Comportamiento Humano - Columnista
Dolor y depresión
Carlos E. Climent - carloscliment@elpais.com.co
Si existe una depresión hay que tratarla con toda la energía y no con “pañitos de agua tibia”, para no posponer las verdaderas soluciones.
Julieta, ama de casa de 55 años, lleva mucho tiempo despertándose cansada como si no hubiera dormido nada en toda la noche, con dolor de espalda y con un miedo inexplicable que le hace ver negro el comienzo de cada día. Haciendo un gran esfuerzo se incorpora de su cama y camina hasta el baño para tomarse la primera tanda de pastillas que ha ido coleccionando de las consultas de los últimos tres años de recorrido por los consultorios de naturistas, yerbateros, ilusionistas, médicos y especialistas.
A la colección de pastillas se suman la de los diagnósticos que dependen del profesional consultado y del órgano que produce el síntoma. Por ejemplo, cuando la abruman el desánimo, la pérdida de la concentración o la memoria, la confusión o la irritabilidad, acaba donde el neurólogo quien le formula antidepresivos “en dosis bajitas para evitar los efectos secundarios”.
Cuando el dolor de cadera o piernas predominan, consulta al ortopedista, luego al fisiatra y termina recibiendo analgésicos, anti-inflamatorios y fisioterapia. Cuando le aparece un ganglio doloroso en la nuca, acompañado de dolor de garganta, termina donde el internista con sospechas de algo muy “preocupante” lo que demanda varios exámenes adicionales que no muestran nada, pero aumentan su aprehensión.
Cuando las posibilidades terapéuticas se agotan sin resultados visibles y predominan los dolores varios, un médico le diagnostica “dolor crónico” y otro “fibromialgia”.
Este último, suele ser el recurso diagnóstico final cuando la ciencia médica se da por vencida frente a un cuadro clínico desconcertante. El resultado neto para el paciente es una situación desesperante y sin mayores opciones terapéuticas.
Si bien es cierto que se trata de un caso de difícil manejo, es necesario aceptar que si tantos síntomas no han respondido a tal variedad de acciones terapéuticas debe ser porque se está ignorando algo de fondo.
Una opción-entre otras-que vale la pena tener en cuenta es que la depresión esté oculta detrás de la cortina de síntomas físicos. Estudios recientes-que se revisarán en una próxima entrega-no dejan mayores dudas sobre la asociación entre el dolor y la depresión.
Pero la esencia del asunto es que si existe una depresión hay que tratarla con toda la energía y no con “pañitos de agua tibia”. Pues estos últimos lo único que logran es posponer las verdaderas soluciones y complicar más las cosas.
Otras recomendaciones incluyen el ilustrar al paciente y a su familia sobre la naturaleza del problema. Combatir las creencias y las preocupaciones distorsionadas sobre la enfermedad y la salud. Sacar al paciente del énfasis obsesivo en la enfermedad. Descontinuar las visitas inútiles donde más especialistas. Evitar el rótulo del paciente como hipocondríaco y ayudarlo a adquirir una visión más positiva frente a su propia salud.
| NUESTROS USUARIOS OPINAN |
Los mensajes listados a continuación corresponden a los lectores. Elpais.com.co no se hace responsable por el contenido de los mismos.
|
|
|
| |