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21 de Marzo de 2010
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Problemática
Piques ilegales, un juego mortal

Por Perla Escandón Tovar, Reportera de El Pais

Completamente destruido quedó el Mazda en el que una joven murió en un pique, hace ocho días, en la Calle 13 con 80.
Foto | El País
Las competencias nocturnas clandestinas, otra causa de accidentes de tránsito que combinan exceso de velocidad, peligro y licor. En el kilómetro 18 o en la vía a Yumbo hordas de 50 carros o más desafían la muerte. Se trata de pilotos que compiten a velocidades que alcanzan los 190 kilómetros por hora.

Al filo de la medianoche el corazón aumenta su ritmo. Los ojos se agudizan. La sangre fluye con mayor presión.

Juan oprime el acelerador y agarra con decisión el timón. No hay nada que lo pueda detener. A medida que la aguja del velocímetro se mueve, él hunde una y otra vez el ‘clutch’ para ganar mayor velocidad.

Siente que los 400 metros de la vía a Rozo, que están despejados, son suyos. Una aglomeración de ojos lo observan a él y al otro corredor que desafían a la muerte.

Esa noche, el combustible de su carro Monza está mezclado con tres onzas de gasolina para avión. “Eso le da más potencia”, sostiene emocionado.

Un estruendo retumba en medio del silencio sepulcral de la carretera intermunicipal. El Monza ‘vuela’ a 190 kilómetros por hora. Juan se siente feliz.

“Esto es adrenalina pura. Me gusta porque puedo mostrar que mi carro vale más que el del otro”, asegura después de retar el peligro.

Todos los jueves, a las 11:30 p.m., sin falta alguna, Juan vive una temeraria prueba de adrenalina, callejera e ilegal, llamada piques nocturnos.

En los últimos días esta práctica peligrosa está en la mira de las autoridades de la ciudad.

En la madrugada del domingo anterior un pique entre un Mazda y un Chevrolet, realizado en la Avenida Pasoancho con Carrera 80, dejó como resultado una joven de 21 años muerta y tres heridos.

El Mazda quedó partido en tres. Según agentes de Tránsito, además de conducir con exceso de velocidad, al parecer los ocupantes de los automotores estaban ebrios.

Este fatídico accidente prendió las alarmas sobre un juego mortal que desde hace más de quince años es practicado en Cali y que gana más adeptos.

La Pasoancho y la Simón Bolívar, el kilómetro 18, las vías Cali-Jamundí o Cali-Yumbo y el tramo aledaño a la zona franca del Pacífico son los sitios preferidos por los aficionados a la velocidad.

Una horda de 50 carros invade el carreteable. Algunos ubican los automotores en la berma y fijan su mirada en la improvisada pista de carreras.

Antes de que alguien dé la señal de salida a los competidores, se escuchan diversas ofertas. “Yo apuesto $300.000, otros ofrecen motores e incluso hay dueños de talleres que apuestan hasta carros”, asegura Juan.

El ingeniero industrial, de 34 años, insiste en que lo hace por hobby, “por saber qué tan bien está arreglado mi carro y así lo aprendo a conocer más”.

Sin embargo, no sólo lo atrae la competencia sino también la huida que debe emprender cuando un escuadrón de policías lo sorprende.

“Esa es otra carrera. Todo el mundo vuela para evitar la multa por exceso de velocidad o invasión de la vía. Los ‘tombos’ (policías) nos van ‘ponchando’ (descubriendo) los sitios y nos toca que buscar dónde ir”, agrega el aficionado.

Sostiene que son conscientes de los riesgos a los que están enfrentados, como un volcamiento, pero se excusa: “Esta pasión se volvió cultura”.

“Uno está parqueado en alguna parte cuando alguien dice: vamos a hacer una carrerita, entonces uno se va a botar corriente y sale el pique”, agrega Mauricio, estudiante de 22 años.

Precisamente, ese carácter improvisado, en algunos casos, es lo que hace más difícil para las autoridades controlar esta práctica extrema.

“Están identificados los sectores, pero cuando organizamos un operativo, ellos ya han cambiado de sitio”, acota Olga Lucía Briceño, del Cuerpo de Guardas de Tránsito de Cali.

Cada fin de semana son recibidas, como mínimo, cinco quejas por bólidos que corren en fracciones de segundo.

“Mucha gente se queja de que ellos obstaculizan el paso porque cierran las vías para competir”, expresa la guarda.

“Pasan en esos carros veloces haciendo bulla con las frenadas”, denuncia un habitante de la Pasoancho con Carrera 66.

El dato clave
Manejar con exceso de velocidad, pasarse los semáforos en rojo, consumir licor o alucinógenos, invadir el espacio público y hacer maniobras peligrosas son algunas infracciones que cometen los practicantes de los piques.
“La dificultad para controlar esta situación radica en que muchas veces, en las vías donde ellos corren, no tenemos ingerencia. Además, consumen licor y sustancias sicoactivas y nos tocaría hacer otra clase de pruebas”, acota un agente de Tránsito, quien omitió su identidad.

La Policía Metropolitana de Cali dice que con frecuencia programan operativos de control, pero mientras no se reglamente esa actividad o haya un escenario, siempre existirán los piques ilegales.

“Nosotros asignamos un personal para que haga operativos de control, cuando ese grupo debería estar dedicado a combatir la delincuencia”, expresó el coronel Luis Alberto Ramírez, subcomandante de la Policía de Cali.

Este año, 350 aficionados de piques que estaban en Yumbo y 150 de Cali fueron conducidos a estaciones de Policía, donde fueron amonestados sobre esta práctica mortal, subrayó el alto oficial.

El piloto profesional de carreras, Álvaro Mejía, insiste en que los controles deben ser más estrictos. “Soy un enemigo de esa práctica hecha sin ninguna responsabilidad, que no lleva a ninguna parte. No deja nada más que los carros dañados. Pero también, la urgencia de un escenario para correr”.

Mejía añade que, al no cumplir con las normas de seguridad exigidas, los piques clandestinos no son más que una competencia de ego, donde el final de la carrera puede ser la muerte.

“No hay dónde correr”

“Mientras no exista un sitio legalizado no se van a acabar los piques clandestinos. Eso pasa porque simplemente en Cali no hay dónde correr”, afirma Frankly Correa, organizador de las competencias que se llevan a cabo en la pista de Cavasa.

Correa defiende la práctica y recalca que este es un fenómeno social al que ninguna autoridad le ha querido poner frente.

Pero dice que tragedias como la ocurrida el pasado fin de semana estigmatizan los cuartos de milla.

“Ellos no hacían piques sino que iban con exceso de velocidad. Cualquier accidente de tránsito lo asocian con los piques”.

Asimismo, aclara que “no se trata de un gusto suicida, sino de un deporte, es quemar adrenalina”.

El corredor agrega que “tenemos la mejor pista del país, hemos tocado puertas en los sectores oficial y público, y no hemos recibido apoyo”.

Desde hace tres años, una vez por mes, Cavasa se convierte en el Margarita Motors Sports Park, que congrega entre 32 y 112 vehículos.

Según Correa, es el escenario ideal para los cuartos de milla, porque su extensión permite que 402 metros sean utilizados para el pique y otros 500 metros para el frenado.

Además, un punto a favor es la altura a nivel del mar que posibilita un mejor rendimiento del motor. Y los cañaduzales hacen de muro de contención.

“Tenemos infraestructura de seguridad, se cuenta con ambulancias y bomberos, no se vende licor, no hay peleas y se mide el tiempo”.

Lista de cifras

300 dueños de carros

corren en Cavasa

1.500 espectadores

asisten al cuarto de milla

20 motociclistas participan de los piques

7 millones de pesos puede valer modificar un carro




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