El robo

Abril 20, 2016 - 12:00 a.m. Por: Anónimo .

Indignante, desolador, inhumano, los calificativos son pocos para el negocio retorcido en el que se convirtió el Programa de Alimentación Escolar en Colombia.La auditoria adelantada por al Contraloría General de la Nación en siete departamentos de la Costa Atlántica no deja dudas de hasta dónde han llegado la corrupción y la manguala entre los prestadores del servicio y quienes hacen las adjudicaciones en las administraciones locales.Los hallazgos hablan solos: contratación directa en la mayoría de municipios; cambio de nombre hasta tres veces de una misma empresa de alimentos debido a las sanciones, e incumplimientos en cuanto a cantidad, tamaño y nutrientes de las raciones así como en las condiciones de higiene.El detrimento se calcula en $12.000 millones y la responsabilidad recae por igual en las alcaldías, gobernaciones y en el Ministerio de Educación, que pierde el control una vez entrega los recursos y se queda con las manos atadas, sin información ni forma de hacerles seguimiento.Así, si no hubiera sido por la valiente profesora del colegio de Aguachica, Cesar, que se atrevió a filmar la farsa, el país no habría conocido las dimensiones de lo que sucede.Y la indiferencia se mantendría sobre un programa que busca darle solución a un problema social tan grave como el de muchos de sus niños que van a estudiar con el estómago vacío y la única comida que reciben es la del colegio. Por ellos, lo que pasa con la Alimentación Escolar no puede ser sólo objeto de denuncias. Lo que se necesita es evitar que se repita.

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