Cali
A la espera del Niño Dios
Los niños de la Fundación Dar Esperanza son educados por las religiosas con cariño. En el hogar existen dormitorios para cada uno de los menores. Además de vivienda se les brinda educación.
Hernán Tovar / El País |
| Los menores de la Fundación Dar Esperanza, una de las beneficiadas con la ‘regalatón’, le contaron a El País sus deseos.
Viiiiiiiiiiisita! ¡Viiiiiiiiiiisita! Gritan en coro los pequeños de la Fundación Dar Esperanza cada vez que alguien toca la puerta de esa finca prestada, en la que las Misioneras de la Providencia y del Niño Jesús lograron construir, desde hace 14 años, un hogar.
Es por eso que hacer un alto en esta humilde casa -ubicada en la Avenida Cristo Rey, parcelación La Reforma- implica tomarse un buen tiempo para recompensar con besos y abrazos a quienes siendo niños han tenido que aprender a reponerse del sufrimiento y, literalmente, sanar dolorosas cicatrices.
La mayoría han sido recibidos, antes de cumplir los cinco años, por Luz Deisy y las religiosas Olivia y Luz Melia, fundadoras del hogar de protección.
Gracias a la labor de estos ángeles guardianes, los pequeños, poco a poco, recuperan esa sonrisa espontánea.
Y entre las risas más hermosas está la de Lorena. Ella tiene 10 años y vive en la fundación con su hermanita Olga, de 8 años, desde el día en que gracias a Dios alguien descubrió que eran castigadas sin razón.
Cuando sea grande, Lorena quiere ser una de “esas personas que revisan los muertos antes de que se vayan allá (señala al cielo)”; a ese mismo lugar donde dice que vive su papá.
Para esta Navidad, los sueños de esta pequeña están concentrados en una bicicleta o, si no se puede --dice con toda ternura-- en un celular (“puede ser de juguete”, aclara).
“Oiga, y yo quiero una muñeca, con un coche bien bonito. Pero anote bien, dígale a todo el mundo que mi nombre es Oooolga”, interrumpe en tono fuerte su hermanita, para ser escuchada en medio del río de pequeños que, en cuestión de segundos, comienzan a soñar con pelotas, barbies, carros y, por supuesto, ¡más bicicletas!
Diana prefiere ser más práctica. Mirando hacia sus pies empantanados, explica que ella necesita que el Niño Dios le traiga unas botas (pantaneras). Entonces, la misma acción comienza a ser repetida por los demás niños, quienes explican que en la temporada de lluvias el agua barro se les mete a los zapatos, porque están en mal estado.
La Fundación Dar Esperanza alberga a niños y niñas de todas las edades, quienes han sido separados de sus hogares para evitar que sigan siendo víctimas del maltrato y la violencia.
No obstante, los menores no son alejados de su círculo familiar, pues las visitas siempre son bienvenidas. La hermana Deyanira, una religiosa que hace seis meses se sumó a esta causa social, asegura que el propósito del hogar de protección es que la familia se vuelva a unir cuando se compruebe que los padres han superado su adicción a las drogas y que están en la capacidad de brindar amor a sus hijos.
Pero el final para todas las historias que conviven en la fundación no es el mismo. Hay quienes cumplen los 18 años entendiendo que su único hogar es en el que crecieron, en el de las Misioneras de la Providencia.
Como Camila, una morena de 19 años que nunca se quisiera ir de la fundación porque asegura que ahora le toca a ella seguir trabajando “para colaborar en la casa”.
O como Lorena y su hermanita, quienes agradecen los días en que ese padrino que tanto quieren tiene tiempo para ir a visitarlas.
Recuerde
Los regalos para las fundaciones Dar Esperanza y Lucero Rengifo son recibidos en la Carrera 2 No. 24-46.
Hacen falta obsequios para niños y niñas mayores de 10 años.
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