Un alto costo

Diciembre 17, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Que la temperatura no suba más de dos grados centígrados en los próximos años no es un embeleco ambientalista; es que si el calentamiento se incrementa los niveles de los mares suben, se forman tormentas más poderosas, los suelos se secan, las lluvias aumentan y la tierra se desliza con mayor facilidad".

Después de ocurridos, los desastres naturales se transforman en una cadena que van más allá de la destrucción que dejan. Pobreza, desplazamientos forzados y unos costos cada vez más altos hacen parte de las secuelas duraderas que producen terremotos, huracanes o deslizamientos.Comparado con otros años en este 2016 se presentaron menos fenómenos naturales, pero por su magnitud los costos para la humanidad fueron mayores. Y ningún continente se salvó. Sismos se sintieron desde la Patagonia hasta las costas californianas en Estados Unidos; poblaciones milenarias quedaron destruidas en el centro de Italia e Indonesia se enfrentó por igual a la fuerza de los movimientos telúricos y a las amenazas de los tsunamis que los suceden.Haití fue de nuevo la mayor víctima de los huracanes en el Caribe. Mathew dejó al menos mil muertos a su paso por esa nación cuando aún no termina de recuperarse de los daños del terremoto de hace seis años. Los ciclones estuvieron a la orden del día en los mares asiáticos mientras diferentes incendios devoraron miles de hectáreas de bosques en los países norteamericanos.Colombia pasó de la peor sequía en décadas, a contar este final de año medio centenar de víctimas mortales por causa de las inundaciones y deslizamientos ocasionados por las lluvias. Cali puso seis de esos muertos en un solo día, cuando en apenas 60 minutos cayó más agua sobre la ciudad que el tope previsible para 24 horas. La lista de esos desastres naturales puede llenar más páginas, porque aunque sean menos en cantidad su fuerza y poder de su destrucción han crecido en proporción directa con el cambio climático.Ya se ha dicho que los fenómenos naturales son en su mayoría impredecibles y muchos responden a un planeta que está en permanente evolución, como cualquier organismo vivo. Pero no es menos verdad que su recurrencia y potencia actuales así como la proyección de una devastación mayor a futuro están en relación con los daños ambientales que se le han causado a la Tierra y al calentamiento al que se le ha sometido.Si el año anterior las pérdidas costaron US$94.000 millones, en este 2016 ascienden a US$148.000 millones. El costo más alto es siempre el social: el impacto sobre la población de menores recursos eleva los niveles de pobreza, tanto que 26 millones de personas entraron en ese rango este año por efecto de las catástrofes de la naturaleza. Otras 23 millones de personas sufren desplazamientos forzosos cada año porque sus hogares o pueblos quedan destruidos.Aunque los fenómenos naturales no se pueden evitar, sí se necesita más que lamentos o firmas de protocolos que no pasan del papel. Que la temperatura no suba más de dos grados centígrados en los próximos años no es un embeleco ambientalista; es que si el calentamiento se incrementa los niveles de los mares suben, se forman tormentas más poderosas, los suelos se secan, las lluvias aumentan y la tierra se desliza con mayor facilidad.Por más impredecibles e inevitables que sean, en manos de la humanidad está reducir sus efectos devastadores y proteger a la población más vulnerable.

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