Vuelven las dudas

Vuelven las dudas

Junio 12, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

La falta de credibilidad fue el signo bajo el cual empezó Unasur. Fue un sentimiento surgido por el intento de aprovechar el interés de crear un escenario que una a Suramérica para usarlo como instrumento de división y confrontación entre los seguidores del populismo del Alba y quienes, reconociendo las diferencias que existen con los Estados Unidos, creen que la democracia y el respeto son valores construidos en doscientos años de panamericanismo.

Luego de la calma que produjo la estadía de la ex canciller colombiana María Emma Mejía al frente de la Unión Suramericana de Naciones, Unasur, comienza una nueva era que produce inquietudes. Su sucesor, el venezolano Alí Rodríguez Araque, tendrá que despejar los interrogantes que generan su pasado político y su vinculación con el chavismo radical que gobierna a Venezuela.Desde su inicio, Unasur ha padecido de la desconfianza que genera entre la mayor parte de sus integrantes el inocultable propósito de los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, Alba, de usarla como instrumento de confrontación ideológica. El Continente no olvida la forma en que el presidente Hugo Chávez, gestor, líder y financiador del Alba, y su colega de ideología Rafael Correa, trataron de usar el joven experimento de integración regional para atacar a los Estados Unidos y protagonizar reyertas frecuentes con Colombia por la lucha que nuestro país realizaba contra las Farc durante la presidencia de Álvaro Uribe Vélez.Así, la falta de credibilidad fue el signo bajo el cual empezó Unasur. Fue un sentimiento surgido por el intento de aprovechar el interés de crear un escenario que una a Suramérica para usarlo como instrumento de división y confrontación entre los seguidores del populismo del Alba y quienes, reconociendo las diferencias que existen con los Estados Unidos, creen que la democracia y el respeto son valores construidos en doscientos años de panamericanismo. Tal división trató de ser atenuada con la elección del ex presidente de Argentina, Néstor Kirchner, como su primer Secretario General. Kirchner trató de darle solidez a la entidad y pese al desliz que cometió al estacionarse en Colombia a esperar de las Farc la liberación de Clara Rojas y la frustrada de su hijo Emanuel, empezó por aportar a mejorar las relaciones entre nuestro país y los presidentes de Ecuador y Venezuela. La muerte del ex presidente trajo otra parálisis para Unasur. Fue entonces cuando los miembros de la Unión adoptaron la propuesta del presidente Juan Manuel Santos para superar la nueva dificultad. De allí salieron la división del período que le corresponde al Secretario General y la elección de la ex canciller colombiana. Sin duda, la doctora María Emma realizó un esfuerzo palpable por construir una institución sólida y respetable, basada en el interés por dar vida al escenario neutral que se pretendía al fundar Unasur, alejado de las intenciones de manipularla que mostraron entonces los países alineados con Hugo Chávez. Ahora le corresponde a Rodríguez Araque asumir el mando de Unasur. El ex guerrillero y bastión ideológico de la República Bolivariana de Venezuela tendrá en sus manos la oportunidad y la obligación de consolidar los avances logrados por la doctora Mejía. En los próximos dieciocho meses, el ex ministro de Chávez demostrará si su interés es hacer de la entidad un escenario de integración o si persistirá en los intentos por hacer de ella una agencia igual al Alba para sembrar la discordia e imponer sus ideologías. Lo cual significará la muerte de la Unión Suramericana.

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