Seguridad
Una casa que ‘asusta’ a la Rivera
Por Rafael Arellano - Especial para El Pais
Esta casa también se ha convertido en depósito de arena y escombros, que traen algunos de los dueños de las ferreterías.
Hernán Tovar I El País |
| Los residentes del barrio no soportan el olor a marihuana que sale de la vivienda y los repetidos actos delictivos que allí se realizan. Los niños y los transeúntes son las principales víctimas. La comunidad pide mayor presencia de las autoridades.
Una casa esquinera abandonada, ubicada en la Calle 62A con Carrera 2E en el barrio La Rivera II, tiene a los habitantes del sector preocupados por su seguridad. La vivienda es un “monumento a la degeneración y al peligro”, dicen los vecinos.
La casa espanta, pero no porque esté embrujada, sino por que el sitio es aprovechado para hacer rumbas juveniles, en las que además se consume alucinógenos y, en ocasiones, se cometen actos delictivos.
“En una oportunidad intentaron violar a una niña de 16 años en uno de los rincones de la casa”, aseguró Gloria*, una vecina del barrio.
Y es que la casa, que no cuenta con servicios públicos, atrae a más de diez jóvenes, quienes subiendo por las paredes como ‘hombres araña’ logran llegar al segundo piso y permanecen durante varias horas.
El primer piso está sellado. No tiene ventanas ni puertas. Las tablas y los materiales de construcción que dejó el propietario fueron robados.
Pero la angustia de los pobladores del barrio va más allá. Algunos aseguran que los indigentes también habitan en ocasiones la estructura y hacen de la casa su hotel temporal.
Martha Londoño*, residente de La Rivera II, tuvo que someter a su hijo de 10 años en terapia psicológica en la Clínica Valle del Lili, luego de que el pequeño fuera víctima de los ladrones.
La inconformidad y el miedo también se siente en el Conjunto Multifamiliar El Samán, pues una de las calles donde se ubica la casa es una de sus vías de acceso. “A mi hijo le robaron hace poco las zapatillas por ese callejón, gracias a Dios no le hicieron nada”, comenta Gloria Zambrano*, habitante del conjunto hace más de tres años.
“En el sector no hay vigilancia permanente, sólo una persona, pero está encargada de cuidar los vehículos en el parqueadero”, expresa Lorena*.
Según la comunidad, la Policía realizó algunas rondas, luego del llamado. Sin embargo, estas “consistían en hacer requisas y revisión de documentos y nada más”, aseguraron los vecinos.
La vivienda que le roba la tranquilidad a los habitantes del barrio es propiedad de Henry Ibargüe y, según los familiares, el se fue a Curazao hace más de tres años por cuestiones de negocios. Pero aseguran que regresará al finalizar el año para terminar la casa.
De igual manera, afirmaron que “son los mismos muchachos del barrio los que tienen la casa en mal estado, pues en una oportunidad fue quemada y ahora está deteriorada”.
Carlos Chavarro, presidente de la JAL, aseveró que el caso ha sido advertido a la Policía y que se realizarán reuniones con los habitantes para tratar el tema y buscar soluciones.
La comunidad, entre tanto, hace un insistente llamado a las autoridades locales y piden más controles en el sector por parte de la Policía.
*Los nombres fueron cambiados a petición de las fuentes.
Más problemas en el barrio
Los parques para los niños se han convertido en trampas mortales para ellos.
Las proliferación de basuras también afecta al sector.
Algunos vecinos aseguran que las basuras, que en ocasiones se acumulan en las esquinas de las viviendas, generan malos olores en el sitio.
Además, hace más de siete meses se instaló en un parque una serie de juegos infantiles que poco han podido disfrutar los pequeños.
“Algunos jóvenes fuman marihuana en el lugar y aunque no atacan a los menores, le roban el espacio para su diversión”, dicen.
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