. Y se burlaron y él siguió. Y decidió que no sería para vender trapeadores, ni tocar guitarra ni pedir limosna. Entonces Miguel, el obstinado Miguel, volvió a entrar al agua.

Dos años después, apoyado por Coldeportes y trazando en su mente líneas rectas que siguió con devoción de fanático en la piscina, el hombre consiguió clasificar al Paramundial de natación en Durban, Sudáfrica ( 2006), donde obtuvo el séptimo mejor tiempo en cuatroscientos metros libre. Y en el 2007, bronce, plata y oro en los Parapanamericanos de Brasil. Entonces China dejó de ser tan sólo un punto negro en el mapamundi.

Once y media. Beijing está a menos de un día de camino y Miguel Ángel todavía no hace maletas. Aún así, habla, recuerda, ríe sin prisas. Su voz parece la de un chico de 20 años y no la de un hombre de 37 que ha estado sumergido en tantos sufrimientos: ¿A qué puede temerle alguien como él? Antes de colgar, ríe de nuevo, respira y responde: “me da miedo que en estos días, mi papá no me pueda ver en televisión”.

En detalle

  • Miguel tiene noción de luz. Aunque no puede ver, el daño en su vista sí le permite saber si es de día o de noche.

  • En el ojo izquierdo lleva una válvula artificial que le fue instalada para preservar la presión y evitar que pierda su funcionalidad. En ese ojo, le fue detectado glaucoma.

  • Miguel se gana la vida como profesor de natación para niños discapacitados en Bogotá. Para darles las lecciones, guía sus movimientos con las manos.

  • Cuando está en competencia o entrenadando, Miguel cuenta las brazadas para evitar estrellarse con el muro al final de la piscina. Y tiene una prevención adicional: no clava, ni da vuelta olímpica. Esa es una ventaja para sus rivales.

    Dato clave

    4 mil deportistas de todo el mundo estarán en los Paraolímpicos que se celebrarán del 6 al 17 de septiembre.




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    Mario Barco / US
    viejo MIGUE>>>> loco le deseo lo mejor en estos juegos.. ke la luz de tus fuerzas y esperanzas sean tu guia. se te recuerda mucho.

    German Fernandez Aristizabal / cali colombia
    Viejo Miguel... Mis mejores deseos para vos en estas justas, son coherentes con tu humildad, perseverancia y tus carcajadas... FELICITACIONES PAPA

    Tatiana Camacho / Cali
    Miguel sos un super campeon y un ejemplo de vida!!!!

    dayana gonzalez / CALI - COLOMBIA
    MIGUE MUCHAS FELICITACIONES Y QUE DIOS TE GUIE Y TE GUARDE POR ESTE NUEVO RECORRIDO . MUCHOS EXITOS .
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