El Valle nos toca
Un caleño, tras los secretos del cerebro
El Decano del Departamento de Neurociencias de la Universidad de Stanford, (izquierda), congratuló al neurobiólogo caleño Richard Dolmetsch Cuevas por su galardón.
Foto: Ángela Dolmetsch, especial para IEl País |
| El neurobiólogo dirige un equipo de diez investigadores que ha hecho importantes avances en el funcionamiento cerebral y tratar de explicar por qué los autistas no adquieren la habilidad del lenguaje.
Apenas egresó del Colegio Bolívar, a los 17 años, Richard Dolmetsch Cuevas buscó en la medicina el remedio a sus anhelos de conocimiento.
Desde que viajó a los Estados Unidos a estudiar, ha dedicado 20 años de su carrera a desentrañar los mecanismos de funcionamiento del universo cerebral, lo que lo perfila como otro Rodolfo Llinás.
“Nuestra investigación consiste en saber cómo se desarrolla el cerebro de los bebés y los niños y determinar cómo el medio o entorno, el sistema auditivo y visual, afectan el desarrollo cerebral. La pregunta es saber qué es lo que falla en ese desarrollo cerebral en los pacientes de autismo, por ejemplo”, explica Dolmetsch, con su aún marcado acento caleño.
Entre sus avances encontraron que algunos de estos pacientes tienen epilepsia, una enfermedad en la que la persona sufre “una especie de tormenta eléctrica en el cerebro”.
Lo que sucede en el cerebro –explica– depende de la información eléctrica que se transmite de una parte a otra parte. “Queremos saber cómo es que esa actividad afecta el desarrollo del cerebro en bebés”.
De hecho, el laboratorio que dirige Dolmetsch ha sido pionero en entender que pacientes de autismo tienen problemas en ese sistema eléctrico y cómo es que esas señales se generan y se dañan en esos pacientes.
“Sabemos que hay señales eléctricas que llegan al núcleo de las células donde está el ADN y lo cambian; tratamos de entender cómo es que esa información genética se interpreta en la célula y cómo es que esas señales eléctricas cambian la producción de proteínas en el cerebro y el material genético”, expone.
Descifrar ese proceso es muy importante para desarrollar los tratamientos para controlar o prevenir estos problemas.
“Cuando un bebé nace el cerebro no está bien formado y durante su crecimiento recibe información del medio. Con cada experiencia que él tiene, aún antes de nacer, el cerebro va desarrollando una cadena neuronal, por lo cual la cabeza va aumentando de tamaño y los ojos se van separando. Mi laboratorio estudia ese mecanismo fundamental: cómo es que el cerebro cambia a partir de la experiencia vivencial”.
Por ejemplo, si algo está dañado en el sistema de la actividad eléctrica, lleva a que algunos no adquieran la habilidad del lenguaje o la capacidad para entender las emociones de la otra gente, características de los pacientes autistas.
En el laboratorio. “Para llegar a ello investigamos aspectos más específicos, por ejemplo, cómo es que el ion calcio, que todos tenemos, es esencial para esos cambios en el cerebro, y cómo causa esos cambios en los genes de las células del cerebro, de tal manera que un niño pueda aprender a hacer cosas “.
En esa búsqueda estudian qué pasa cuando un niño tiene, por ejemplo, una proteína no bien formada que no permite que se interpreten bien las señales eléctricas, que se deben volver señales químicas, porque ese sistema a veces se daña.
Dolmetsch se interesó en este campo desde que estaba en el Hospital Pediátrico de Harvard y lo desarrolló más en Stanford University, donde dirige un equipo de diez investigadores, la mayoría doctorados, de Corea, Japón y otros países, e incluso, la colombiana Natalia Gómez.
Por todos sus aportes, la Sociedad Internacional de Neurociencias, que acoge a más de 60.000 investigadores del cerebro en el mundo, entre neurólogos, psicólogos, psiquiatras y científicos básicos, les ha reconocido con el premio anual al Mejor Investigador Joven, galardón que han recibido algunos premios Nobel.
“Uno no planea una carrera pensando en un Premio Nobel. Hacemos investigación para ayudar a los pacientes y, si estamos de buenas y nos dan premios, bien, pero sino, contribuimos al cuerpo de ciencia y ayudamos a otros. Hay unos siete premios nobel que han ganado esta distinción, pero también hay unos 20 que lo han recibido y no han ganado el Nobel”, sostiene.
El neurobiólogo admite que le le encantan Cali y Colombia, y le hacen muchísima falta el Deportivo Cali y la Selección Colombia, la comida vallecaucana, bailar salsa y su familia, las montañas, la idiosincracia colombiana y los chistes criollos, el entorno social de su país, pero no vislumbra pronto su regreso. “El talento humano en Colombia es excelente, la gente es muy trabajadora, pero el entorno de investigación no posee recursos económicos y los científicos trabajan con las uñas”, concluye.
Perfil
Richard Dolmetsch Cuevas
Edad: 37 años
Estado civil:casado con mexicana, y padre de dos niños, de 3 y 5 años.
Estudios: médico de Brown University, PH.D. de Stanford University y postdoctorado de Harvard University.
Cargo: profesor de la Escuela de medicina Stanford University hace cuatro años.
Aficiones: correr maratones y triathlones.
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