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Mendicidad
Navidad y mendigos

Redacción de El País

El fenómeno de los indígenas que llegan en diciembre a pedir limosna también se repitió este año en la ciudad.
Foto: José Luis Guzmán I El País
Se calcula que en diciembre llegan 150 indígenas a la ciudad para pedir plata. El 85% de los desplazados no lo son.

En un español sin ritmo, Amelia Natura explica que no es ecuatoriana. Insiste en que es de las “indígenas de Puerto Rico (Risaralda)” y que desde hace una semana se sienta en un andén del centro de Cali, con la mano estirada, porque le dijeron “que por acá la gente es muy generosa en diciembre”.

A media cuadra de Amelia, junto a la Iglesia de San Francisco, se encuentra otra mujer aborigen con tres pequeños. Ella no revela su nombre ni el de “ese señor” que hace unos días le ofreció traerla gratis, con varios indígenas más, a que se ganara unos pesitos en la capital del Valle.

Las dos repiten la misma historia: que son viudas, que les regalen una moneda. Pero esa historia no es exclusiva, realmente es común escucharla una y otra vez en esta temporada del año, pues, según el personero Adolfo León López, se calcula que alrededor de 150 indígenas llegan a Cali en diciembre con el único fin de pedir limosna.

López sostiene que gran parte de ese porcentaje corresponde a ecuatorianos que encuentran en la ciudad un lugar propicio para la mendicidad, debido a la movilidad que genera la temporada navideña y la Feria de Cali.

En un recorrido por el Centro, El País comprobó que en tan sólo una cuadra se puede encontrar hasta tres indígenas, la mayoría de ellas con niños, que ablandan el corazón y los bolsillos de los transeúntes. Amelia y la aborigen con los tres pequeños confirman que ‘trabajan’ de 8:00 a.m. a 6:00 p.m. y en las noches pagan $1.000 en un inquilinato del barrio El Calvario, donde en las piezas vecinas duermen muchas como ellas.

Cifras
  • 35 mil desplazados en Cali están registrados en Acción Social.
  • Llueven monedas...
    El negocio de la limosna tiene varias caras. El consejero de Paz Carlos Rojas sostiene que alrededor del 85% de las personas que “posan” como desplazadas en los semáforos y calles de la ciudad realmente corresponde a caleños que viven en condiciones de pobreza tradicional y que quieren hacerse su ‘prima’ navideña.

    Dentro de esa manipulación también se encuentran residentes de otras ciudades que viajan a Cali exclusivamente a lucrarse de las dádivas y que son detectados porque cuando se les ofrece ayuda a través de la Secretaría de Gobierno o Acción Social, debido a su supuesta condición de víctimas de la violencia, cambian de lugar.

    “Se ha detectado una corriente de trashumancia de personas que tienen el calendario de festividades nacionales para recoger plata. Como desplazados recorren Cali, Manizales, Medellín y Cartagena, entre otras”, manifiesta el personero López.

    Un tradicional vendedor ambulante del Centro —que trabaja desde hace 15 años en la zona y que pidió reserva de su nombre— da fe de ello: “Cada año veo a los mismos, y otra vez diciendo que son desplazados, algunos lo único que cambian son los niños con los que piden limosna, como si se los prestaran”.

    El consejero Rojas explica que la solidaridad que inspiran las mujeres, los ancianos y los niños ha sido mal aprovechada por redes de traficantes que, como si se tratara de objetos, los alquilan para ponerlos a pedir limosna. “Hay casos en que los niños recogen $40.000 y $50.000 y sólo les reconocen $8.000 o $10.000”, dice.

    Para combatir este fenómeno, la Alcaldía de Cali, la Gobernación del Valle, el Instituto de Bienestar Familiar, Icbf, y la Corporación para la Recreación Popular implementaron durante este mes un programa que pretende evitar que la mendicidad infantil se fomente a través de la entrega de regalos en las calles. La idea es que en lugar de limosna, las personas se unan a fundaciones reconocidas por adelantar actividades sociales.

    Opinión
    La limosna condena
    Por: Mazily Bedoya, Funcionaria del ICBF.

    Este acto benévolo hace a los niños vulnerables a fenómenos la violencia y la marginalidad.
    Cualquiera pensaría que acabar con la buena acción de dar un regalo a un niño necesitado en la calle es un acto de indolencia, de falta de humanidad o simplemente una medida alejada de la dura realidad que vivimos los caleños.

    El último censo revela que hay 400 menores en situación de calle; es decir, niños, niñas y adolescentes que a pesar de tener algún vínculo familiar pasan la mayor parte del tiempo en los semáforos, dedicados a trabajos informales o a pedir limosna.

    Pero no nos damos cuenta que ese gran acto de generosidad que tenemos una vez al año se puede convertir en una nefasta práctica. Según los expertos que trabajan permanentemente con esta población, lo único que conseguimos al dar a los niños limosna o regalos en las calles es hacerlos más pobres; más vulnerables a fenómenos como la delincuencia y aumentar su marginalidad.

    Desgraciadamente esa práctica benévola es hoy en día motivo de la peor explotación hacia los niños. Una verdadera red de personas inescrupulosas se ha conformado alrededor de esta práctica y diariamente exponen a los menores de edad, muchas veces a sus propios hijos, a los peligros de la calle para que pidan regalos que ellos luego venden o canjean. La mayoría de veces ese niño o niña a quien creímos hacer feliz con nuestro regalo, no podrá tener la oportunidad de disfrutarlo.

    Es por eso que todos debemos unirnos a la campaña que por los niños, niñas y adolescentes está adelantando el Instituto de Bienestar Familiar durante el mes de diciembre, con el apoyo de la Alcaldía, la Gobernación, los medios de comunicación, el sector privado y todos aquellos grupos y personas que se han unido a esta noble causa.

    Durante todo el mes de diciembre, los menores podrán disfrutar de actividades lúdicas, deportivas y formativas organizadas especialmente para ellos y así tener la navidad que realmente merecen.

    Hay que comprometerse y entender que cada vez que damos a un niño una limosna o un regalo en la calle, estamos quitándole la oportunidad de ser niños y estar donde deben estar.




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