Un pacto necesario

Agosto 03, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

El acuerdo refleja la dura negociación que tuvo lugar. Se aprobó subir el techo de la deuda en US $2.5 billones y reducir el déficit en una cifra equivalente durante los próximos diez años. Así mismo, se reducirá el gasto militar pero no se tocarán, por lo menos en el corto plazo, los programas de salud y de seguridad social. En resumen, se logró un objetivo, el de evitar el default y estabilizar la economía. Sin embargo, el comportamiento de los índices en la bolsa de Nueva York indica que el nerviosismo seguirá de manera indefinida.

Al lograr el pacto de Demócratas y Republicanos, la esperada ley que autoriza al Presidente de los Estados Unidos a crecer el de por sí abultado endeudamiento del Gobierno puso fin a la angustia que ese país y el resto del mundo vivió durante varias semanas, causada por la probabilidad cercana de que no pudiera pagar su deuda y entrara en la quiebra que traería tras de sí una crisis de insospechadas dimensiones.Termina así uno de los más álgidos debates que se hayan presentado en la política estadounidense, producto sin duda del forcejeo por las elecciones del próximo año. Fue una batalla que no dejó a nadie contento y, de paso, sirvió para destapar las precarias y difíciles condiciones que atraviesan las finanzas públicas de la Nación más poderosa del mundo. Con ella se hizo presente el desorden que existe en el manejo de la Hacienda, debido al afán de unos por incrementar a como de lugar el gasto y a otros por impedir que se aumenten los ingresos, también a como de lugar. Se demostró entonces que a demócratas y republicanos no les interesaba tanto la obligación de meter en cintura el manejo fiscal de su país, pensando en el bien de sus conciudadanos, como satisfacer a sus electores. Por eso, los unos se empeñaron en ponerle zancadilla al presidente Barack Obama, obligándolo a reducir el gasto y cerrar el escandaloso déficit presupuestal, mientras los otros se dedicaban a demostrar que los republicanos eran insensatos y preferían defender las prerrogativas de una minoría, a permitir que se amplíen los programas de salud y asistencia social de la mayoría.El acuerdo refleja la dura negociación que tuvo lugar. Se aprobó subir el techo de la deuda en US $2.5 billones y reducir el déficit en una cifra equivalente durante los próximos diez años. Así mismo, se reducirá el gasto militar pero no se tocarán, por lo menos en el corto plazo, los programas de salud y de seguridad social. En resumen, se logró un objetivo, el de evitar el default y estabilizar la economía. Sin embargo, el comportamiento de los índices en la bolsa de Nueva York indica que el nerviosismo seguirá de manera indefinida.En medio de semejante agarrón, algunos analistas como el premio nobel Paul Krugman se lamentaban por las concesiones que entregó el presidente, al permitir que se reduzca el gasto público en una de las peores épocas de recesión del coloso norteamericano. Entre otras más, esa razón lleva a Krugman a vaticinar una época aún más grave de desestímulo a la inversión y la consecuente pérdida de empleo y prosperidad.Al otro lado hay quienes reclaman un mayor compromiso político para terminar el desorden en el gasto y poner los pies en la tierra. Al comparar el manejo fiscal con los países del tercer mundo, alguien definió a los Estados Unidos como una “Banana Republic”. Es la manera de describir la insatisfacción que existe en el pueblo estadounidense ante la deplorable y crítica situación de la Hacienda Pública y la manera en que los partidos se trenzan en estériles batallas por imponer sus aspiraciones electorales por encima del interés común de la nación.

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