Por: Demetrio Arabia
Arabescos
Hace 11 años salimos masivamente a la calle, en una marcha liderada por Pacho Santos, para protestar contra el secuestro, y cerca de diez millones de colombianos dijeron “No más”. Un año después, se organizó una votación en la que casi once millones depositaron en las urnas el ‘sí’ a una solución política negociada.
Lo anterior quiere decir que llevamos varios años pidiendo lo mismo (“No al secuestro”) y haciendo lo mismo (responsabilizando sólo a las Farc), sin obtener nada a cambio.
Las marchas en Colombia tienen más empaque que contenido. Son más las muestras de indiferencia -en plena marcha-, que de dolor y repudio. Quienes las organizan quieren capitalizarlas en beneficio propio y quienes marchan, lo hacen para capar trabajo o estudio, o para vender sus proclamas e imágenes.
Y acerca de la marcha del 4 de febrero, quiero preguntar: ¿Si la misma marcha fuese en un día festivo, irían los mismos?
¿Por qué siguen induciendo al pueblo contra las Farc --si es bien sabido que nadie las quiere-- en vez de motivarlos a exigirle resultados a los gobernantes que están en la obligación de combatirlos.
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