En blanco y negro

Junio 05, 2017 - 11:30 p.m. Por: Editorial .

La clasificación del Deportivo Cali y el América a la ronda semifinal del torneo profesional de fútbol debería ser una noticia de alegría para la ciudad.

Sin embargo, lo que sienten los caleños es preocupación por lo que pueda ocurrir cuando esta semana se enfrenten de nuevo los equipos de la capital del Valle.

Aún están frescos los sucesos que antecedieron el encuentro del 24 de mayo en el Pascual Guerrero: tiroteos, enfrentamientos entre hinchas, vandalismo en los alrededores del estadio y actos violentos que dejaron 30 heridos.

Durante el partido la gramilla fue campo de batalla donde la Policía era impotente para contener los vándalos.

Cali no quiere revivir esos hechos, por lo que exige a las autoridades que garanticen la tranquilidad antes, durante y después de los encuentros.

Ojalá el alcalde Armitage mantenga su decisión de no prestar el Pascual como sanción y a la vez medida preventiva para evitar los absurdos e ilícitos que cometen las bandas delictivas que se visten de hinchas del fútbol.

El Gobierno de Palmira también debe estar alerta y tomar las decisiones necesarias para impedir que el desastre de Cali se traslade al Estadio de Palmaseca, cuyo entorno se presta para problemas mayúsculos.

No puede haber más tolerancia ni concesiones con quienes han hecho del fútbol una excusa para cometer delitos.

A los caleños hay que garantizarles su tranquilidad y la de una ciudad que no permite más que el deporte sea excusa para generar problemas de orden público.

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