Todos perdieron

Octubre 18, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Por increíble que parezca, una de las más antiguas y sólidas democracias del mundo estuvo a punto de vivir una catástrofe nacida de diferencias políticas menores. Y de la capacidad que posee una minoría del Partido Republicano, el grupo denominado Tea Party, para bloquear la actividad del Gobierno Federal, así como para amenazar al resto del mundo con que su país entrara en cesación de pagos".

Respondiendo por fin a los reclamos por bloquear la capacidad de acción del gobierno de su país, la mayoría de los legisladores republicanos dieron marcha atrás, permitiendo que se disperse por ahora la amenaza de una enorme crisis en la economía de los Estados Unidos y de paso, del resto del mundo. Noticia que alivia la presión, pero que no significa que el peligro haya desaparecido de manera definitiva.Por increíble que parezca, una de las más antiguas y sólidas democracias del mundo estuvo a punto de vivir una catástrofe nacida de diferencias políticas menores. Y de la capacidad que posee una minoría del Partido Republicano, el grupo denominado Tea Party, para bloquear la actividad del Gobierno Federal, así como para amenazar al resto del mundo con que su país entrara en cesación de pagos. Fue un desafío infortunado de un grupo político a esa democracia que siempre ha sido capaz de anteponer el interés de su nación a las ambiciones partidistas y los prejuicios ideológicos. Pues esta vez, lo que ocurrió fue precisamente el uso de la capacidad de detener el funcionamiento del Estado para presionar concesiones como el desmonte de la ley de salud pública aprobada por el Congreso, o el bloqueo a la ley de inmigrantes que hace tránsito. Más que un ejercicio democrático sobre algo vital para la marcha del país y sus instituciones como son el presupuesto anual y la capacidad de endeudamiento para cumplir las funciones y honrar los compromisos, fue una apuesta riesgosa para los Estados Unidos y todos sus acreedores. Tan grave amenaza tuvo el desenlace que reclamaba la sensatez: el Partido Republicano dio marcha atrás sin lograr nada de lo que exigía. Y la opinión pública empezó a pasarle la cuenta de cobro por lo que tuvo siempre el aspecto de una extorsión, aprovechando la debilidad de un Estado endeudado hasta límites insospechados, el reclamo de cientos de miles de servidores públicos que quedaron cesantes y el nerviosismo de los acreedores que en todo el planeta empezaron a mandar mensajes de alerta sobre el desastre que desencadenaría la incapacidad del Tesoro de la nación más poderosa y más endeudada para honrar sus obligaciones. Sin embargo, la solución no es definitiva y aunque el acuerdo logrado produce alivio, el desenlace ha sido desplazado hasta febrero del 2014. Por supuesto, los comentarios irónicos abundan y los llamados del presidente Barack Obama a un “nuevo espíritu de cooperación” entre demócratas y republicanos que impida “el debilitamiento del gobierno como institución”, parecen caer en el escepticismo de quienes conocen el deterioro que en Estados Unidos padece el concepto según el cual los intereses nacionales deben ponerse por encima de las ambiciones partidistas o de grupo. Por todas esas razones, hoy es difícil establecer quién ganó en el forcejeo que durante 16 días vivió la nación norteamericana. Lo que sí parece claro es que todos, empezando por el Partido Republicano e incluida la imagen de la democracia más fuerte del mundo, perdieron en la estéril disputa que no terminó si no que se aplazó hasta el próximo febrero.

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