Cali
Áreas ambientales habitadas
Los cerros y las orillas de los ríos Cali, Aguacatal, Meléndez y Cauca, azotadas por el fenómeno.
Diego creció al lado del río Cali, en el sector de El Cabuyal, en la parte alta del Zoológico. Su casa está ubicada a pocos metros del Jardín Botánico y donde el afluente pelea para verse algo cristalino.
“Acá se vive tranquilo”, dice. Lo único que lo inquieta son los asentamientos que desde hace algunos años han intentado escalar los cerros de la capital del Valle.
En la cima de El Cabuyal, a media hora de caminata desde su casa, se puede mirar de frente al barrio Terrón Colorado y de reojo, a la invasión La Fortuna. Diego teme que algún día se observe el mismo panorama desde su sagrada orilla.
Cien hectáreas de esta zona alta fueron donadas por la Epsa a la CVC, corporación que las defiende como una reserva natural para que sigan oxigenando el afluente, y sobre ellas dice que no puede existir ninguna intensión de vivienda.
Así lo explica Pedro Nel Montoya, director de la Car Suroccidente de la CVC. El funcionario sostiene que el sector “está determinado para la protección de la cuenca del río Cali y por eso se está empezando ahí la construcción del Ecoparque de la Vida”.
Es cierto que algunos intentos de invasión han sido frustrados en este cerro, pero unos pocos ranchitos siguen en pie y otros se abren espacio.
Según denuncia Corpocerros, desde el 2006 tienen identificado a un hombre que vende lotes en este sector. Ese mismo hombre le cobró a don Rafael, un antiguo habitante de Siloé, ocho millones de pesos por el pedazo de tierra que convirtió en su hogar.
En la misma zona, algunos retazos del terreno comienzan a tener diferentes dueños. Así se entiende por los letreros que hay clavados en algunas partes y que dicen: “Vendido a la familia Guzmán”.
Muro de contención
Lastimosamente, mientras Diego defiende lo que él llama su “hábitat”, las urbanizaciones ilegales ya han ganado la batalla en otras áreas de protección ambiental, al oriente de la ciudad.
De acuerdo con un reciente censo, más de once mil habitantes se han convertido en vecinos de los ríos Cauca, Aguacatal, Meléndez y las lagunas de El Pondaje y Charco Azul. La cifra de invasiones en estos sectores no para de crecer.
Para el director del Dagma, Guillermo Banguero, la situación más compleja se vive en el jarillón, donde las débiles casas de esterilla que bordean el río Cauca tienen a la ciudad temerosa de una emergencia. El día en que el dique no aguante el ‘peso’ de las invasiones, más de un millón de personas pueden sufrir las consecuencias.
Es por eso que el secretario de Vivienda, Luis Eduardo Barrera, sostiene que esta Administración seguirá trabajando en el proyecto habitacional de Potrero Grande, donde han sido reubicados centenares de familias que habitaban ilegalmente el jarillón. Se entregarán tres nuevos lotes para seguir con este proceso y dos más estarán listos para el 2009.
No obstante, Barrera hace énfasis en que las personas que carecen de una vivienda propia no pueden seguir pensando en las áreas de protección ambiental como una alternativa para una futura reubicación.
Por esa y otras razones, el ex secretario de gobierno de Cali, Miguel Yusty, considera que lo que ha faltado en la ciudad es aplicar mano dura para evitar el crecimiento desordenado.
El ex funcionario reconoce que los procesos de invasión son el producto de la actitud contemplativa que han tenido las autoridades locales durante más de 30 años.
Por su parte, el director de la CVC, José William Garzón, tiene una visión ambiental del tema y considera que acciones como la creación del Parque de la Vida, en cercanías del Jardín Botánico, blindan estos terrenos de invasiones y generan una protección natural.
Mientras tanto, desde el Concejo también hay voces que indican que la ciudad no puede crecer a punta de invasiones y por eso hay que pensar en el desarrollo de las tierras ejidales.
Sin embargo, también algunos cabildantes han sido enfáticos en que es necesario cambiar la percepción de que Cali es la ciudad que soluciona todos los problemas y donde se le consigue vivienda al que no tiene.
Ser barrio
Para la titulación de los predios y la legalización de los servicios públicos se requiere la certificación del Alcalde Municipal o de la autoridad competente.
Se debe constatar que el sector no se encuentre ubicado en un área donde haya amenaza o riesgo no mitigable , como inestabilidad del terreno o estar en una zona de reserva natural.
El barrio Nápoles, que hace más de 30 años surgió como invasión, aún tiene terrenos que no han sido titulados.
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