Informe
Al filo de las Emo-ciones
Foto: José Giraldo / El País
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| Retrato hablado de los Emo, una tribu de jóvenes que busca el sentido de la vida a través de la emotividad llevada a los extremos. Tristeza, suicidio y automutilación son algunos de los mitos que se tejen en torno a ellos. ¿Qué hay de cierto?
Es difícil mirarlo a los ojos. Óscar se ha dejado crecer un denso mechón de cabello sobre la cara para no ver a nadie, para no ser visto, para protegerse de ese mundo exterior que considera hostil y que lo mueve a permanecer a salvo en la penumbra.
Su pelo es un telón cerrado, que abre cuando quiere y sólo a quien quiere. “Siento que todo el mundo es feliz, menos yo”, dice este hombre que no es niño ni adulto, con una delgadez extrema que acentúa con pantalones entubados y camisas entalladas.
Su figura andrógina parece sacada de alguna animación japonesa. Se viste de negro, que para él representa ‘ausencia de color’, y no es simple casualidad que su riguroso luto contraste con pequeños destellos de fucsia, morado, rosa y azul pastel, colores que representan las cosas que aún le despiertan ganas de seguir viviendo.
Con la temeridad de sus 16 años, Óscar asegura que ha pensado en el suicidio al igual que muchos miembros de la comunidad ‘Emo’, a la que pertenece. “No es por moda, y no es culpa de internet. Es porque somos personas muy sensibles e incomprendidas, que damos y no recibimos, entonces nos preguntamos ¿qué hacemos vivos?”.
Esa tristeza que carga siempre ha estado allí, desde que tiene memoria, a pesar de tener una familia relativamente funcional y acomodada que, según dice, lo comprende y lo respeta.
A los 13 supo que existía una generación de jóvenes que pensaban y sentían de la misma manera: marcados por una sensibilidad abrumadora, por la experiencia de la soledad, por su visión estética de sí mismos e, incluso, por el deseo de cuestionar abiertamente su sexualidad.
“Hay emos bisexuales, y los admiro, porque ellos ven a los demás como iguales. Lo que importa es el amor y los sentimientos, no el sexo. Igual vos te morís y tu cuerpo se lo van a comer los gusanos, no queda nada”, dice. Pero aclara que la heterosexualidad también es respetada dentro de la tribu emo.
Mar de emociones
El término ‘Emo’ se deriva de las palabras ‘emoción’ o ‘emotividad’. Antes de ser usada para identificar a una tribu urbana, emo designaba un género musical llamado ‘emotional hardcore’, derivado del punk hardcore de los años 80.
Se trata, por lo general, de música suave (a excepción del ‘screemo’, una variante rica en alaridos), con canciones cortas y letras ligeras que vuelven una y otra vez sobre temas de amor, soledad, tristeza y rupturas sentimentales.
No hay nada inusual en esas temáticas. Sus críticos, incluso, han llegado a comparar el contenido adolescente de las canciones emo con los éxitos de estrellas como Britney Spears.
Sólo que las estrellas emo no son divas inalcanzables, sino jóvenes desgarbados que se pintan lágrimas negras en la mejillas y se cubren el rostro a la hora de entonar sus odas a la tristeza.
Sin embargo, a los emo se les acusa de ‘robar’ el estilo y la ideología de otras tribus urbanas como los ‘punks’ y los ‘góticos’, y de ser un producto comercial basado en películas de Tim Burton, como ‘El extraño mundo de jack’ y ‘El joven manos de tijeras’.
En internet pululan videos ‘antiemo’ que se burlan de su excesiva sensibilidad, de sus aficiones y su pasividad ante la agresión de otros.
En uno de estos videos se parodia a un par de emos que se retan a duelo con ‘armas blancas’ (que en realidad son cuchillos para untar mantequilla), pero cada uno empieza a cortar su propio cuerpo en lugar de agredir a su rival.
Los intolerantes, otra tribu
Pero los casos de intoleracia contra los emos están rebasando el terreno de las amenazas en los chats y han ido mucho más allá de los videos hilarantes, como quedó demostrado en México.
El pasado 7 de marzo, en la ciudad de Querétaro, se congregó una turba de 200 personas que habían sido convocadas por internet para agredir a un grupo de cinco emos.
Entre las razones que exhibieron los agresores está la invasión de su territorio físico, pues los emo habían comenzado a reunirse en el Centro Histórico de la ciudad, que coincide con el sitio de reunión de otras tribus urbanas como ‘darketos’, ‘metaleros’ y ‘punks’, entre otros.
Colombia no ha sido ajena a estos hechos. En los últimos dos años, en el festival Rock al Parque, grupos de punkeros han atacado a algunos adolescentes mientras gritan improperios ‘anti-emo’.
En Bogotá, el martes 8 de abril, se produjo un hecho violento contra un emo de 15 años. El joven fue herido con arma blanca por dos compañeros de su colegio, el Pizarro León Gómez, en Bosa. En la misma semana, en la localidad de Kennedy, un joven fue asesinado con arma blanca por el simple hecho de ser emo.
En Cali, los emos también resienten la persecución de otras tribus urbanas como los ‘punkeros’, ‘skin heads’ y ‘metaleros’. “Una vez escuché un escándalo en La Gruta y cuando me acerqué a ver, vi a un punkero de cresta parada persiguiendo a más de veinte emos con una correa. Les gritaba que si no eran capaces de suicidarse por sí mismos, él les iba a ayudar. Los emos no hacían más que llorar”, declara un estudiante de Bellas Artes que dice estar acostumbrado a este tipo de situaciones.
A las agresiones físicas y verbales, también se suman las cruzadas ‘anti-emo’ a través de blogs y páginas de Myspace y Hi5. Según revelan los propios emos, han tenido tantos problemas en Cali que algunos han optado por dejar de vestirse de forma llamativa, para evitar los problemas derivados de ser el pez chico del mar.
Para la psicóloga Silvana Iannini, la aparición de los emo está poniendo sobre el tapete la profunda intoleracia que existe en la sociedad colombiana contra todos los que son distintos. “Si en una sociedad moderna no podemos soportar que otro se vista diferente o escuche cierto tipo de música, y si agredimos al que no responde a las provocaciones, ¿qué podemos esperar sobre la discusión de temas más álgidos en el país?”, se pregunta Iannini.
Emociones a flor de hiel
Aunque los emos se resisten a ser estigmatizados, y muchos de ellos escapen a las odiosas generalizaciones, lo cierto es que otros tantos llevan la búsqueda de sus emociones hasta terrenos más extremos.
Uno de estos es la automutilación, cortes en el cuerpo que, al sangrar, los hacen sentir vivos, y de paso se convierten en cicatrices que dejan testimonio sobre su exploración voluntaria del dolor. “Es una forma de manifestar afuera el dolor que se siente adentro”, dice un emo de 15 años; mientras que Valentina, de 16, confiesa: “Me he cortado más de cien veces. Es la forma en que uno descarga todos los problemas”.
Por principio, un emo jamás agrede a nadie, salvo a sí mismo. Según los psicólogos, puede ser que el deseo de cortarse por fuera y deprimirse por dentro haga parte de su necesidad de experimentar el dolor en carne propia.
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