Cali
Caleños prefieren la "pola" y el "guaro"
Por Luiyith Melo García, reportero de El País.
Preferencias. El consumo de bebidas alcohólicas entre los caleños se ha diversificado en los últimos años. Aunque se sigue bebiendo cerveza y aguardiente en gran cantidad, los gustos se están abriendo cada vez más al ron, el wiskey, los vinos y aperitivos.
Foto: Áymer Álvarez / El Pais |
| En el gusto de los bebedores también repuntan el ron, el vino y el whisky. El mayor consumo se hace por fuera de Cali por la Ley Zanahoria.
Los caleños toman cerveza hasta para calmar la sed. Pero no dejan de beber aguardiente para animar las rumbas, aunque en los últimos meses el whisky y el vino han empezado a llenar las copas de muchos bohemios.
Pese a que la hora zanahoria y la prohibición del consumo de licor en las calles le baja el codo a muchos caleños y amenaza con desajustar la economía local, las preferencias etílicas siguen de rumba porque, como dicen los bebedores, “entre gustos no hay disgustos”.
“La cervecita es más suave, se emborracha menos uno y sirve hasta para el riñón”, sostiene Orlando Jaramillo, estudiante de Administración de Empresas, que cada viernes va con sus amigos a los bares de Aventura Plaza y a las casas especializadas en ese tipo de trago.
Sin embargo, a la hora de la rumba los caleños siguen prefiriendo el aguardiente, ahora sin azúcar, y prefieren tomárselo por fuera de la ciudad, en las discotecas de Menga, Juanchito y Jamundí donde se bebe y se goza hasta el amanecer.
Así lo confirma Manuel Solarte, propietario de La Comparsa, una discoteca tradicional de Cali, quien precisa que el aguardiente sin azúcar desbancó al trago tradicional. “Mientras uno vende una caja de botellas de aguardiente sin azúcar, vende apenas una botella del normal”, afirma.
De hecho, el gusto etílico de los caleños está reflejado en un estudio de mercado de la firma Nielsen que sirvió de soporte a la Industria de Licores del Valle para sus estrategias de ventas.
Según el estudio y de acuerdo al análisis de los canales de distribución, el 50% de la población consume cerveza, incluso para acompañar comidas en restaurantes. Esta se ha convertido en un producto que se consume a cualquier hora del día, puesto que se comercializa como una bebida que calma la sed y se encuentra disponible en la mitad de los 59.695 establecimientos públicos de expendio que hay en el Valle del Cauca, 30.000 de ellos en Cali.
El mismo estudio muestra que el 28% de las ventas de licor corresponden a aguardiente; el 17% es ron, principalmente el Ron Viejo de Caldas; el 6% vino, el 2% vodka y el 4% aperitivos.
Otra cosa es el lugar donde la gente bebe. La medición de canales de comercialización de licor muestra un dominio del mercado al detalle. La mayoría de los consumos se hacen en espacios públicos, precisamente donde la Alcaldía prohibió hace dos semanas el consumo de licor.
Los puntos de venta son los llamados ‘superetes’ o tiendas de barrio, estanquillos y similares que captan el 39% del mercado. Pero el 36% de los caleños prefiere beber al calor de la rumba en discotecas, bares y restaurantes.
Sin embargo, ya lo están haciendo por fuera del perímetro urbano de Cali debido la Ley Zanahoria o restricción de la hora de la rumba hasta las 2:00 a.m. “No es que la gente haya dejado de beber, sigue bebiendo igual o más, lo que pasa es que lo hacen en Menga, Juanchito o Jamundí y el beneficio económico es para esos municipios”, dijo Alejandro Vásquez, propietario del bar Misti-K y presidente de la Asociación de Establecimientos Nocturnos de Diversión, Asonod.
El tercer canal de distribución de licor en Cali son los grandes superficies como almacenes de cadena y supermercados, con el 25%. Allí van clientes que compran para el consumo doméstico.
Pero lo cierto es que los gustos etílicos han venido cambiando. Hasta hace cinco años la Industria de Licores del Valle vendía 17 millones de botellas de aguardiente al año; sin embargo, el año pasado terminó vendiendo 11 millones de unidades.
El balance nacional también es elocuente. El mismo estudio Nielsen muestra que el mercado general de aguardientes en el país se redujo en un 21,4% entre el 2002 y el 2007. Mientras en el 2002 se vendieron 86.881.137 botellas (unidades de 750 mililitros), en el 2007 se vendieron 68.257.876 botellas.
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El alcalde Jorge Iván Ospina habló de realizar un proyecto piloto para distritos de rumba segura en la ciudad donde se puedan ejercer más controles. Hay ebrios que rebasan controles entre Cali, Menga y Juanchito con chofer elegido, pero retoman el volante en Cali donde terminan estrellándose. | | En contraste, el ron experimenta un repunte significativo en su consumo del 72,9% en el mismo periodo de cinco años. En el 2002 la industria de rones vendió 32.902.000 botellas, en tanto que en el 2007 los colombianos consumieron 56.904.000 botellas de ron. Alrededor del 10% de ese consumo corresponde a Cali y Valle. Y prefieren el Ron Viejo de Caldas.
Un fenómeno importante es el crecimiento de los vinos y la reducción del brandy en el gusto de los caleños. William Giraldo, propietario del estanco La Amistad, uno de los más tradicionales de Cali, señala que se está advirtiendo una preferencia cada vez mayor por los vinos chilenos y argentinos y la champaña que están teniendo buena salida comercial.
El vino se consume como acompañante de comidas, pero también como bebida que acompaña la rumba, algo que poco se veía antes aquí. Por el contrario, según su percepción del mercado, el brandy ha perdido preferencia. “El ‘Cinco Estrellas’ está en vía de extinción y el Domecq que se vendía más ha mermado sus ventas”, advierte Giraldo.
Carlos Fernando Velasco, propietario de Cucaramácara, el bar de moda en Cali (con sedes en Bogotá y Medellín), advierte que aunque en el gusto de los caleños sigue predominando el aguardiente Blanco del Valle, ahora sin azúcar, últimamente se advierte una preferencia progresiva por el consumo de whisky, principalmente Sello Rojo, Buchanan's y Old Par.
En menor proporción, en el gusto de sus clientes le siguen el vodka y los coctailes, sobre todo entre las damas, y el tequila que tuvo un auge importante hace pocos años.
En algunas discotecas, sobre todo las que están en las afueras de la ciudad y en los ‘after party’ (bodegas sin control en donde se encierran los muchachos a seguir la rumba) se advierte un marcado consumo de bebidas energizantes como el red bull, aparentemente mezclado con alguna droga que permite soportar una jornada de rumba corrida.
De cualquier manera, los caleños siguen levantando el codo. Dentro o fuera de la ciudad. Bien sea tomando ‘pola’ para la sed o bebiendo aguardiente para gozarse la rumba.
Desde el punto de vista económico, la actividad asociada al consumo de licor mueve un amplio mercado que se estima en cerca de medio billón de pesos anuales.
En Cali hay alrededor de 30 mil establecimientos comerciales donde se vende licor, de los cuales unos seis mil corresponden a sitios de diversión nocturna.
Las ventas en estos últimos sitios ha disminuido sustancialmente, por la movilidad de los consumidores a municipios vecinos debido a la Ley Zanahoria.
Carlos Fernando Velasco, de Cucaramácara dice que en su bar se han perdido entre 350 y 400 clientes cada fin de semana. Es decir, unos 1.200 clientes mensuales. La facturación se ha reducido en un 35%. “Si eso ocurre con este sitio, cómo será con los demás”, cuestiona el empresario.
Incluso, en enero pasado tuvo que cerrar el bar Titirifué, en el norte de Cali, por la caída en las ventas, lo que significó el despido de 20 empleados. También fueron clausurados otros sitios emblemáticos como Le Blonde y Good Loving.
Los empresarios advierten que el problema no sólo es para ellos, sino para la ciudad, por cuanto los efectos económicos de la caída comercial de la rumba los sufren no sólo los inversionistas, sino quienes derivan su sustento de ella, que son más de cien mil personas en la ciudad, otros subsectores económicos de los servicios y el erario municipal, ya que los pagos por impuestos de industria y comercio, que pueden superar los $20.000 millones, se van de Cali para Yumbo, Jamundí y Candelaria.
El alcalde, Jorge Iván Ospina, anunció la ampliación experimental de la Ley Zanahoria en una hora de jueves a sábado y dos horas el domingo, por la temporada de salsa y verano, hasta el 15 de agosto.
El concejal Rodrigo Guerrero dice estar contra de la medida, ya que “Cali ha venido experimentando un resultado excelente en la reducción del crimen y homicidios, especialmente los fines de semana. Me temo que con esta hora vamos a dar un retroceso en ese sentido”, dijo.
Pero un estudio realizado por el instituto Cisalva de la Universidad del Valle concluye que “no es posible afirmar que las medidas de regulación (decretos de Ley Zanahoria) sean por sí solas efectivas contra los homicidios, pues existen otros factores que no fueron tenidos en cuenta en este análisis”.
Agrega que “la reducción de homicidios es principalmente en horas diurnas cuando no se encuentra en funcionamiento la restricción. Los datos disponibles no registran si la víctima estaba previamente consumiendo licor en algún establecimiento”. El debate sigue sobre la mesa.
Cultura ciudadana
Asonod propuso a la Alcaldía trabajar en un proyecto de ciudad, a fin de crear una cultura ciudadana de manejo adecuado de la rumba y del consumo de licor, tal como se logró en Bogotá.
La idea es que la gente aprenda a disfrutar la rumba sin excesos y que no caiga en conductas peligrosas como conducir embriagado.
El proyecto contempla ampliar una hora más el tiempo de la rumba y enseñarle a la gente a llegar temprano para irse más temprano, como en Bogotá.
Hacer campañas para el consumo de licor con responsabilidad y reforzar la seguridad con retenes y operativos frecuentes de control de alcoholemia.
Realzar la idiosincrasia de Cali como capital mundial de la salsa, su vocación rumbera y manejarla como industria rentable y patrimonio común de la ciudad.
Cifras
2,5 millones de hectolitros de cerveza produce cada año la planta de Bavaria en la ciudad.
19 por ciento crecieron las ventas de Bavaria el año pasado con respecto al 2006.
11 millones de botellas de aguardiente vendió la Industria de Licores del Valle en el 2007.
6.000 establecimientos nocturnos de diversión hay en Cali.
40 por ciento se han reducido las ventas de licor en sitios de diversión de la ciudad.
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victor fernando / CALI/COLOMBIA
Porque las autoridades no hacen un ejercicio y quitan la ley zanahoria por lo menos un mes para ver si en realidad en problema es en realidad ese por que los ... (Ver Más)
carlos / cali
hey POLA es un termino usado en bogota....aqui en cali le llamamos cerveza...respetemos nuestra identidad y la de los demas
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