Un año difícil

Un año difícil

Diciembre 25, 2017 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Como todos, el año que está por terminar dejó una serie de certezas y muchas expectativas.

Una de esas certezas es el golpe asestado por la coalición internacional que se creó contra el Estado Islámico. La presión internacional terminó con sus intenciones de constituir el gran califato y aunque su semilla de odio sigue viva, su expulsión de Iraq y Siria es una de las buenas noticias del 2017.

Por los lados de Estados Unidos, el estilo Trump se consolidó con su nacionalismo recalcitrante y su evidente intención de aislar a su país como no había pasado en los últimos 60 años. El desmoronamiento de la imagen del gran país norteamericano ha traído consigo que China hoy se muestre como el garante de la economía globalizada y que en Rusia, Vladimir Putin no oculte sus intenciones expansionistas avalado en buena parte por su relación con el presidente Trump.

Mientras esto sucede, Europa ha aceptado que hoy está sola y que ya Estados Unidos no es el aliado confiable de antes. Las críticas de Donald Trump a la Otan y su desaprobación de los convenios ambientales en los que se tardó años para conseguir consensos, han abierto grandes fisuras en las relaciones entre quienes representan la idea de Occidente. Hoy, el Viejo Continente intenta construir consensos con Macron en Francia y Merkel en Alemania, e intenta hilvanar una respuesta adecuada a su otrora gran aliado.

Como los malos ejemplos se propagan, la crisis en Cataluña mostró cómo se puede exacerbar fácilmente el nacionalismo. Si algo quedó claro para los españoles es que las construcciones de siglos se pueden poner a tambalear cuando políticos oportunistas aprovechan las circunstancias para sus propios fines.

Mientras tanto en Asia el desafío que ha planteado Corea del Norte a la comunidad internacional no ha sido resuelto. Al tiempo que su régimen muestra los dientes y se amenazan mutuamente con el presidente de los Estados Unidos, preocupa un escenario de posible confrontación nuclear que aterroriza al mundo. Todos esperan que China, avenido en componedor y adalid de los tratados de libre comercio, sea el que se encargue de apaciguar los ánimos.

Y Venezuela se hunde en la crisis, con un dictador que se aferra a un sistema corrompido y una oposición fraccionada inferior a las necesidades de su pueblo. Acosados por el hambre, sin acceso a medicinas y en una diáspora sin antecedentes, los venezolanos se encaminan a una tragedia humanitaria a pesar de tener las más grandes reservas de petróleo del mundo.

La desgracia en América Latina fue la corrupción de Odebrecht que se regó por Venezuela, Ecuador, Perú, Brasil y Colombia, o Panamá. Las revelaciones periodísticas y las investigaciones judiciales dejaron presidentes tambaleantes, movimientos políticos al descubierto y cuestionamientos a dirigentes que antes eran adalides de la moral. Todo un entramado de coimas del que no se salvaron ni los que se hacen llamar de derecha o de izquierda.

Y no se viene fácil la mano para el 2018 en materia ambiental. Lo único cierto es el cambio climático que golpea a muchas naciones, aunque la humanidad lo toma como algo pasajero.

VER COMENTARIOS
Columnistas