Turquía, democracia o venganza

Julio 18, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Todo ello, junto a la persecución sin cuartel a la prensa libre, hace de Erdogan un hombre cuestionado por su carácter absolutista, así la población se haya movilizado para impedir el golpe militar. En el manejo a la crisis sucesiva al intento de golpe está su futuro y el de Turquía. Es ahí donde se podrá ver si es capaz de superar los personalismos, los rencores y los dogmatismos.

El pueblo turco defendió su democracia, endeble y cuestionada pero democracia, al fin y al cabo. Y el intento golpista, el quinto en los últimos cien años, terminó en el fracaso, aunque con al menos 265 personas muertas, 1.100 heridos y miles de detenidos.Los militares que ensayaron el golpe habrán aprendido la lección de que no se puede tratar de imponer la fuerza cuando se está en minoría y no se cuenta con el apoyo popular. Ahora a ellos, y a los eventuales inspiradores, entre quienes se encuentra el influyente predicador Fethullah Gülen, les esperan los tribunales. Los detenidos, entre miembros de las fuerzas militares y jueces, superan ya los cinco mil, mientras que Gülen, exiliado en los Estados Unidos, responde con una condena pública al fracasado asalto al poder. Condena que si alguien pone en duda es el presidente Recep Tayyip Erdogan, el promotor de la Shaira en Turquía, quien ha visto convertir a su mentor en enemigo hasta el punto de ver su sombra tras la conspiración.Erdogan reclama la victoria. Y no podía ser de otra manera. Su llamado a los ciudadanos para que se volcaran a las calles para frenar a los golpistas, resultó efectivo. Sólo que el presidente ha ganado un round más no la pelea, porque parece haber cerrado apenas uno de los tantos frentes que mantiene abiertos. El primero de esos líos lo protagoniza él mismo. Su inocultable ambición de quedarse en el poder por largo tiempo empieza por el afán de establecer en Turquía un sistema presidencialista. Para ello impulsa una ley que le permitiría inhabilitar diputados de la oposición sujetos de investigación y sin derecho a ser reemplazados, lo cual le dan las mayorías en el parlamento que le permitan eternizarse al mando del Estado.El problema kurdo es otra batalla. La minoría étnica que lucha por tener su propio Estado, reúne a 20 millones de personas que suman hasta ser poco más que un cuarto de la población turca. Más aún si el fracaso del proceso de paz emprendido con ellos converge con factores de conflicto que confluyen en las complejas fronteras.En una de ellas, los refugiados de Siria, más de dos millones, son apenas una parte de otro conflicto. Erdogan ha jugado a varias bandas en la cuestión del vecino y una de ellas, la de su tibieza inicial frente a los yihadistas ya comenzó a costarle caro, como lo ratifican los recientes atentados en Estambul. La otra carambola, la de plegarse a la lucha aliada contra los fundamentalistas tampoco le ha tributado toda la confianza que quisiera de parte de la Unión Europea y la administración Obama, entre otros.Todo ello, junto a la persecución sin cuartel a la prensa libre, hace de Erdogan un hombre cuestionado por su carácter absolutista, así la población se haya movilizado para impedir el golpe militar. En el manejo a la crisis sucesiva al intento de golpe está su futuro y el de Turquía. Es ahí donde se podrá ver si es capaz de superar los personalismos, los rencores y los dogmatismos.En medio de los conflictos que vive Turquía, el fracasado golpe de Estado puede ser la oportunidad para convocar al cambio con democracia. O para la venganza.

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