Cali
Un nuevo despertar a la vida
Felicidad. La madre de Sebastián, Ana Milena Gil, expresó la alegría que sintió por la mejoría de su hijo. Al fondo se encuentra el padre del niño, Octavio González, quien también manifestó su felicidad.
Jorge Orozco / El País |
| La salud de Sebastián Gil está mejorando, ya puede respirar y comer solo.
El rostro de su madre, Ana Milena Gil, se ilumina cuando relata que su pequeño de 11 años ya despertó del coma que lo había alejado de sus brazos la semana pasada.
“No puedo dejar de sonreir, mi bebé está bien, está a salvo. Siento como si hubiera vuelto a ser mamá. Dios me regaló esta bendición”, expresa.
El milagro inició el martes cuando el niño empezó a mover sus manos, encendiendo las primeras esperanzas en el corazón de sus familiares. Pero ayer, la alegría se apoderó del Hospital Universitario del Valle, al conocer la noticia de que Sebastián había despertado completamente.
El pequeño ya puede comer solo, ahora reconoce la voz y las caricias de aquellos que lo trajeron al mundo la tarde del 13 de diciembre de 1996, “aunque ahora está más consentido que nunca”, dice su madre con una sonrisa que se apoderó de su rostro desde el momento en que supo que “su muñeco” seguiría a su lado.
Ana Milena recuerda con tristeza aquella mañana en la que el niño le contó que la habían mandado a llamar del colegio porque él había tocado un gato.
“En ese momento le dije: papi, seguro te van a bajar las calificaciones por haber tocado ese animal. Y él me pidió que no lo fuera a castigar porque él sólo había cogido el gato para que los otros niños no le pegaran”.
Pero ni la madre de Sebastián ni los padres de los otros pequeños imaginaron la tragedia que se desataría ese 15 de febrero, cuando un gato con el virus de la rabia ingresó al colegio Instituto Técnico de Santander de Quilichao.
La madre de Sebastián revela que el momento más difícil de este drama llegó con la muerte de Walter Steven Franco y Andrés Felipe Correa, dos de los estudiantes del colegio. Al conocer estos casos, la posibilidad de salvarse parecía escaparse de las manos de los médicos que atendían a su pequeño.
Pero Ana nunca dudó de la grandeza de Dios. A pesar de que los doctores le decían que su hijo estaba muy grave, ella confió en el poder de la fe. “Yo me tapaba los oídos cada vez que me decían que él no se iba a salvar. Y aunque los especialistas insistían en que él no podía escucharme, yo sabía que sí. Me imagino que las personas que me veían, creían que yo estaba loca”, comenta.
Si el proceso de recuperación del niño continúa a este ritmo, muy pronto podrá volver a Santander, donde lo espera ese sueño que ha tenido desde que aprendió a hablar: convertirse en un policía.
Por ahora el niño no habla mucho, sólo cuenta que un túnel quería llevárselo, pero él hacía todo lo posible por alejarse. Y a pesar de que el menor quiere saber qué pasó, ninguno de sus familiares ha querido contarle lo sucedido. No quieren cometer una imprudencia.
Ana confiesa que no quiere equivocarse más, en el fondo cree que esto es un castigo de Dios. La joven de mirada tierna cuenta que a sus 29 años de edad le falta mucho por aprender, “pero esto ha sido una gran lección”.
Ella espera que el 30 de abril la vida le dé el mejor regalo de cumpleaños, y le permita tener a su pequeño sano, como si todo hubiera sido una terrible pesadilla.
Un tratamiento milagroso
Los especialistas del Hospital Universitario del Valle utilizaron con Sebastián González Gil el mismo tratamiento que le salvó la vida a un joven en Estados Unidos hace 20 años. Hasta el momento, éste había sido el único paciente que había sobrevivido al virus de la rabia.
El método consistió en inducir al niño en un coma profundo que inmovilizó sus funciones cerebrales, para así evitar que el virus llegara al tallo del cerebro, donde hubiera sido imposible hacer algo para salvarlo.
La infectóloga Yolanda Caicedo, encargada del caso del menor, explicó que “en el tiempo que estuvo en coma, Sebastián recibió medicamentos para aumentar sus defensas y así lograr que su cuerpo superara el virus de la rabia”.
La especialista informó que el niño deberá permanecer otras dos semanas en la sala de cuidados intensivos del HUV, para tomarle otros exámenes. Asimismo, informó que el lunes el hospital presentará un informe completo sobre el diagnóstico médico del pequeño de 11 años.
Más datos:
Los primeros síntomas que afectaron a Sebastián fueron dolor de cabeza, fiebre y vómito.
El pasado 1 de abril fue ingresado a la sala de cuidados intensivos del Hospital Universitario del Valle, y posteriormente fue inducido en un coma profundo.
Aunque el niño no presentaba ninguna mordedura, si había entrado en contacto con el gato contagiado con rabia, y su estado de salud era delicado.
Desde ayer ya puede respirar solo, sin necesidad de los tubos a los que había estado atado estos días.
En sus propias palabras
"Yo sé que esto es un proceso largo y el niño poco a poco se irá mejorando. Por ahora sólo puedo sentirme dichosa porque al menos ya me reconoce, ya me mira". Ana Milena Gil, madre de Sebastián.
El dato
Los otros dos niños que se encuentran en la sala de observación del HUV, Ángela Chepe y Luis Banguero, están fuera de peligro y muy pronto podrán volver a sus hogares.
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