En la raya
Rutas de la muerte
Por: Gerardo Quintero
Los dos terribles accidentes ocurridos en menos de una semana, que involucran a buses del servicio público, demuestran que la escandalosa práctica de la guerra del centavo no tiene fin en Cali. Es muy triste que por culpa de un despropósito económico se esté jugando con la vida de tanta gente en la ciudad.
William Moreno, un hombre trabajador, que como recuerdan sus compañeros, “siempre tenía una sonrisa en su rostro”, fue una de las dos víctimas que dejó el exceso de velocidad de un conductor del Pance que se metió a una casa en El Poblado. En el mismo hecho la señora Zoila Montaño también sufrió las consecuencias de esta práctica, que es consuetudinaria en la ciudad. Sólo basta montarse en un Papagayo (cualquier ruta), en un Río Cali 2 Ptar (conocida por sus usuarios como la ‘ruta de la muerte’), Verde Bretaña o en un Pance para sentir el miedo a flor de piel.
Lo más triste de todo es que las frases no pasan de “vamos a investigar”; “qué dolor”; “Esto no puede seguir así”. Cualquiera de estas palabras al viento se las pueden atribuir al Alcalde, Secretario de Tránsito, guarda bachiller, etc, de cualquier de las últimas cinco administraciones.
¡Señores conductores, no jueguen más con la vida de los pasajeros, de quienes esperan bus, de los conductores de otros carros! Lo peor es que estoy seguro de que el conductor involucrado en la muerte de William y Zoila, en poco tiempo estará manejando otro bus. ¿Y saben por qué? Porque aquí todo mundo se pasa la ley por la galleta y si no que lo digan los empresarios y gerentes de empresas de transporte público. ¿Alguien los escuchó ofreciendo una disculpa? ¿Alguien sabe qué están haciendo para evitar estos abusos? A ellos sólo les importa lucrarse, a costa de lo que sea y de quién sea. Así que la próxima vez que se monte en un bus, qué Dios lo bendiga y lo coja confesado.
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