Un mismo pueblo

Un mismo pueblo

Abril 29, 2018 - 06:55 a.m. Por: Editorial .

Un encuentro cargado de promesas sobre un futuro en paz tuvieron los presidentes de las dos coreas. Las imágenes de Moon Jae In y Kim Jong-un estrechándose las manos, indica que la guerra puede superarse cuando se construye confianza.

Lo ocurrido desde el viernes parece un símbolo de esperanza para convivir en armonía. Lo que era impensable hasta hace poco se produjo: en una reunión fraternal, los presidentes de Corea del Norte y del Sur se comprometieron a firmar la paz y a trabajar por una completa desnuclearización de la Península.

Hay que resaltar que detrás de este gran logro lo que hubo fue un trabajo silencioso y efectivo. Primero la paciencia de Moon para buscar acuerdos, seguido del trabajo laborioso de Xi Jinping, presidente de China, produjeron el desarme del lenguaje bélico y desafiante de Kim y la ejecución de acciones para bajar la tensión. La paciencia y la confianza, dos valores tan profundos en la cultura oriental, lograron una cita impensable hasta no hace mucho.

La cumbre incluyó un compromiso para reducir el arsenal bélico en la frontera común. También lograr una región libre de armas nucleares y la suspensión de cualquier tipo de hostilidades. Hay que recordar que el armisticio que concluyó la guerra en 1953 estaba firmado también por China y Estados Unidos como representante del mando de las Naciones Unidas.

Por lo tanto, el documento que ponga fin formal a la guerra también deberá tener la participación de estos signatarios. Sin embargo, a la luz de los trinos del presidente Trump no parece que se vayan a presentar obstáculos.

Este encuentro llega en un momento especial para Kim. El líder norcoreano sabe que no puede permitirse una crisis como la que padeció su pueblo, una hambruna que dejó miles de muertos. Pero a la vez, que renunciar a ser una amenaza mundial empieza por asegurar un futuro distinto. Él ha demostrado ser sagaz políticamente y de seguro su vivencia por fuera del país le ha permitido entender, a diferencia de su padre y abuelo, que no puede mantener a su nación aislada.

Vientos de confianza soplan ahora en la Península asiática. Se ha dejado atrás el lenguaje de guerra, se acabó el estado de beligerancia y en todo indica que el objetivo principal será la reunificación de una Nación dividida por una guerra sin final y a punto de desatar la temida confrontación nuclear que sólo llevaría a su destrucción mutua e irreversible.

Construir confianza, tener paciencia, dejar atrás el lenguaje de guerra, romper las diferencias y aprender a convivir en medio de discrepancias tan grandes. Qué grandes enseñanzas podría sacar nuestro país del encuentro entre los líderes coreanos que hasta hace poco eran estigmatizados por débil el uno y por totalitarista el otro.

¿Se logrará esa reunificación y la amenaza nuclear será conjurada? Aunque debe existir una dosis necesaria de escepticismo, los presidentes Kim y Moon ya demostraron que el tiempo y la credibilidad permitirán superar la amenaza que hasta hace poco pendía sobre Corea. Por ahora, el mundo aplaude el coraje y la determinación poner el bienestar y la confraternidad de un pueblo por encima de las diferencias.

VER COMENTARIOS
Columnistas